La fuente del oro

Hace unas semanas, mientras visitaba los restos arqueológicos de una antigua villa romana en el sur de Austria, me daba cuenta de que en Aguilas había más yacimientos y más materiales que en semejante lugar. La cuestión es que la recreación de las casas, del horno alfarero, de los sistemas de calentamiento de agua y aire para las termas y las casas era perfecta. Las réplicas fieles de los modos constructivos, de las diferentes estancias de la casa, de los mosaicos, de la pinturas, de los altares para el culto, del mobiliario incluso, hacía trasladarte al siglo IV de un golpe.

Lo digo ésto porque no deberiamos quedar relamiéndonos de lo que tenemos sino hacerlo más patente aún, como lo consiguen los que tienen menos pero lo hacen crecer como la espuma, símplemente dándole una relevancia que supere las fronteras naturales.

La cuestión ahora es la de la llamada Fuente del Oro, o sea, “el caño” que estaba situado donde ahora hay un infame edificio de Telefónica. Dicha fuente traía el agua para los ciudadanos del siglo XIX, que no tenían muchos más recursos para beber agua potable ; constaba de cuatro caños y un frontón triangular típico del siglo XVIII, y que tenía la inscripción de una bella dedicatoria de Carlos III al pueblo y los moradores de Aguilas. Posiblemente, por las noticias que tengo, los brutos de la época se cargaron la fuente para poner una oficina de la puñetera empresa de teléfonos del pueblo.

Si se pudieran dar pescozones con efectos retroactivos, habría que repartir unos cuantos, se me ocurre. En fin, las cosas están como están, pero nos queda resarcirnos de la parte negra de nuestra pequeña historia de pueblo. Lo que un servidor propone desde este medio ( y lo hará más oficialmente ) es reproducir dicha fuente en otra ubicación.
Parece ser que era de granito gris y contaba con cuatro grandes peldaños para llegar a los caños y a la poza donde vertían.

Lo que propongo es reproducirla fielmente y ubicarla donde pueda ser vista y admirada por aguileños y visitantes, con una información detallada de su historia para admiración de ambos. No me parece que el coste pueda ser alto pero la rentabilidad de ello sí que lo sería, por lo que voy a insistir en esta propuesta que no es sino continuidad de la de don Félix Pareja , admirado historiador de nuestr pueblo.

El resultado que se pretende es como el que han conseguido en aquel pequeño pueblecillo austriaco, que lo único que ha hecho es alargar la sombra de un pequeño trozo de su historia. Nosotros, con más historia todavía, tenemos más derecho, incluso obligación de hacerlo, y cuanto antes. Nuestra sombra será más alargada.
Confío en que los ciudadanos que estén de acuerdo con mi propuesta me lo hagan saber para hacerlo llegar a nuestra simpática concejal de Cultura, que confío asuma lo que aquí desarrollo en pocas palabras.

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