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De las confusiones del arte

En este artículo era mi intención hacer una reflexión sobre el “misterio de la mochila”, un enigma que tan de moda ha puesto el periódico El Mundo tras sus apasionantes investigaciones sobre el 11 de marzo, sumidas en un leit motiv que busca la cabeza del actual presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sino lo hace antes el estatuto de Cataluña.

Y es que, tras hojear las páginas del periódico de Pedro J., no dejo de sorprenderme de las numerosas contradicciones que están surgiendo entre el PSOE y el principal grupo de la oposición. Claro está, dos años después nadie duda que hay demasiadas lagunas que aún están por desvelar.

Aquí en mi pueblo, Águilas, también hemos asistido a un toma y daca similar, aunque aquí la mochila está repleta de ladrillos e informes varios. Me refiero al asunto de La Zerrichera. La recalificación de la finca -propiedad del Grupo Hispania, y cuyo expediente está actualmente en el Tribunal Anticorrupción- ha desatado la furia de los ecologistas de todo el Levante y sesgado la cabeza a un concejal popular, mientras que los demás han perdido buena parte del crédito de la ciudadanía. Pero lo más lamentable no es la imagen de los políticos, unos irán y otros vendrán, sino la que se ha dado de Águilas, tanto a nivel regional como nacional, con continuos artículos en El País y en los principales diarios regionales, así como reportajes en Televisión Española y en la tele de Polanco, Quatro.

Dicen los entendidos, que sobre ambos temas sólo se ha escrito el primer capítulo y que la polémica está aún por llegar. Yo, por mi parte, tanto en la mochila del 11-M como en la del ladrillo no soy quien para hacer valoraciones, así que hablaré de otros misterios menos terrenales y, sobre todo más culturales…

Me hubiera gustado haber nacido artista en el siglo XVI, donde sí se daban verdaderos enigmas, como el de La Gioconda de da Vinci. Sobre esta pintura han surgido innumerables leyendas, las cuales principalmente versan sobre la identidad de la joven dama, del porqué de su media sonrisa, del gesto de las manos o la capacidad hipnótica de su mirada.

Y es que, el retrato no deja de ser una burla, ya que dependiendo de la perspectiva en la que lo observemos, la imagen muestra un gesto burlón, risueño, enfadado…. En este sentido, y si realizamos una sucinta reflexión, esta es la magia de la pintura: la Gioconda nos muestra el estado de ánimo que encontramos en cada uno de nosotros, al tiempo que lo más relevante del cuadro no deja de ser la falta de expresión en el rostro de la más admirada inquilina del Museo Louvre.

Sin duda, son muchas las rarezas de una obra que, a pesar de tener más de 500 años, sigue estando de moda. Entre ellas, quizás tengamos que destacar que la pintura no está firmada, mientras el apelativo de Monna Lisa procede de la identidad de la retratada, Lisa, y de la abreviatura de madonna, monna, señora en italiano.

Pero, cómo no, de nuevo es la identidad de la la joven florentina la que más interés siempre ha despertado entre los estudiosos. Tal vez Leonardo sólo quiso pintar a la mujer ideal, hay quien dice que a su madre; otros se atreven a decir que se trata de un autorretrato basándose en los rasgos andróginos del rostro. Y tampoco han faltado análisis de su media sonrisa. Sobre esto escribió en 1992 J.E. Borkowski explicando que el gesto de la Gioconda es similar al de las personas que han perdido sus incisivos…

En fin, tal vez algún día podamos saber quien fue esta dama, tal vez algún día las mochilas de las que hablaba al principio del artículo sean más transparentes y dejen de confundir a los ciudadanos.

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