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¿Algún político se acordará de la crisis en la agricultura?

Como no puede ser de otra manera, esta atípica y sucia campaña llega bien repleta de palabras vacías, más aún cuando se ha movido la ficha de la agricultura, palabra prohibida para nuestros jugadores de Tabú; suena el asqueroso pitido, error: vocablo sin intereses, sin comisiones. Otra vez, el campo aguileño ha perdido la partida.

Y es que, como diría Otto von Bismarck: “el político piensa en la próxima elección; el estadista, en la próxima generación”. Va a ser que el bendito llevaba toda la razón.

Claro está, el camino más fácil es hacer un guiño a la asfixiante situación agrícola.

Preferible mirar para otro lado y discutir sobre los cansinos o mediatizados “Programa Agua” o “Agua Para Todos”, mientras la agricultura no deja de ser una hipoteca en un banco o Caja de Ahorro, que están más de moda…al fin y al cabo, sanguijuelas varias.

No nos engañemos, tenemos agricultores endeudados y agua por doquier, y valga de ejemplo la desaladora de la Comunidad de Regantes de la Marina, varios días parada porque los pantanos están a rebosar y NO hace falta agua, SOBRA.

¿Para qué queremos agua si no va a quedar un tomate en nuestros campos? Primero fue Pascual Hermanos, después Agrícola Durán y, según dicen, en menos de dos años le tocará el turno a Urcisol, AGRASA (…); empresas que mantienen el tipo gracias a las jugosas subvenciones europeas y a la venta de terrenos, comprados en su día por “cuatro perras gordas”. Por su parte, otras emigran a Marruecos empujadas por subvenciones estatales y las “buenas relaciones” que tenemos con el país alahuí, con el que, por supuesto, no podemos competir: la hectárea alquilada a 189 euros, agua gratis, salarios irrisorios, ridículos controles fitosanitarios…

Circunstancias como la citada competencia de países terceros, el cambio climático y, sobre todo, los volátiles ciclos económicos – valgan de ejemplo las épocas del esparto, la minería o la alcaparra- están sentenciando a la agricultura aguileña. Sin embargo, si hubiera predisposición política, aún le podrían quedar unos años al sector, con medidas de choque como son la diversificación; el abaratamiento del coste eléctrico en las desaladoras, logrando un agua a 0,30 céntimos; la desaparición de los innecesarios intermediarios; la creación de una marca común, la unificación de criterios de variedades, el mantenimiento de un máximo de dos alhóndigas, la creación de una oficina de exportación…

Sí, es cierto que algunas de estas propuestas están dentro de los programas de nuestros políticos, hoy día muy simpáticos por el paripé de estar en campaña. Pero digo yo que para qué tanta promesa, si luego (ni gobiernos socialistas ni populares) han sido capaces de dar forma a una concejalía de Agricultura como Dios manda, limitando sus competencias a un pase de pelota a la administración regional.
Mejor darle un mamporro al pulsador del Tabú; por cierto, os lo recomiendo como juego de mesa.

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