Periódico con noticias locales de Águilas, Lorca y Puerto Lumbreras

Las mujeres en el campo lorquino SS. XIX-XX PARTE II

Hoy continuamos a petición exclusiva de los lectores las interesantes biografías de dos mujeres que tomábamos como ejemplos para dar nuestras pinceladas de conocimiento sobre las mujeres en el Campo de Lorca en los dos últimos siglos, y que empezamos en el artículo de la semana pasada correspondiente a la parte I y que podéis consultar los que no lo habéis leído aun en la web de Internet la-actualidad.com.

Contábamos en un primer plano la historia de María Magdalena que vivió durante el Siglo XIX d.C. y sobre la que tenemos nuevos datos que muestran muy bien las vivencias de una mujer lorquina de su tiempo en nuestro campo. Su marido se llamaba Juan José cayuela, se casaron bajo el rito católico. Juan José, su marido, era agricultor, y tenía un amante de origen argentino, Juan José obligo a vender las tierras que María Magdalena poseía en donde vivían, en diputación del rio, para pagar sus deudas de adicción al juego, por el que llego a endeudarse de tal manera que le embargaron los animales de sus tierras para el trabajo agrario. Hay que señalar que Juan José quería ganar dinero a través del juego pensando como muchos otros de la época mejorar el nivel de vida de su familia pero llego a endeudarse como hemos dicho anteriormente. Por eso comentábamos en el artículo anterior que María Magdalena se traslado a Camino de Feli, en la pedanía de Purias como consecuencia de la venta de las tierras para pagar dichas deudas de su marido Juan José. María Magdalena murió con 90 años trabajando en su oficio de partera y cual último parto al que asistió fue al de su bisnieto, el cual llevo de manera increíblemente bien para su avanzada edad. Contamos ahora más con la Historia de la descendiente de María Magdalena que era Antonia, mujer increíble de muy fuerte carácter como ya apuntemos en la I parte de esta historia en el artículo de la semana pasada. Pues Antonia sabía tocar la guitarra y las postizas típicas de nuestra tierra, bailaba muy bien, en concreto se le daba genial las malagueñas. Después de una larga jornada de trabajo muy duro de sol a sol en el campo tenían ganas de disfrutar del cante y el baile propio de la tradición lorquina. Murió a los 88 años. Dato este último muy significativo que demuestra una vez más que pese a la dura vida del campo lorquino, la esperanza de vida era muy alta por aquellas épocas ya en el género femenino más que en el masculino, tendencia que llega hasta nuestros días según los diversos estudios de población. Antonia tenía tan buena vista, que hasta incluso con sus más de 80 años llegaba a enhebrar una aguja sin gafas confeccionando bellas prendas. Con esto damos por finalizada la historia de estas dos mujeres con las que a través de algunas de sus vivencias, tanto por parte de María Magdalena en el siglo XIX como por parte de Antonia a lo largo del siglo XX han mostrado ciertas pinceladas de conocimiento para que nos hagamos una idea de cómo fue y es en algunas casos de nuestra Lorca la vida de las mujeres en el Campo a través de nuestra historia reciente.

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