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Poses y posicionamientos

Hay quienes, ante cualquier circunstancia cotidiana corren, raudos y veloces, a posicionarse mientras otros se decantan por adoptar una determinada pose. Los unos y los otros hacen que mucha gente se identifique con esas actitudes -reales o ficticias-, o se aposenten en la convicción de que las cosas sólo pueden ser de dos maneras. Blanco o negro; conmigo o contra mí. O sea, la solitaria dualidad.

Porque, vamos a ver, ¿a quién, con un mínimo sentido común, se le puede decir, sin sonrojarse, que Obama es un peligroso izquierdista?. ¿Quién puede llegar a pensar que un izquierdista –ni siquiera peligroso- puede llegar a algún sitio en Estados Unidos?. Solamente, porque supongo que no lo creerá, ha sido una pose de esa chica, mano derecha (¿más todavía?) de MacCain, para atemorizar a los estadounidenses que piensen en la exclusiva dualidad de las cosas. O ellos o el abismo. Fácil mensaje ya utilizado por otros y en otros rincones de la Tierra.

Además -haciendo un inciso y a propósito del candidato republicano a la Casa Blanca-, ¿no tuvo este hombre un asesor, cuando decidió meterse en política, que le aconsejara cambiarse, o variarse, el apellido?. Porque lo de (Mc) Cain, aunque sea sin acento, tiene un trago. ¿O no?.

Y al hilo de lo mismo, en España, muchas personas pudieran no entender que este señor pertenezca al Partido Republicano. Y, a lo peor, hasta adoptan equivocados posicionamientos porque ese nombrecico, aquí y por desconocimiento, tiene connotaciones izquierdistas -vamos, de eso que acusan a Obama-, ideología ésta a la que ni por forros pertenecían aquellos señores de la CEDA, también republicanos ellos.

Pero volvamos al tema. Ocurre lo mismo con la pose de progres que han adoptado a veces muchos de los que, durante el régimen franquista, se opusieron y lucharon contra la dictadura. Posicionarse contra aquella tropelía fascista no fue cosa sólo de rojos; los conservadores demócratas también disintieron. O sea, que no sólo había fascistas y rojos; había otras sensibilidades, otros posicionamientos que rompen la idea de dualidad.

Así mismo, de auténtica pose puede calificarse la teoría esgrimida por un historiador acerca de que la verdad histórica no es cosa de un juez. Vale. Pude convenirse en que la historia es cosa de historiadores. Pero qué hacer cuando los historiadores no coinciden. Porque a la vista está las diferentes versiones sobre episodios concretos de la historia más reciente, ante lo cual, ni siquiera la verdad histórica es cosa de historiadores. ¿De quién será, entonces, competencia.

Y si se refería este historiador, como así me lo parece, a la apertura de fosas, ¿qué competencia tienen los historiadores para negar el derecho de mucha gente a saber dónde están sus muertos?. Si no están –los historiadores, digo- en la órbita cristiana, qué más les da que se abran o se sellen fosas?. Y si lo están, demuéstrenlo y no nieguen el derecho de que a esos muertos se les pueda rendir el respeto y el cariño que, por ejemplo en estas fechas de festividades mortuorias, reciben los difuntos identificados, con papeles. Dicho lo dicho, cuando dos, tres o más historiadores no se ponen de acuerdo sobre una acción concreta, parte de esa verdad histórica –aunque no tanto-, ¿quién tiene que investigar para intentar la reconstrucción de ese aspecto histórico?. ¿Otro historiador?. Como dicen los usuarios del argot más actual, va a ser que no. O sea, que en este caso parece que no sólo es una pose. Tiene todos los visos de ser, además, un posicionamiento.

Guste o no, y aunque en algunas ocasiones salgan ranas y se revelen indignos de la profesión, en un estado de derecho es a los jueces a quienes más se les puede presumir de imparciales.

Bien, pues todo esto son, en definitiva, poses y posicionamientos que lo mismo sirven para un roto que para un descosío. Hay poses estudiadas y con claros fines, objetivos e intereses. Otras se interpretan solamente para escenificar histriónicamente el posicionamiento adoptado. Y diferentes son, también, los ejercientes de éstos. Desde quienes los adoptan de frente y por derecho hasta quienes, aún habiéndolos asumido, les molesta que se publicite. Y en esa actitud están, además, adoptando una pose. Falaz, pero, al fin y al cabo, una pose.

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