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La crisis agudiza el ingenio entre los ‘rebuscadores’

Indigentes, ancianos, inmigrantes que han perdido su empleo o, simplemente, familias que no llegan a fin de mes: los rebuscadores de basura son cada vez más numerosos debido a la difícil situación económica. En Águilas también es frecuente encontrarte con alguno de ellos, en los cubos y contenedores de basura, escudriñando entre los desperdicios que desechan los supermercados cuando éstos cierran sus puertas.

Muchos de ellos están al acecho, detrás de los montones de cajas y remolques de las grandes superficies, y rebuscan de forma sigilosa. A otros, sin embargo, no les afectan las miradas de la gente que pasa por su lado. “No nos llega el sueldo y nos vemos obligados a esto si queremos subsistir dignamente”, comenta uno de los entrevistados.

rebuscadoresLa mayoría realiza diariamente una ruta de tienda a tienda a ver qué encuentra. “Están cada día a la misma hora y se llevan todo lo que pillan”, comentan los dependientes de un supermercado de la localidad. Muchas veces se crean enfrentamientos con los propios vigilantes de los establecimientos cuando éstos tratan de impedir que recojan productos en mal estado.

Para evitar estas polémicas, superficies como el Mercadona estimaron oportuno no dejar a la vista la basura que generan debido a la proliferación de las personas frente a sus establecimientos. Optaron, por tanto, por depositarla dentro de sus almacenes a la espera, al día siguiente, de ser recogida por los camiones de limpieza.

Sin embargo, lejos de lo que muchos puedan pensar, gran parte de los productos desechados se conservan en buen estado antes de ser arrojados a la basura. La mayoría son envases de azúcar, arroz o garbanzos que han sido abierto por algún descuido y tienen que ser desalojados de las estanterías de las tiendas.

Otras veces se trata de frutas o verduras que están un poco ‘pochas’ o que simplemente han recibido un golpe y su aspecto no es del todo presentable ante los ojos del cliente que realiza sus compras. También se desprenden de tetra briks de leche, de zumos y packs enteros de yogures que aún no han cumplido su fecha de caducidad, a falta de uno o dos días. En tiempos de crisis, estos pequeños detalles pasan inadvertidos y son más los que se apuntan a esta osada tarea.

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