Cuando mayo se haga cargo del calendario, mis días gozarán decididos, previos al estío, a un junio de tránsito y a su júbilo inventado. O no… de alguna manera, como en aquellas mañanas de carnes y banderas que habitaban el poema de Salinas: “La palabra iba suelta, vacante, ingrávida…”, Sabina nos ha devuelto su mes de abril este septiembre ya marchito, con una nueva genialidad, trazando con su pluma “En carne viva”.
Vibrante y resuelto, el flaco de Úbeda presentaba recientemente su último libro que, cómo no, aquí un escribiente ha recibido como si de un elixir se tratase, descubriendo a un Sabina del que pensaba que no sólo lo había vivido, fumado y bebido todo, sino que, igualmente, apenas guardaba anécdotas por contar… pero, de nuevo, que equivocado estaba!
Las alas de este cronista de la santa transición, de este juglar de cafés de medianoche y algún canuto con el que celebrar la vuelta de su unicornio azul, se han vuelto a comer el mundo; como Ícaro, aunque esta vez sin la compañía de los dioses del Olimpo. Y es que al flaco de Úbeda sólo le queda su talento; claro está, más que suficiente para colocar a su libro al frente de la lista de los más vendidos.
Sabina refleja en “En carne viva” una prosa fiel a su sarcasmo, espoleado por Javier Menéndez Flores, su biógrafo, quién desvela incluso aquellos capítulos que bien debían estar prestos a la censura. Y es que, el artista no duda en desvelar intimidades de sus amigos como, y el libro narra como Letizia le contó un chiste subido de tono en el que las protagonistas eran la propia Princesa y Estefanía de Mónaco: “La Leti me contó, casi de entrada, un chiste de Lepe sobre ella muy divertido: ‘¿En qué se parece Estefanía de Mónaco a Letizia? En que Estefanía de Mó
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