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Y Dios creó a la mujer

Según la religión cristiana, en el sexto día Dios creó al hombre, y como lo vio demasiado solo, tomo una costilla y creó a la mujer para hacerle compañía. Por el contrario, en la mitología griega, Zeus hizo una mujer de Arcilla, pero no para entretener al hombre, si no para castigarlo por su soberbia. Desde entonces, esta ecuación precaria se repite en todas las fábulas: en los cuentos infantiles, las telecomedias, y novelas románticas. Desde la Biblia hasta Pigmalión. De manera más o menos evidente, es el hombre a través de su deseo quien le da sentido y vida a la mujer.

La Sirenita, por ejemplo, cuenta la historia de una sirena guapa y voz dulce, que se enamora a primera vista de un joven capitán a quien rescata de un naufragio. Conmocionado por el accidente, cuando despierta, la confunde con otra mujer, a quien le propone casamiento. La Sirenita, entonces, consulta a una bruja mala, quien le da un par de piernas de mujer a cambio de su bella voz, bajo la advertencia de que podrá recuperarla sólo si logra que el capitán se enamore de ella.

La historia de Cenicienta es parecida, una joven hermosa es obligada a servir como esclava a su madrastra y a sus dos hijas feas, hasta que un día con la ayuda de su hada madrina,-que le da un vestido y un carruaje hasta las doce de la noche-asiste a un baile en el palacio real, donde conoce al príncipe del reino, quien la rescata de su familia y la lleva a vivir con él.
En la Bella Durmiente, la protagonista es una hermosa princesa víctima de un embrujo. Un hada maligna la condena a permanecer dormida durante 100 años, y un hada buena, para ayudarla, modifica ese hechizo para que se despierte cuando el joven príncipe se enamore de ella y la bese.

Tanto en la Sirenita, como en la Cenicienta, como la Bella Durmiente, Blancanieves o Rapunzel, por dar algunos ejemplos, sólo el hombre puede darle sentido a la vida de la mujer. La mujer es un ser inmóvil, sin ambiciones ni sueños, paralizada en su propia tragedia hasta que un príncipe valiente la rescata y la devuelve su voz y la libera de la esclavitud,o la vuelve a la vida con un beso.

Los hombres son como Dioses creadores y las mujeres,animales mitológicos o muñecos,que sólo con un deseo de otro las transforma en un ser completo.

En los cuentos infantiles, además, las mujeres son objeto que poseen belleza como único atributo y este atributo a su vez les confiere su esencia: las mujeres guapas son buenas,y las malas son feas. Las primeras enamoran al príncipe valiente y las segundas sólo se quedan para conspirar y sentir envidia.

Las burbujas de las fábulas en las que el príncipe es siempre virtuoso y valiente y la mujer bella e indefensa persistieron hasta que los hombres se destruyeron en las guerras mundiales. Sólo entonces la realidad transformó la fábula y las mujeres salieron de sus castillos a trabajar,estudiar y conocer el mundo.

Sin embargo, pasado el tiempo, las cosas parecen volver al mismo lugar. A pesar de que en las jugueterías hay teléfonos móviles con música,ordenadores y patinetes, hoy, millones de años después de Adan y Eva, el producto mas vendido no es otro que el “DISFRAZ DE PRINCESA”.

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