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Otra vez el ridículo

Hace ya varios años que España no remonta en el Festival de Eurovisión. Atrás quedaron otras épocas donde Massiel, Salomé, Julio Iglesias, Karina, Mocedades, Betty Missiego, Sergio Dalma y Anabel Conde dejaban el pabellón español en un digno lugar. El Festival era una especie de aglutinador de la familia y ese día, bocadillo en mano, todos se sentaban delante del televisor para animar a una España olvidada en Europa y que pensaba más en salir de la crisis económica y política en la que se veía inmersa.

El interés por el Festival fue decayendo año tras año, a consecuencia también de los resultados obtenidos por nuestros representantes que recibían las críticas de los ciudadanos por presentarse con temas o muy folclóricos o nada comerciales. Algunos intérpretes de renombre veían como sus carreras languidecían a causa del Festival y otros aguantaban el temporal como mucha paciencia y calidad. Los tres últimos concursantes, D’Nash, Las Ketchup y Son de Sol cosecharon derrotas nunca vistas y esto animó a RTVE a democratizar la elección mediante una sistema a través de Internet y de votaciones de los telespectadores en el último programa.

La cara del incombustible José Luis Uribarri, alma del Festival durante toda su historia, al ver el triunfo de un actor con una canción sin calidad era todo un poema. Rodolfo Chikilicuatre con su interpretación de “Baila el Chiki Chiki” va a representar a España en Belgrado y mucho me temo que el ridículo va a ser espantoso. Quisiera equivocarme, pero más bien creo que la audiencia ha votado este esperpento como rechazo a un concurso que año tras año demuestra un interés mínimo por la calidad de las canciones presentadas.

Ya el año pasado se produjo una situación que no era nueva, pero que aún pudo ser vista con más detalle. A nadie se le escapa que el sistema de votación promueve las afinidades lingüísticas, geográficas o amistosas y Serbia ganó, incomprensiblemente, gracias al voto de los países limítrofes y con los que había formado Yugoslavia.

Algunos de ellos incluso estuvieron en guerra con Serbia y aún así obtuvieron el deseado voto que les llevó al primer puesto. Otros casos parecidos son los de los votos de Alemania a Turquía, los de Portugal a España y viceversa, los de los países nórdicos entre ellos y más actualmente los de Letonia, Lituania y Estonia hacia Rusia, Ucrania, Bielorrusia y otros estados fronterizos.

Así pues, la calidad de la canción, la puesta en escena, el o la cantante quedan en segundo término y los concursantes y los telespectadores forman parte de una farsa que dura ya varios años y que nuestro representante va a acabar de rematar. Los artistas con un cierto caché huyen desesperadamente de este concurso porque saben que no les va ayudar para nada en su carrera profesional, más bien al contrario puede hundir para siempre sus expectativas de triunfo. Por eso más que nunca “Baila el Chiki Chiki” es una canción protesta, un “algo-hay-que-presentar” y “vamos-a-reírnos-un-poco”. Quien está haciendo su agosto es el representante de este actor mediático que es “Chikilicuatre”: politonos, marchandasing, peluches, pegatinas… Hasta un concejal de Illueca, en Zaragoza, ha propuesto bautizar una calle como “La calle del Chiki Chiki”.

La factoría de Buenafuente ha hecho una apuesta arriesgada y ha ganado. Otra cosa diferente es que sea también ganadora del Festival de Eurovisión.

Aunque, visto desde otro prisma, nunca seguramente este concurso había despertado tanto interés. Será por el morbo o por ver la reacción europea, mucho me temo que los índices de audiencia se dispararán en España. Allí estaremos, delante de nuestra pantalla, el sábado 24 de mayo, unos con cara de vergüenza y otros disfrutando de la payasada, aunque en nuestro interior deseemos que de una vez por todas alguien ponga orden en este asunto y el circo anual se convierta en un espectáculo donde prime el buen gusto musical. Quizás eso solamente se consiga con un buen jurado alejado de las órbitas nacionales y con buenos conocimientos en este ámbito. Hasta entonces y a pesar de las críticas, deseemos buena suerte a nuestro representante y quién sabe, si el mundo entero bailó la “Macarena” quizás ahora triunfe el “Chiki Chiki”.

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