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Facilismo

A la mayoría de la gente le gusta las cosas buenas pero no quieren compromisos. Son amantes del camino fácil. Anhelan abrir carreteras y construir puentes sin ensuciarse. Quieren las esmeraldas sin buscar en el barro. Quieren adelgazar comiendo de todo y sin hacer ejercicio. Les gustaría hacer tortillas sin romper los huevos.

La tecnología nos facilita cada día la vida y por ese camino nos tiende una trampa bastante peligrosa. Nos incita a querer sólo lo cómodo, a evitar el esfuerzo y a dejarnos anestesiar por el facilismo. Esto no es nuevo. Jesús habló de las multitudes que elegían la puerta ancha y el camino espacioso. Somos propensos a los atajos indoloros. Vivimos en busca de descuentos de ocasión. Y, como fallamos en distinguir los caminos convenientes, muy a menudo nos apartamos de nuestros ideales.

Después, cuando ya es demasiado tarde, descubrimos que al elegir el camino fácil, en realidad elegimos recorrer un florido camino al aburrimiento, a la vergüenza, a la soledad, al fracaso y a la miseria. ¡Si tan solo no le temiéramos a la disciplina que la vida victoriosa nos exige!”

Este texto de Diego Arbeláez retrata a la perfección la realidad de nuestra sociedad. Vivimos buscando la forma más fácil de conseguir lo que queremos. Nadie está dispuesto a sacrificarse por nada. Además, ¿Para qué? Casi todo está ya inventado y a nuestro alrededor tenemos todo lo que necesitamos; nuestra vida es fácil.

Es fácil si estamos dispuestos a aceptar las cosas como vienen para no complicarnos la existencia. Pero, para los que tenemos objetivos bien definidos, para los que sabemos exactamente lo que queremos y cómo lo queremos, las cosas pueden llegar a ser muy complicadas. Los que quieren lograr lo que se proponen deben estar dispuestos a hacer los sacrificios que demanda su ideal.

Se debe pagar la justa compensación por el éxito. Siempre habrá un precio que pagar, un trabajo perseverante que nos conduzca al fin que nos hemos propuesto. A veces, hay que sacrificar deseos, sentimientos, comodidades, estados mentales o emotivos que amenacen estropear u obstaculizar el propósito que cada uno de nosotros se ha fijado como meta en su vida. Nada hay nada que nos llene de mayor alegría y regocijo que conseguir lo que nos ha dado mucho trabajo y que durante largo tiempo hemos deseado.

Sí, cuanto más grande es el obstáculo, más grande es nuestra victoria al vencerlo. ¿Hay algo que valga la pena y que se pueda conseguir sin esfuerzo? Todo lo que es hermoso y valioso en esta vida es costoso y supone una conquista. No hay éxito sin sacrificio. Si tenemos un objetivo claro, entonces debemos poner nuestros ojos en él y trabajar con presteza y constancia hasta alcanzarlo.

JESÚS se comprometió a los ojos de toda la humanidad, consagrándose enteramente al servicio de su Padre. Como todo aquel que se consagra y se compromete realmente, aceptó los terribles riesgos. Lo arriesgó todo, aún la misma vida, para hacer posible nuestra salvación.

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