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¡Urgente!

Si hay algo que sobresale entre las características de esta “maravillosa sociedad” en la que nos encontramos es el concepto de urgencia. No importa el área que tratemos, siempre encontraremos el sello de urgente en la mayoría de los asuntos.

Este hecho define perfectamente la orientación de este mundo del siglo XXI. Ante la demanda de este precepto existe una amplia oferta de posibilidades como respuesta a la misma. ¿Necesitas dinero? En menos de 24 horas. ¿Tienes que enviar un paquete? Antes de las 10 de la mañana estará en su destino. ¿Precisas mandar una documentación? Tienes el fax, o mejor el correo electrónico; al instante.

Debes presentar un texto traducido al chino. No importa, vía internet lo tienes en casa en pocas horas. ¿Tienes que entregar un expediente en la Consejería de tal o cual, y no puedes desplazarte a esa ciudad? Sin problemas; Ventanilla única, sello con fecha de presentación y asunto listo. Si se te ocurre usar el servicio de Correos, por supuesto, entrega urgente. ¿Te has resfriado? Al servicio de Urgencias de inmediato, porque no vas a esperar la visita a tu médico por la mañana. Que te mediquen de inmediato, porque aunque no sea grave es molesto y no tienes por qué aguantarte.

Si pides una entrevista ha de ser urgente, porque tus negocios no pueden esperar. La rapidez es trepidante; lo hacemos todo con la máxima velocidad posible, para no perder el tiempo. Pagamos más por los servicios a cambio de que se hagan en menos tiempo. Bueno, ésta parece ser una manera de comprar el tiempo, sin embargo sólo es una forma de pagar la urgencia. De hecho hace algún tiempo comenzaron a aparecer los “Bancos de tiempo” para paliar ciertas deficiencias sociales.

Pero ¿a dónde vamos tan deprisa? Creo que no nos hemos parado a plantearnos la finalidad de toda esta urgencia. La prueba es que no disfrutamos de tiempo libre como antes. Nos movemos con tanta velocidad que no tenemos ocasión de pararnos a charlar con un amigo; en el trabajo los compañeros prácticamente no se conocen y, en cuanto a la familia, bueno ese tema mejor ni tocarlo, porque hijos y padres no tienen tiempo para comunicarse, no coinciden en sus horarios, así que quizá un toque con el móvil será suficiente para recordarse mutuamente que existen.

No, no estoy exagerando ni lo más mínimo; es lo que veo cada día. Con el virus de la urgencia se nos ha pasado por alto lo importante y cuando llegamos a ser conscientes de esto, ya suele ser demasiado tarde. Una enfermedad, la pérdida de un amigo, la muerte de un ser querido y todo el montaje se nos viene abajo. Somos empujados unos por otros con premura y la mayoría de las veces nos precipitamos hasta el punto de pasarnos de rosca y entonces es imposible el ajuste.

¿Por qué no analizar lo que en realidad es importante y darle la preeminencia ante lo que instintivamente consideramos urgente? Es imprescindible que realicemos una adecuada gestión de nuestro tiempo y demos prioridad a lo que permanece, a lo duradero frente a lo fugaz. La persona más sabia y eficiente que ha pisado esta tierra no obró nunca con premura. No he encontrado ningún texto en el que JESUCRISTO hiciera algo corriendo y a prisa. Sin embargo hizo absolutamente todo Su trabajo “en tiempo y forma”. Y Su empresa por cierto que era ardua: La redención del ser humano. Su obra permanece por la eternidad. Eso sí que es importante para que le dediquemos nuestro tiempo.

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