Periódico con noticias locales de Águilas, Lorca y Puerto Lumbreras

Perspectiva aguileña

El otro día estuve en un concierto de música heavy. Tengo la suerte (regular, mala o excelente) de ser muy aficionado a esta clase de música, que para muchos de mi edad es absolutamente espantosa.

Escucharla habitualmente en casa o en el coche es delicioso y excitante, en cambio escuchar ópera (otro vicio), es delicioso en el más amplio sentido de la palabra.Cuando acudes a conciertos en directo, donde el grupo heavy toca ante tus narices , la sensación pasa a un nivel superior, pasa de ser sensación para los oídos a serlo para el estómago, que se mueve al son de las baterías, como en un ritmo ancestral se movían las barrigas de los africanos cuando suenan los tam-tam o de las bailarinas cubanas cuando suenan los bongos.

Es curioso observar a los espectadores de un concierto y de otro: a un concierto de ópera acuden parejas habituales, mayores y normalmente muy elegantes, convirtiendo el concierto en un acontecimiento inolvidable. A un concierto heavy no hay seguridad en que vayan en parejas, suelen ir en grupos irregulares, tíos con tías, pero mayormente tíos con tíos porque esta música suele ser más del gusto masculino, sin explicación lógica.

Las edades dependen del grupo: para los clásicos, los viejos heavies ingleses , vamos los viejos rockeros, para los “Marea”, etc. van los más jóvenes, de entre 15 y 25 tacos, digo.
Las vestimentas también son standard : vaqueros y camisetas negras con emblemas demoníacos de diversos grupos : Deep Purple, Iron Maiden, Sepultura, Marea , Judas Priest, etc. Elegantes a su manera porque algunas camisetas son auténticos escaparates.
El ambiente habitual también varía, en la ópera el silencio es sepulcral y el respeto a lo que se escucha es intenso y elegante, los aplausos llegan exactamente cuando tienen que llegar y duran lo que tienen que durar. No hay bises.

En el concierto heavy se le enseñan los cuernos con los dedos índice y meñique a los músicos, en un claro signo de cariño, se les increpa (a un cantante que larga una perorata en inglés se le suele decir que se lave la boca) y se les baila (más bien se les bota ) cada acorde, por estruendoso que sea, que lo son.

Si se insiste mucho, los músicos otorgan un par de bises que suelen ser la traca final y apoteósica de un concierto, tan inolvidable como una buena ópera.

En la ópera (y en los conciertos de música clásica) no se baila, que yo haya comprobado.
En las salas de conciertos serias no se fuma y se procura no toser, el suelo está enmoquetado y las sillas son de terciopelo. En los conciertos heavy la única posibilidad de sentarse es el suelo de cemento o el césped , se fuma , se fuma mucho y… algo más que tabaco.

En los entreactos de las óperas se suele salir al ambigú a tomar champán y canapés de salmón, en los conciertos heavy puedes pasar por una barra de 250 metros a ponerte en cola para pedir un vaso de cerveza de 750 cl. (un mini , lo llaman).

En el tema de los aseos y servicios públicos es mejor no entrar en comparaciones.
El caso es que después de una ópera no suele estar la Guardia Civil haciendo soplar por un tubo. No hay problema, casi nadie en un concierto de heavy tiene coche.

Así, como resumen, que tan agradable es, para el espíritu , escuchar “Aída” en el teatro Bolshoi de Moscú como “Smoke on the water” en el campo Juan Cayuela de Totana.
Todo es cuestión de organizarse, cada concierto requiere su planteamiento mental.

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