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Malas relaciones

La de mala baba que se gasta en este país, que no tenemos los destos suficientes para llevarnos bien, lo que se dice bien. Lo que es bien, sin escondernos para evitar un saludo. Un ejemplo, cómo están todo el día enfrentados los habitantes de las provincias vascongadas, que si se me pone de vecino un tío que no me gusta, que si el cristalero me mira de reojo; y lo que es peor, el puñetero cristalero , hijoputa con certificado, se empeña en poner su ahora transparente negocio justo debajo de la casa de la madre del muchacho que mató ; el otro, el tal De Juana, con un certificado de mucho más nivel que el cristalero, que se va a vivir, una vez hecha exhibición de huelgas de hambre, junto a la casa de sus propias víctimas . Y lógicamente, se cabrean por tener semejante vecino, y se quejan al Estado y éste coge la lupa para ver qué dijo en la carta a los gilipollas que tanto esperan de él, como asesino , el Chaos ese. A ver si encuentran, por favor, algo que lo ponga una larga cadena de dos kilos cada eslabón.

Y como alivio de pena, en lugar de dejarle matricular en varias facultades al mismo tiempo ( que no parece tan listo, el cabrón ), se le pueden facilitar jornadas de reflexión y encierro con Arzallus y el ataúd de Sabino, a ver si encuentran la luz que no ven desde hace treinta años. Y a los vecinos, a dejarles vivir tranquilos, coño.

En los pueblos pequeños también somos puñeteros, entre las envidias, los rencores de antíguo y los malos dichos, venimos en mirarnos de reojo cuando nos cruzamos, mirando al infinito. Eso sí, no acabamos a tiros como en el norte, básicamente porque no tenemos pistolas casi ninguno y porque somos más tranquilos, nos despreciamos con cordialidad. Hay algunos a los que saludan más en las calles de otro pueblo y hasta de otro país. El reguero que habrán dejado…
Entre ellos, algunos políticos acabados que se esconden tras la pantalla del debate político y la prensa cutre que se ensañan con simples ciudadanos mintiendo a diestro y siniestro para intoxicar con el veneno que expelen por los colmillos.

En esta próxima temporada otoño – invierno se van a ver más caras largas, dada la crisis
( reconocida por nuestro legítimo presidente, mal que pese a muchos ) , por las calles de nuestro pueblo, porque unos les vamos a deber a otros ( pasta, digo ) y los otros a los unos, ya que las expectativas de caja no se han consumado y la cosa se ha puesto muy malita , que decía Chiquito.
Pero esa es cuestión de un par de años, que todos volveremos a ver la luz para volver a los excesos del año pasado. Los descapotables volverán a nustras aceras azules.

Las casas y apartamentos se volverán a vender como rosquillas y los profesionales con pedigrí los amueblarán. El sol volverá a salir y ya no diremos como en el título de aquella película : “ amanece, que no es poco “.

Con un poco de suerte, nos miraremos con más alegría por las calles y perderemos los nervios que están a flor de piel. Y sin más pamplinas.

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