Aislamientos Lorca

Heroínas anónimas

Por Dolores Ibarra

Hace pocos meses, Patricia Ortega se convirtió en la primera mujer en alcanzar el rango de general de las Fuerzas Armadas en la historia de España. Todo un logro y un ejemplo para todas las mujeres que luchan por la igualdad de género, que, poco a poco, aunque muy lentamente, van accediendo a los puestos que siempre habían estado ocupados por los hombres. En 1981, Soledad Becerril fue nombrada ministra, la primera de la democracia española. La primera alcaldesa fue Mª del Pilar Pulgar, en Palos de la Frontera en 1975, y Josefina Triguero la primera jueza en acceder a los tribunales de justicia en 1978.
Hay muchas más mujeres reconocidas socialmente por sus altos cargos que son consideradas heroínas, por el enorme esfuerzo y el tiempo que les ha costado acceder a esos puestos, que siempre se han considerado eminentemente masculinos.
Pero hay otras mujeres, que son las que yo llamo heroínas anónimas, que nadie conoce y que pasan desapercibidas. Ellas piensan que no son importantes, que su trabajo, aunque lo hayan ejercido siempre los hombres, no merece ninguna consideración, porque lo hacen por necesidad, sin ninguna notoriedad. Pero están equivocadas, son tan importantes como las otras, desde aquí mi gran admiración hacia ellas. A Concepción Rodríguez, primera mujer minera, que todas las mañanas bajaba a trabajar en las minas de carbón en Asturias. Nieta, hija y hermana de mineros, con su marido enfermo e hijos, tenía que sacar su casa adelante. Celia Rivas, la primera camionera era gallega. Con sólo 20 años en 1932, cuando muy pocos hombres conducían, se sacó el carnet de conducir, y se puso al frente del negocio familiar al fallecer su padre, conduciendo un camión. Eli Arrillaga, de Guipúzcoa, cuando tenía 25 años, su marido que era pastor falleció y se quedó sola con su hija pequeña, se hizo cargo del rebaño de más de trescientas ovejas. A las cinco de la mañana comenzaba su jornada por los montes en invierno y en verano. Hasta entonces, las pastoras eran las mujeres del pastor, nadie creía que ella sola llevara el rebaño, ordeñara a las ovejas e hiciera los quesos que luego vendía. Enseñaba sus manos agrietadas para que la creyeran. Y, por último, mi admiración a Rosa Bonet, primera árbitro en España, con 16 años en 1979 se puso a arbitrar partidos de futbol. Le pusieron todo tipo de trabas e inconvenientes, le dijeron que desistiera de su actitud por el peligro que corría su vida y su integridad con los improperios, insultos y amenazas que le proferían por su condición de mujer. En este ámbito no se ha adelantado mucho, las árbitros en la actualidad, tienen que soportar todo tipo de frases violentas machistas, con una agresividad desmedida. Deberían ser juzgados y sancionados todos los individuos que amenazan a estas jóvenes con violarlas, como le ha sucedido a una joven árbitro en Fuerteventura, hace pocos días. No se puede permitir ese tipo de atropellos a las mujeres en pleno siglo XXI.
Eduquemos en valores y en respeto. A la igualdad de género todavía le queda mucho recorrido para que algún día sea realmente efectiva.

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