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De pifias y gazapos

Parece que la magia que envuelve al séptimo arte, tras su halo de glamour y su, en ocasiones, subyugante contenido artístico, nos sorprende en muchas ocasiones con anécdotas o gazapos, que consiguen hacerlo más humano, con su pequeñas y grandes miserias.

Porque, al fin y al cabo, todo tan bien ambientado y colocadito conforma en muchas ocasiones un film sin “personalidad”, donde la creatividad del director queda oculta por el embudo de la historia. Y, claro está, son las superproducciones de “cheque en blanco” como Titanic o El gladiador, las que se llevan el gato al agua en cuanto al número de pifias, a pesar de la exhaustiva documentación, donde se tiene en cuenta hasta el más insignificante detalle.

En El gladiador, parece que Ridley Scott quiso, como Julio Verne, reñir con el tiempo y dar un adelanto de lo que podía deparar el futuro. No es difícil ver un bidón de gasolina en uno de los combates o los volantes impresos que leen los romanos, cuando aún quedaba la friolera de 15 siglos para que Guttemberg inventara la imprenta.

Aunque, la franja de condensación de un avión que aparece sobre la cabeza de Crowe en una de las escenas, no desmerece en nada los gazapos anteriores. Y es que el cine es así, o si no que se lo digan a James Cameron, que con Titanic encabeza el ranking de la película con más pifias, unas 200, que no son pocas si se tiene en cuenta el desorbitado presupuesto con que contó este filme.

Es curioso que en Titanic – una película donde se hizo especial hincapié en la ambientación histórica -, el cuadro de nenúfares del francés Claude Monet, que forma parte del decorado de uno de los salones de primera clase, se terminó de pintar diez años después de que el Titanic, el verdadero, se hundiera en el Atlántico.

Pero es aún más llamativo, si cabe, un error en la segunda escena, o tal vez en la tercera… bueno eso da igual. En uno de los diálogos se hace referencia a la virtudes de una pintura que lleva consigo el personaje interpretado por Kate Winslet, “Las señoritas de Avignon”, de Pablo Picasso… Aunque si el cuadro se hundió con el barco, ya me dirán cómo ha llegado hasta nuestros días. Todo un misterio… ¿Qué tal una llamadita a Cameron para que nos lo explique?.

Tampoco se salva de la quema Robin Williams, cuando en “El club de los poetas muertos” parodia al personaje de Marlon Brando en “El Padrino”. El director de este filme, Peter Weir, pasó por alto que la película de Coppola se estrenó en 1972, unos veinte años después de cuando se desarrolla la acción, lo que conduce a un claro anacronismo. Pero este hecho no deja de ser un mero error de cálculo como ocurre en “Atrapado por su pasado”, cuando la novia de Al Pacino pide una coca-cola light, una bebida a la que aún le quedaban diez años para su comercialización.

Muy “pija” la chica de Al Pacino, no cabe duda; aunque en este sentido Madonna se lleva la palma en Evita. La cantante, metida a actriz de tres al cuarto, se cambia 85 veces de vestido durante esta película, usa 39 sombreros diferentes, 59 pares de pendientes, 45 pares de zapatos y 42 peinados distintos… Pardiez, no me extraña que el filme fuera un rotundo fracaso.

Y son muchas más las anécdotas que se pueden contar acerca de este fascinante mundo, pero mi tarjeta de escribiente no da para mucho más. Algo parecido, y ya para terminar, debió pensar Ingrid Bergman durante el rodaje de “Casablanca”, Humphrey era filmado siempre encima de una plataforma de palmo y medio de altura ya que la futura musa de Rossellini rondaba el metro ochenta de estatura mientras que el intérprete de “El Halcón Maltés” superaba apenas el metro sesenta, más o menos la altura del sex-simbol del cine Mel Gibson.

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