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Ecologías

No consigo recordarlo con certeza, pero creo que fue Jonathan Swift quien escribió que “el patriotismo es el último refugio de los canallas”. A lo mejor fue el Doctor Johnson. Da igual. La autoría atribuida no merma en nada la validez del dicho. Patriotismo viene de patria, el vocablo sagrado, la palabra intocable, la vaca sagrada de los inflamados discursos de hace algunos años y, según en qué tierras y regiones, de ahora mismo.

La palabra patria, como la palabra humanidad, pueden sin embargo adelgazar sus contenidos hasta ser, en determinadas bocas o plumas profanadoras, meros señuelos lingüísticos para dignificar o dar respetabilidad y altura a propuestas y planes abyectos.
“¡Humanidad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!” se lamentaba una personalidad del Antiguo Régimen en Francia, poco antes de que le cortasen la cabeza. Todo en nombre de los grandes ideales y las grandes palabras esgrimidas por los jacobinos, los atildados miembros-Robestpierre el primero- de aquel club de verdugos que selló con sangre el destino de Francia.

Los modernos jacobinos que nos gobiernan también hablan, mucho y mal, de patrias mientras obran por acción u omisión sin descanso para consumar el desguace de la única patria verdadera, la única nación con viabilidad y legitimidad histórica para existir y representarnos a todos en esa fiera selva de las relaciones políticas internacionales.

Como a sus predecesores históricos, a algunos de nuestros jacobinos también los ha salpicado sangre derramada, al avenirse a pactos vergonzosos con bandas de asesinos; al sacarle réditos políticos al asesinato colectivo y la intimidación de masas. También al sembrar la insolidaridad y la discordia entre regiones, ayer hermanadas en un proyecto común, y hoy enfrentadas como tribus de secular enemistad mutua.

La palabra ecología es otro noble término degradado por el uso depredador de la mala política, al acabar en ecologismo.

Esa degradación de la noción originaria de ecología es una de las armas arrojadizas que la demagogia contemporánea utiliza para legitimar el descarado juego político de las concesiones vergonzantes a aliados cuyo apoyo conviene conservar. Conservar para mantenerse en el poder, y punto.

Ruego encarecidamente al lector amigo (e incluso, suponiendo que lo haya, al lector enemigo) que no confunda jamás una cosa con la otra, si quiere conservar un juicio claro en relación con una de las problemáticas que más le pueden afectar-aunque él por sí solo poco pueda hacer al respecto- que es la de la conservación de la naturaleza.

La ecología es una ciencia, situada en la frontera de diversas disciplinas científicas en donde confluyen la biología, la zoología, la botánica, la geología, la meteorología, la etología, la sociología, el urbanismo, la teoría de sistemas, y otras disciplinas de similar calibre, entre las que quizás habría que destacar la historia. La ecología requiere equipos disciplinares diversos con estrecha colaboración para elaborar estudios y sacar conclusiones bien respaldadas, que los estamentos políticos y la sociedad en general tienen la obligación de conocer y aplicar en la definición de políticas y estrategias de desarrollo viables.

No cabe duda de que esta labor de investigación y concienciación se verá entorpecida y obstaculizada por grupos de presión diversos y políticas de bajo vuelo y cortas miras.
Por eso, para que ese esfuerzo complejo y necesario se abra paso, es preciso situar en el lugar que le corresponde a otra realidad que nada tiene que ver con ella, y la suplanta a menudo, el ecologismo.

Porque, amigos lectores, el ecologismo no suele ser (honradísimas excepciones aparte) más que una sarta de prejuicios, mentiras crasas, exageraciones y lugares comunes ya muy manidos que, un día más o menos lejano, pertenecieron a teorías ecológicas respetables, antes de sacarse de contexto, retorcerse y magnificarse a conveniencia. El ecologismo es la nueva bandera de una extrema izquierda desfondada y desnortada, y de sus simpatizantes y compañeros de viaje (a la nada).

La ecología es ciencia; el ecologismo es ideología, es una fe política en la que se asientan quienes odian en términos genéricos la sociedad en que viven, y se oponen por principio a cualquier posibilidad efectiva de creación de riqueza o de búsqueda de prosperidad real de las comunidades humanas. Su horizonte es una inviable involución social y económica y un igualitarismo quimérico, con unas estrategias activas inspiradas en el resentimiento militante.

El ecologismo vende, convenientemente edulcorado y dulcificado en las formas, y se está utilizando por los modernos jacobinos en cuestiones como la cerril y demencial oposición al trasvase del Ebro, en nombre de una supuesta salinización del Delta del río en su desembocadura.

La verdadera catástrofe ecológica (no sólo natural sino humana y social además) es, sin embargo, la que va a tener lugar de no realizarse el trasvase (desaladoras costosísimas contaminando la atmósfera y salinizando aguas en todo el litoral mediterráneo, pérdida de decenas de millones de árboles frutales, avance de la desertización, bloqueo del desarrollo, etc.)

Y es que están haciendo falta con carácter de extrema necesidad y urgencia, estudios ecológicos serios de la degradación del actual MEDIO AMBIENTE POLÍTICO.

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