Artículo de Opinión: Un concierto especial: alegría y recogimiento

Concierto dia 11 Marzo

Por Francisco José Montalbán Rodríguez

En el concierto ofrecido el pasado viernes 11 de marzo por la Asociación Promúsica Águilas pudimos disfrutar de dos platos tan apetecibles como diversos. La primera parte se basó únicamente en el Concierto para flauta, arpa y orquesta en Do mayor K299 de Wolfgang Amadeus Mozart, nuestro adorado niño genial.

Una vez más, desde los primeros compases el maestro salzburgués adelanta la propuesta sonora con un delicado intercambio de frases entre la flauta travesera y el arpa. Los dedos del arpista semejan sendos bailarines que caminan por las paredes etéreas y verticales de las cuerdas. Por momentos, incluso, se diría que juegan al escondite a través de un espejo, un grandioso espejo mural como el de las academias de danza. Sonoridad y elegancia acompañan las notas del arpa, aristocracia añeja se desliza por la decorada y barroca estructura del instrumento, apuntes decorativos dorados que nos retrotraen a épocas donde brilló con galanura sobre otros instrumentos más plebeyos.
La flauta da voz a los ruiseñores y nos recuerda, en algunos pasajes, al alegre Papageno de La flauta mágica. Durante el Allegro intuimos un amoroso paseo del ruiseñor a la vera de un arroyo cristalino y recién nacido en las cumbres nevadas. Por momentos el agua inquieta busca senderos por donde fluir y el ruiseñor se queda atrás, mientras que otras veces el ave canora espera plácidamente posada en la rama de un abedul la llegada del arroyo. En el Andantino una frase se repite bucólicamente por medio de un diálogo luminoso entre arpa y flauta, un tiempo reposado y de un tono casi elegíaco que nos sugiere la añoranza de un tiempo ya ido, que fue feliz y pleno de vida.
Durante el Rondó, la danza ofrece un magnífico momento para que el virtuosismo del arpista y del flautista salgan a la luz y nos muestren una música muy armónica y plena de felicidad. Nuestra enhorabuena más sincera para José Antonio Domené ( arpa ) y para Mariano Bas ( flauta ).
La segunda parte la ocupó íntegramente el Réquiem en Re menor Op. 48 de Gabriel Fauré un canto fúnebre algo atípico puesto que se ofrece una luz de esperanza frente a la oscuridad del descanso eterno. Ciertamente, se distancia bastante de otros réquiems conocidos como el de Mozart o el de Verdi, más oscuros, más dirigidos a buscar el recogimiento personal y la oración de los que acompañan el último adiós de un difunto. El coro formado por el Orfeón Voces Crevillentinas interpretó las partes corales con gran perfección y un gran sentido de los textos cantados. También estuvo magnífico el barítono José Antonio Cecilia en sus papeles. Mención aparte merece nuestra soprano local, Teresa Cañas, que envolvió su interpretación de una considerable emotividad, brillando especialmente en los pianos y pianissimos, en medio de cuya delicada belleza se expresaba el susurro enamorado de quien se despide de un ser querido.
Sobre la Orquesta Sinfónica Ciudad de Elche y sobre su director, Leonardo Martínez, no podemos hacer otra cosa que agradecer, una vez más, el especial cariño con el que tratan al público de Águilas por medio de sus cuidados repertorios y la brillante actuación de sus profesores. Y expresar nuestra gratitud a Promúsica Águilas por haber incluido en esta temporada de abono al menos dos ocasiones para disfrutar de la belleza de las voces humanas, con este Réquiem de Fauré y con la Gran Gala Lírica del 15 de Julio.

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