Imagen de una estrella
Según los científicos, el Sol se formó hace 4.500 millones de años y tiene combustible para 5.000 millones más. Después, comenzará a hacerse más y más grande, hasta convertirse en una gigante roja. Finalmente, se hundirá por su propio peso y se convertirá en una enana blanca, que puede tardar un trillón de años en enfriarse. Sólo vemos la capa exterior. Se llama fotosfera y tiene una temperatura de unos 6.000 ºC, con zonas más frías (4.000 ºC) que llamamos manchas solares.
La energía solar se crea en el interior del Sol, donde la temperatura llega a los 15 millones de grados, con una presión altísima, que provoca reacciones nucleares. Se liberan protones (núcleos de hidrógeno), que se funden en grupos de cuatro para formar partículas alfa (núcleos de helio).
Cada partícula alfa pesa menos que los cuatro protones juntos. La diferencia se expulsa hacia la superficie del Sol en forma de energía. Un gramo de materia solar libera tanta energía como la combustión de 2,5 millones de litros de gasolina.
El Sol también absorbe materia. Es tan grande y tiene tal fueza que a menudo atrae a los asteroides y cometas que pasan cerca. Naturalmente, cuando caen al Sol, se desintegran.
El estudio del Sol ha tenido siempre particular interés, tanto por la importancia capital que desempeña en la vida terrestre como, desde el punto de vista astronómico, por ser la única estrella directamente observable, pieza básica para la comprobación de muchas teorías estelares.
La estabilidad del Sol como estrella se consigue por el equilibrio entre las fuerzas interiores que tienden a expandirla y las fuerzas de gravitación que tienden a comprimirla. La existencia estable del Sol depende de un equilibrio de fuerzas. Cuando ese equilibrio se rompa, por falta de hidrógeno, la gravitación ganará la partida. Cuando, en un futuro, el hidrógeno del Sol comience a escasear (cuando se haya perdido alrededor del 10% del que posee), entonces, las fuerzas de gravitación ganarán la partida a las fuerzas interiores y el Sol se colapsará y empezará a morir.
En ese momento, el Sol empezará a hincharse en capas huecas y rojizas de hidrógeno mientras su núcleo se va comprimiendo cada vez más. Alcanzarán un tamaño cada vez mayor, hasta el punto que engullirá los planetas Mercurio, Venus, la Tierra, convirtiéndose en una estrella gigante roja, y acabará lanzando esas capas de hidrógeno rojizo al vacío interestelar, con lo que quedará solamente el núcleo blanco, pesado, caliente y luminoso en su última etapa moribunda, convertida en una enana blanca del tamaño que hoy puede tener la Tierra.
Las nubes de hidrógeno expedidas por el moribundo sol, serán el origen de nuevas estrellas. En cualquier momento, ante gigantescas presiones y extraordinarias temperaturas, puede saltar la chispa … y comenzar a nacer una nueva estrella. Ese final es el principio de una etapa diferente.
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