Desde épocas antiguas se han buscado medios para desarrollar las sensaciones dentro del mundo de la sexualidad. Desde novelas eróticas, pasando por los afrodisíacos, hasta determinados objetos co los que desencadenar la estimulación física. Sus formas y usos son variado y la oferta va en ascenso.
Son utilizados por hombres y mujeres a partes iguales puesto que en ambos casos provocan una estimulación física y psicológica aportando un nuevo aspecto dentro de la relación sexual.
Actualmente, estos instrumentos (consoladores, vibradores, anillos, bolas chinas…) comienzan a no estar demasiado mal visto, pero no hace tantos años el uso de los mismos se asociaba a conductas patológicas, es decir, perversiones.
Sin embargo, al margen de los valores morales de otras décadas y la presión social, la realidad es que no puede relacionarse el uso de estos juguetes con la existencia de una perversión, sino con una sexualidad libre, sin tabúes y creativa.
Uso abusivo
Existen dos casos en los que utilizar el material erótico indica la existencia de un problema: cuando su uso es abusivo y cuando existe una verdadera patología, como el caso del sadismo y masoquismo. El uso abusivo viene cuando la persona es incapaz de realizar sus actividades diarias por dedicar excesivo tiempo a “jugar” con estos objetos.
También cuando la actividad sexual está únicamente centrada en su uso. Un ejemplo sería el de aquellas mujeres que nunca antes habían alcanzado el orgasmo y comienzan a experimentar otras sensaciones con los vibradores, puede que sólo se valgan de estos instrumentos para disfrutar del sexo. En este sentido, es necesario tener claro que sólo son un medio para aumentar las sensaciones eróticas, pero nunca el sustituto a un pene o una vagina.
Los vibradores
Es una máquina de tamaño pequeño que puede sostenerse con la mano y que vibra con un ritmo constante. Su forma y tamaño puede variar aunque son más comunes los que tienen forma de pene y permiten la penetración. Pueden ser movidos con la mano o ajustarse a ésta mediante una corre que hace vibrar la palma y los dedos.
No tiene un uso exclusivo sexual, sino que puede servir para un masaje corporal. La diferencia con otros métodos de masaje es que este tipo de estimulación es muy grata para la zona genital por su pequeño tamaño, rapidez e intensidad. A la hora de usarlo es preciso que se adapte bien a la mano para manejarlo con facilidad. Se pueden probar las distintas vibraciones y determinar cuál se adecúa más a los gustos de la persona. Puede aplicarse aceite o loción en el cuerpo para aumentar las sensaciones. Recorra su cuerpo, desde la cara, cuello, brazos, hasta los pechos y el resto del cuerpo.
Acerque el aparato a su pene o vagina y experimente con la diferente presión y la amplitud de los movimientos. El pene, los pechos y el clítoris suelen ser zonas en las que sienta excesiva sensibilidad, pero poco a poco resultará cada vez más grato y aprenderá a hacerlo junto a su pareja.
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