El secreto de un buen masaje en los senos es no tener prisa. Las caricias bien dadas en esta zona tan femenina pueden llevar a la mujer a vivir un auténtico orgasmo sin necesidad de penetración. De sobra se sabe que los senos son el centro de la estimulación erótica en la mujer, pero a los hombres sólo la idea de mirarlos, acariciarlos o lamerlos les provoca excitación.
Para ello se pueden utilizar todos los recursos disponibles, buscando nuevas formas de despertar la el erotismo y atracción sexual. Y es que, los senos son los primeros en aparecer, los protagonistas de cualquier incursión sexual. Su atractivo radica, en parte, en que son una de las zonas más erógenas en el cuerpo de una mujer. Hay que tener en cuenta que cada mujer tiene distintos grados de sensibilidad, pero los senos o mamas concentran un número importante de terminaciones nerviosas y eso las hace irresistiblemente estimulables, haciendo que sea casi imposible que permanezcan indiferentes al tacto, al roce, al masaje, lamidos o succión.
Concentración de placer
Su excelencia se debe a que reúnen dos características relevantes: la primera, y más importante, es que son una fuente de placer para las mujeres y, al mismo tiempo, son para los hombres uno de los estimulantes visuales y táctiles más potentes.
Con todo este poder concentrado en esta zona de la mujer, es casi un deber utilizar todos sus recursos, tantos los estimulantes como los afectivos, para que la mujer estalle de placer. A partir de ahora ya sabemos que no sólo basta con un agarrón, un beso o la succión, sino que las posibilidades sensoriales son mayores. La estimulación de los pechos provoca una sensación de voluptuosidad en la vulva, lo que se traduce en la lubricación de la vagina y un potencial orgasmo.
De alto voltaje
Mientras unas manos acarician nuestro cuerpo éste se sumerge en una agradable lejanía. Nuestra mente se aleja del ruido para dejarnos pasar en otra dimensión, olvidando el estrés, los problemas… y encontrándonos con nosotros mismos. Si a esas sensaciones añadimos un mínimo interés por esas manos, si deseamos a esa persona nos encontramos ante el perfecto ambiente para un masaje erótico.
Se trata de un masaje excitante en el que participa todo nuestro cuerpo, desde pies, manos, piernas, barriga… Nadie nos observa y buscamos el placer de ambos: él, desnudo, tumbado sobre la cama, ella, a sus pies, también desnuda. Comienza masajeando las plantas de sus pies, para continuar por sus tobillos. Sus manos acarician sus piernas y van subiendo lentamente, mientras su cuerpo se arquea sobre el de su pareja. Deja que ésta le sienta moverse sobre su torso. Los senos de ella rozan la espalda de su amado y ambos cuerpos se funden en uno.
Arqueándose suave, lentamente, posa las manos sobre su cuello y presiona cariñosamente las cervicales con sus pulgares. Repite la presión vértebra a vértebra a lo largo de toda su columna vertebral para subir de nuevo y realizar este mismo movimiento rápidamente un par de veces.
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