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“Don Clemente”

Un pueblo muy pequeño, como de unos 30 vecinos, en cualquier parte de España, a la vera de un río, con árboles en los alrededores y algún monte cercano. Estas son las cordenadas. Aquí es donde vive Don Clemente, que quiere hacer una obra: ampliar su establo, sembrar tomates, tal vez criar cabritos para un restaurante famoso que se los pagarían muy bien.

Bien, acude a su vecino “el alcalde pedáneo”,para pedirle el permiso correspondiente. El tal “alcalde pedáneo” le explica que lo que pretende, como podía afectar al río, monte o aire que respira, ha de consultarlo al Departamento de Industria de la Comunidad Autónoma. Cuando don Clemente va a ver a estos señores de nombres tan rimbombantes, le “derivan” como si de la Sanidad Pública se tratara, a la Confederación Hidrográfica de la zona, de la que Clemente jamás oyó hablar.

¿La “confe”? Dice que sí, que lo estudiará, pero que, primero debe darle paso Medio Ambiente. Aquí, don Clemente empieza a sospechar, eso de Medio Ambiente le suena un poco a sarasa, posiblemente influenciado por la tele. Pero, finalmente pregunta que donde está y allá se va el hombre… nuestro sufrido español de pleno derecho, que tiene al día todos los pagos correspondientes a su terruño desde hace más de tres generaciones, no entiende que un tipo que se llama Medio Ambiente, residente en Madrid, a 400 kilómetros de su pueblo, pueda mandar tanto en su tierra.

Pronto entra en relación con él, esperando que le solucione el “ya problema” y queda con la boca abierta cuando Medio Ambiente le dice que tiene que consultar con Bruselas, y a Don Clemente ese nombre le suena a unas coles que sembró hace tiempo.

Que nombres tan raros, se decía Don Clemente, en su pueblo los había ciertamente escasos, como Sebastiana, Atanasio o Pancracio, pero nunca conoció a un Bruselas ni a un Medio Ambiente. “Serán modernismos , será propiamente el avance científico-político-económico-social-moral que nos ha tocado vivir”, decía mientras entregaba los papeles a Bruselas. Y es que, en Bruselas los leen despacio, pero cuando dé el sí, hace falta el visto bueno de Patrimonio de la Humanidad. Parece ser que en la tierras de Don Clemente se encontraron unos huesos prehistóricos de “no te menees”. Don Clemente lo único que quería era realizar su obra en su terrenico heredado de su padre, y este de su abuelo…..cansado, Don Clemente malvendió las tierras y se fue a vivir a la capital, se metió en un piso de 30 metros y murió en el sin tener contestación de la Confederación, Medio Ambiente, Bruselas y Patrimonio. Fue asesinado por unos desconocidos. Así ponía en el informe de la Guardia civil.
Ni reirse pudo Don Clemente.

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