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Genial Carmen Machi

Desgraciadamente, muchas veces conocemos a los actores por la interpretación de un personaje de ficción que hace que nos agolpemos delante del televisor. Es el caso de muchos de los intérpretes que han pasado por la pequeña pantalla y que, con series de indudable éxito, han amenizado tardes o noches antes o después de la cena. Muchos de ellos han pasado por la televisión y después se han adentrado en el mundo del cine y algunos han intentado desprenderse del encasillamiento al que lo tenía sometido la serie en cuestión para acceder a un mundo más etéreo como el del teatro.

Este es el caso particular de Carmen Machi, al que la mayoría conocemos por su papel de fregona en “Siete Vidas” y que años después disfrutó de su propia serie, “Aída”. Porque para muchos de nosotros, Aída representaba esa mujer fracasada en el amor, en el trabajo, en la familia y que calladamente vemos a diario y que la serie nos representaba, a pesar de todo, con un humor increíble. Ese papel lo bordada semana tras semana y nos introducía en un mundo de vicisitudes familiares y laborales en donde siempre intentaba salirse con la suya. Su aspecto físico tampoco la ayudaba, pero su adicción al alcohol que logró dejar tras su paso por los grupos de alcohólicos anónimos, intentaba paliar sin éxito sus desengaños.

Pero Aída evoluciona y deja el bar para enseñarnos su barrio lleno de yonkis y de gente inmersa en más problemas si cabe que ella misma. Sus amigos se convierten en enemigos y viceversa y sus problemas familiares se acrecientan. Pero esta evolución intrínseca produce la conversión de Aída en Carmen Machi, en un pedazo de actriz que sale a la palestra con un papel tan marcadamente absurdo como real: una tortuga. Porque para los que todavía no lo sepan, Carmen Machi se pone en la piel de una tortuga bicentenaria en “La tortuga de Darwin”. Con texto de Juan Mayorga, reciente Premio Nacional de Teatro y dirección de Ernesto Caballero, Carmen Machi, rodeada de tres excelentes actores, está impecable. Sus innumerables gesticulaciones y torsiones del cuerpo aún hacen más impresionante su actuación.

Aunque también cabe resaltar el innegable valor del texto que durante dos horas y prácticamente convirtiéndose en un monólogo, nos hace un repaso de la historia de los últimos doscientos años. Con altas dosis de dramatismo y con algunos momentos de humor, Carmen Machi, la tortuga que evolucionó hasta convertirse en un ser humano, con capacidad para discernir y para hablar, logra que las dos horas del espectáculo pasen como una nube. La tortuga Harriet solamente quiere volver a las Galápagos y a cambio ofrece toda su sabiduría a un historiador que ha escrito varios volúmenes con importantes erratas. Pero los seres humanos son muy malos y solamente quieren aprovecharse de ella. Su gran valor, el haber estado al lado de grandes momentos de la humanidad, le confieren un status diferente, que, desgraciadamente, es manipulado por las personas a las que tiene la mala suerte de conocer.

Además de la puesta en escena y de la actuación de Carmen Machi hay que valorar especialmente, pues, lo sublime del texto donde, como si de una película se tratara, pasan por delante nuestro momentos de la historia de una crueldad apabullante que nos hace pensar que verdaderamente la raza humana es la menos inteligente de todas. Nada nuevo que sepamos, pero que es visto por un espécimen que desea una y otra vez volver con los suyos después del desagradable paso por la raza humana.

“La tortuga de Darwin” se pasea por España con un éxito impresionante y que representa un antes y un después en la carrera profesional de Carmen Machi; una Carmen Machi que, además de demostrarnos que es capaz de despojarse del disfraz de Aída, tiene una calidad humana también impresionante. Después de visionar la obra estuvimos mi familia y yo esperando su salida. Tardó casi una hora pero valió la pena. Su sonrisa, su simpatía arrolladora y su amabilidad quedaron patentes después del agotador esfuerzo sufrido en escena. Las pocas personas que la esperábamos pudimos hablar, hacernos fotos y ofrecerle nuestros bolígrafos para que así se plasmara su buen corazón. Esperemos que ese éxito que ya ha alcanzado perdure en los años y que los que todavía no han disfrutado de esa magnífica interpretación viajen por la red para averiguar donde se encuentra “La tortuga de Darwin”.

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