Babilonia
Los restos de la ciudad de Babilonia, una de las más fascinantes de la antigüedad, se alzan a escasos ochenta kilómetros de Bagdad. Infinidad de mitos e interpretaciones se relacionan con la que fue llamada en la Biblia “la gran ramera”, simbolizando el pecado y la desobediencia a Dios. De hecho, el nombre de Babilonia significa “la puerta de los dioses”, reflejando así la idolatría de quienes la construyeron y por qué se convirtió en la más famosa y magnífica de todas las ciudades estado que nacieron y murieron en la antigua Mesopotamia. Babilonia no fue solamente una ciudad entre las más importantes y hermosas en toda la historia, sino que también fue una cultura, una civilización, un sistema de gobierno y una religión, todas ellas inseparables. Su impacto fue tan marcado en todo el mundo, que muchos países adoptaron algo de ella, y otros reyes lucharon para conquistarla y pusieron su capital allí. Era el lugar más eminente de poderío y riqueza sobre la faz de la tierra. Era por ello que la soberbia, el orgullo y la vanidad reinaban allí. Su influencia ha llegado a todo el mundo y todas las culturas han tomado parte de ella.
Según el relato bíblico, Babilonia fue construida después de la confusión de las lenguas durante el tiempo que Babel estaba en construcción. Cush, el padre de Nimrod también fue rebelde como su hijo y tuvo parte en esa ciudad. Después que murió Cush, su esposa Semiramis llegó a ser la mujer de su propio hijo Nimrod. Con este pecado de incesto mostraron la desvergüenza que ambos tenían. De hecho, el nombre de Nimrod significa Rebelión e impiedad. Muchos han dicho de él: que ni temía a Dios ni al hombre. La Reina se proclamó a sí misma como diosa; Semiramis fue la primera persona en la historia mundial que se erigió en diosa, y pronto aparecieron imágenes suyas con su hijo en los brazos. Ella ayudó mucho a Nimrod en las construcciones de la nueva ciudad. Al tiempo, Nimrod murió de repente y muy violentamente, como había muerto su padre Cush. En lugar de lamentar su muerte, ella se proclamó “La Reina del Cielo” y tuvo otro hijo al que llamó con el mismo nombre, diciendo que se trataba de Nimrod que se había reencarnado.
Toda esta historia se sitúa en la misma época, o un poco después, de la construcción de la Torre de Babel. El relato es conocido por todos; los hombres comenzaron a edificar una torre que llegara hasta el cielo y Dios ofendido confundió sus lenguas. De ese modo cada cual buscó al que hablaba como él y fueron dispersados, creándose diferentes pueblos.
En todas las ciudades que a causa de esto levantó Nimrod la gente cazaba animales feroces para alimentarse, y plantaban trigo y otros granos para su sustento. Tuvieron una forma de gobierno muy desarrollado. Los ingenieros de aquél tiempo hicieron obras magníficas, cuyos restos han perdurado hasta nuestros días.
Se puede saber de esta cultura por medio de los hallazgos arqueólogos que iniciaron Niebuhr, Rich y Rassam. Sin embargo, fue Robert Koldewey y sus trabajadores entre los años 1899 y 1913 quienes encontraron lo que había quedado de esa ciudad en la fértil llanura de Sinar. Los hallazgos concretaron que la construcción de babilonia finalizó durante el reinado de Nabucodonosor, entre el 604 y el 562 a.C.
Según las excavaciones, Babilonia llegó a cubrir una superficie de 850 hectáreas, cifra que la convertía en la ciudad más grande de la región. Sus calles o avenidas cruzaban de un lado hasta el otro lado de la ciudad, donde habían muchas casas y apartamentos muy lujosos, con jardines muy extensos. A la vez, Babilonia contaba con 250 torres sobre la muralla, con cuartos especiales para los soldados que la cuidaban. Había un túnel por debajo del río con quince pies de ancho y doce pies de alto, muy bien protegido.
