Un carnavalero inolvidable, “El popeye”

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Francisco Ruiz Carmona, tu pueblo no te olvida. La lluvia, ese acontecimiento hostil en Carnaval que tanta falta hace durante todo el año y que sólo viene a visitar a los aguileños llegada la Gran Fiesta.

El agua, elemento esencial para la vida que este año ha estado tan presente, sin prisa pero sin pausa, sin hacer mucho ruido ni daño pero adornando, con un halo de chirimiri, todos los grandes eventos que conforman el Carnaval de Águilas.
Así has estado presente tú este Carnaval, Francisco Ruiz Carmona, el “Popeye”, como tantas veces: de un modo casual, sin grandes alardeos pero indispensable.
Muchos son los aguileños que se han acordado sin querer de tu figura, de tus billetes, de tu alegría, de tu inocencia.
Tu grito de “Aguaaaa” ha quedado mudo de nuevo, por segundo año consecutivo, pero las cuatro gotas de lluvia diaria han dejado constancia de que no has abandonado tu fiesta predilecta. Por el cielo andabas observando, con tu peluca de rizos y tu pintalabios rojo, la que se estaba montando en tu Águillas natal.
No te vas de la memoria de tu pueblo que es sabedor de cuánto te hubiera gustado conocer lo que ha crecido esta fiesta que tú tanto querías.
Porque fueron las máscaras como tú las que hicieron grande el Carnaval de Águilas, saliendo a la calle cuando no se podía, echándole ganas, plantándole cara. Aguileños que, al igual que tú, no daban mucha importancia al atuendo, sino al modo de interpretarlo.
Maestro de maestros de la máscara aguileña; Capitán del anual desfile de Comparsas; Mentor de hombres con falda en febrero; Embajador del Carnaval primigenio en el siglo XXI.
“El Popeye”, siempre en busca de una carcajada sincera, cuanto más anónima mejor.
A fuerza de ganarte a la gente con tu autenticidad te fuiste haciendo indispensable. Ya nadie ha vuelto a abrir ese pasacalles como tú lo has hecho tantos años.
Y aunque es triste tu ausencia, todos te recuerdan como merece tu memoria: con una sonrisa en la boca.
Porque hay pocas personas que puedan presumir de haber hecho sonreír a un pueblo entero y Francisco Ruiz Carmona lo hacía todos los años.
Es tan grande tu vacío que este Carnaval agradecido debería ir pensando ponerle a un premio carnavalero tu nombre.
Porque debería ser un honor que un día la Federación de Peñas le diera un “Popeye” a todos esos que luchan por no dejar que el Carnaval de este pueblo se convierta en otra cosa que lo que de verdad lo hizo grande: la ilusión de los carnavaleros.
Ese empeño por guardar el secreto del traje hasta el último día, de salir a la calle a que la gente adivine la temática del disfraz. Eso que se siente cuando se baja la Puerta de Lorca.
Vivir el sueño de ser un rato quién uno quiere, sin dar cuentas a nadie…Francisco Ruiz Carmona, tu pueblo no te olvida

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