Muchos desconocen la historia de Atila, considerandolo un personaje de ficción
Atila nació hacia el año 400 d.C., aunque no se sabe con exactitud en qué lugar. Era hijo de Mundzuk, un gran rey guerrero que también organizó conquistas, pero de menor magnitud a las que posteriormente realizaría su hijo.
El padre de Atila murió y sus tíos se hicieron cargo de él y de su hermano mayor Bleda, preparándolos para que fueran grandes guerreros. Atila era el predilecto de su tío Rugas. En esta época, el Imperio Romano estaba dividido en dos, Imperio Romano de Occidente (capital en Roma) e Imperio Romano de Oriente (capital en Constantinopla), que era más poderoso.
Hasta finales del siglo IV, los romanos no tenían conocimiento de los hunos. Los romanos solían tachar de bárbaros a todos aquellos que no sabían escribir, pero sus descripciones a cerca de los hunos iban mas allá: decían que eran muy sucios, desprendían un fuerte y desagradable olor, comían carne cruda y “vivían” sobre sus caballos. Apreciaban que entre ellos no había unidad, que estaban conformados en tribus.
Los romanos necesitaban rehenes para sus ejércitos para así poder hacer frente a las invasiones que estaban penetrando en el Imperio, sobre todo de Occidente. Era signo de simpatía y aceptación en esta época intercambiar rehenes entre los romanos y los bárbaros que irrumpían en la zona. En uno de estos intercambios, Atila fue enviado a Roma.
Por aquel entonces, los hunos ya iban adquiriendo fama de buenos guerreros y los romanos mandaron un espía a la tribu de rehenes hunos para aprender sus tácticas. Era Flavio Aecio, que en poco tiempo se hizo gran amigo de Atila. Estaban siempre juntos, hasta que en el 420 Atila volvió a su lugar de origen. En esos años, Atila aprendió el modo de vida romano, pero nunca fue de su agrado. Juró que volvería, pero esta vez para conquistarla.
Para provocarlos, en el 451 penetró en la Galia y se enfrentó a los visigodos de Teodorico, que estaban instalados allí. Este terreno era muy deseado por los romanos, por lo que éstos se aliaron con los visigodos para luchar contra el enemigo común. Con esta batalla, Atila y su amigo Aecio se enfrentaron.
En el 452, en venganza, Atila penetró en Italia. Tras la conquista huna en el Norte de Italia y temiendo que la capital fuera tomada en breve, Valentiniano III y Aecio deseaban pactar la paz. Éstos mandaron al Papa León I el Grande a hablar con Atila. Fue un encuentro muy cordial, en el que Atila aceptó las condiciones y retrocedió, principalmente porque los hunos ya habían conseguido tantas riquezas en sus batallas que ni siquiera podían mover sus carretas ni proporcionar sitio para futuras ganancias. Volvieron a su lugar. Atila se casó con una joven y la noxhe de bodas murió de forma misteriosa.
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