Contaba con una doble serie de inmensas murallas. La exterior protegía los suburbios y comprendía unos espacios abiertos para albergar a los habitantes de la región en caso de peligro. La interior rodeaba la ciudad, que llegó a dar cobijo a unas 80.000 personas. Los muros alrededor de la parte principal de la ciudad medían unas sesenta millas de circunferencia, ochenta pies de ancho y trescientos pies de alto. Se dice que podían correr por lo menos cuatro carros con sus caballos al mismo tiempo, por la parte superior de sus murallas, que formaban un cuadrado y tenían veinticinco puertas de bronce fundido en cada lado. Entre éstas, sobresalía la Puerta de Ishtar, por debajo de la cual pasaba la Vía de las Procesiones, principal arteria de la ciudad.
Fue bajo el gobierno del rey Nabucodonosor II cuando Babilonia se convirtió en una de las ciudades más espléndidas del mundo antiguo. Nabucodonosor ordenó la completa reconstrucción de las tierras imperiales, incluyendo la reconstrucción de los jardines colgantes de Babilonia, de los cuales se dice que fueron construidos para su nostálgica esposa Amyitis.
Dice la leyenda que “Hace muchísimos años, en las lejanas tierras de Babilonia vivía un rey llamado Nabucodonosor. Se casó con una hermosa princesa extranjera y la llevó a la capital de su reino, Babilonia. Como la nueva reina sentía nostalgia de las montañas y jardines de su tierra natal, el rey juntó a sus arquitectos y artesanos para trazar los planos de los jardines más hermosos que el mundo hubiera visto jamás. Se iniciaron los trabajos. Los hombres del rey construyeron grandes muros y terrazas y en ellas pusieron flores, árboles frutales y fuentes. La construccion de los jardines no fue fácil. Al carecer de máquinas, los hombres tenían que transportar por sí mismos rocas y piedras para construir los muros y terrazas. Para conservar el verdor de los jardines y mantener las fuentes, tenían que llevar el agua desde el río”.
Considerados una de las siete maravillas del mundo antiguo, los jardines colgantes supuestamente fueron construidos sobre un grandísimo baluarte artificial de unos sesenta y cinco pies de alto y unos cuatro cientos pies de superficie, que había sido hecho de tal manera que los arcos de ladrillo cocido se sostenían unos sobre otros. La parte superior estaba llena de árboles frondosos y hermosas flores con un aspecto tan precioso que le daba la impresión que uno estaba en ‘El Paraíso’. Por debajo de los arcos se encontraban lujosos apartamentos que eran designados para el lugar de placer del Palacio de Nabucodonosor y sus gentes oficiales.
Todos estos árboles y flores se regaban por medio de una reserva de agua por la parte de arriba, con un sistema construido por sus ingenieros con bombas hidráulicas que estaban escondidas en el baluarte y por medio de las cuales subía el agua para el riego desde el río Éufrates. Este río separaba la urbe en dos partes, unidas por un puente de piedra de 120 metros de longitud. En Irak, los arqueólogos han encontrado pozos vacios, fosas y sótanos que debieron formar parte de esos jardines colgantes de Babilonia. La palabra “colgantes” confunde ya que los jardines no “colgaban”. Esta palabra proviene del latín y significa balcón y terraza.
Sin embargo, la existencia de los jardines es un tema de disputa. A pesar de que las excavaciones del arqueólogo alemán Robert Koldewey hacen pensar en la veracidad de la historia, muchos historiadores están en desacuerdo sobre la localización y algunos creen que pueden haber sido confundidos con jardines de Nínive.
Después de pasar varias vicisitudes la ciudad fue ocupada en el 538 adC por Ciro el Grande, rey de Persia, quién publicó un decreto permitiendo que los judíos volvieran a su propia tierra. Bajo Ciro, y su heredero Darío I el Grande, Babilonia se convirtió en un centro de aprendizaje y avance científico. Los eruditos babilonios completaron mapas de constelaciones, y crearon los fundamentos de la astronomía y matemáticas modernas. Sin embargo, bajo el reino de Darío III , Babilonia empezó a estancarse.Tras casi dos mil años de existencia y varias destrucciones, durante los últimos siglos anteriores a la era cristiana, Babilonia cayó en un abandono progresivo, pero su recuerdo permaneció imborrable desde aquel entonces.
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