ANTONIO CORTIJOS, UN AGUILEÑO SENCILLO QUE HIZO CUANTO ESTUVO EN SU MANO POR SU PUEBLO

Cabe destacar que Antonio Cortijos, que da nombre a una conocida plaza en el casco urbano, fue un aguileño que hizo mucho por Águilas y su gente, una figura en cierta manera similar a Alfonso Escámez, con el que comenzó su andadura en el mundo de la banca. Antonio Cortijos, que profesionalmente emigró a Barcelona, siempre apoyó cualquier iniciativa en la localidad, dando también mucho trabajo a aguileños

Para todos aquellos que desconocen la figura de quien da nombre a la Plaza Antonio Cortijos, son estas líneas, que hablan de un aguileño sencillo, producto de una época en la que en las familias se trataba de formar a sus hijos en una serie de valores como la empatía.
Antonio cortijos nación un 11 de Noviembre de 1.906, a los 16 años entra a trabajar en el desaparecido Banco Colonial en donde a los 19 años ya era jefe de correspondencia en Murcia. Ya en el extinto Banco Central comienza su carrera, interrumpida durante los tres años de guerra civil que le sorprende en Valencia como apoderado, y finalizada ésta, su periplo laboral le lleva a Madrid. De allí, es destinado a Zaragoza como Jefe de la inspección, y en el año 1950 llega a Barcelona como Director General de Sucursales.
Años duros para la sociedad española, aún en época de postguerra, en los que se salía de la grave depresión económica. Y ahí comienza a engrandecerse su figura, cuando, sus paisanos, al acercarse a él le preguntaban si podría hallar un trabajo digno para sus hijos. Fue entonces cuando comenzó a meter en el Banco Central a una legión de aguileños de los que, algunos de ellos, no hace mucho se han jubilado.
El 15 de septiembre de 1956, en plena efervescencia de su actividad humanitaria, el Ayuntamiento de Águilas le hizo un homenaje en el Balneario Municipal, que conoció un espectacular lleno. Tras su fallecimiento, el día 11 de enero de 1.968 en Barcelona, su cuerpo fue llevado a su querido pueblo, siendo su féretro fue llevado por los propios aguileños, a hombros, desde la iglesia, en la Glorieta, hasta el nicho donde hoy descansa junto con su esposa, quien estuvo siempre de forma abnegada a su lado y colaborando con él.
A la familia nos impresionó ese día el llanto y lamentos de una mujer muy mayor que decía entre sollozos que le debía sus manos y el futuro de su único hijo. Nos acercamos a ella algunos miembros de la familia y nos contó que, habiéndose caído en la calle, se había roto las muñecas; era ya tarde, y se hallaba aturdida, dolorida y llorando. Un Fiat 1.500 blanco se detuvo a su lado, la ayudó a subir al coche y la llevó al dispensario en donde se le curó; interesado en lo ocurrido, la buena mujer le contó que su hijo de 17 años estaba sin trabajo, ella no disponía de medios y no tenía que darle de comer desde hacía 48 horas. Nos contó que le puso en la mano 5.000.- Ptas. y una tarjeta suya. Un mes después su hijo trabajaba en la oficina principal del Banco Central en Barcelona, como auxiliar. Esa, y no otra, era su firma
Toda la familia recordamos una vez más, aquél día, una frase que nos repetía a sus hijos: “si le das a alguien un pez, le quitas el hambre un día; pero si le enseñas a pescar, le regalas la dignidad de que se lo quite cada día por sí mismo”.



Cena homenaje que se llevó a cabo en el balneaRio Municipal

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