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Pepe el churubito

No hace mucho, Antonio Navarro García, que fuera árbitro de fútbol, me pasó un documento en el que se hace constar que el día 6 de enero de 1962, en el mítico y vetusto estadio de El Rubial, se jugó un partido entre el Murcia y el Águilas de juveniles, cuyo resultado fue de 1 a 1, con gran gol de volea de quien escribe este artículo. Y me hace constar Antonio, el Pitodo, que la alineación nuestra estaba formada en la portería por José Asensio Gálvez mientras que la defensa la componían Domingo Jódar Piñero, Lorenzo Escarabajal Meca, Manuel Maside Perujo. La media estaba en los pies de Antonio Navarro García y Blas Martínez López mientras que la peligrosa delantera la fortalecíamos José Segovia Morales, José Nieto, Ruiz, un servidor en papel de Higuain, José Ponce Martínez y Diego Jiménez Barberá, el Cales, para más detalles.
Apenas recuerdo nada de aquel encuentro salvo que eran los contrarios gentes fornidas y, sin embargo, se llenan de evocaciones con la lectura de aquellos que me acompañaron en aquella jornada gloriosa en la que no sucumbimos ante la adversidad de los que luego podían ser los campeones de grupo, de provincia y hasta de la nacional. Aquellos años eran ávidos de canteranos en las lides capitalinas -asistían más espectadores a los partidos de juveniles que a los profesionales- y nosotros éramos un simple grupo de muchachos que apenas se estrenaba una vez cada semana, si llegaba el caso. Pero si tengo recuerdos de muchos de aquellos que han seguido siendo amigos, con los que compartido muchos momentos, anécdotas, sucesos, alguna de ellos dignos de ser olvidados incluso, como aquella que ocurrió en el viejo Molinete de Cartagena.
De todos ellos, quiero fijar hoy la atención en el portero José Asensio Gálvez, que para nosotros era Pepe y para otros muchos más apodado el Churubito, apodo que procedía de origen familiar, tal como sucede en los pueblos, que todo se hereda. desde el mote a las costumbres. Y debo decir que pocas veces en mi vida he sentido una emoción mayor como aquel día que, no recuerdo si fue por una gangrena o una septicemia brutal, falleció aquel joven, alto y espigado, que jugaba con nosotros y que participaba activamente en todos los encuentros, que vivía con especial intensidad el mundo del deporte, una auténtica enciclopedia que llevaba en mente las clasificaciones de los equipos de todas las divisiones, que sabía el calendario nacional y regional de memoria, que nos anticipaba los lugares adonde íbamos a jugar, los goleadores de la semana, los pichichis de España, también los de la región de Murcia, los de Águilas, una enciclopedia viva, con una memoria prodigiosa, de la misma manera que lo hacían Luis Andreu (no sé si ese día no jugó, estaba lesionado) o Mateo Cerdán, auténticas biblias del fútbol de entonces.
José Asensio, Pepe el Churubito, era hijo del prudente Pepe, barbero y músico, y ayudaba, ejercía de aprendiz -tal como ocurría en aquellos días que se heredaba también el oficio – para cuando creciera, en la calle Cassola, al lado de la joyería de los Roches. Y tanto uno como otro tenían buen oído y tocaban la flauta o la travesera, vestido de gris o de azul marino, en la banda municipal los domingos mientras que cada tarde noche, se adiestraba en el Patronato, frente al cine Ideal, no lejos de donde aprendía el oficio. Pero siempre tenía tiempo para situarse por la mañana o por la tarde delante del portón de MIguel, el camarero del casino, adonde procurábamos fusilarlo con balonazos que procuraba detener con su cuerpo ágil, con su vista larga y con los especiales reflejos que poseía. Vivo y nervioso, azorado, no sentía temor ante los cañonazos ni la aspereza de los tiros. Tampoco su pelo rizado, ondulado, se desmelenaba cuando era asediado por los gritos de la tribu futbolera. Era valiente y arriesgado y muchas veces lo vi lanzarse a los pies de los enemigos en territorio hostil sin temer perjuicio ni peligro que, desgraciadamente, como digo, le vino pronto, demasiado pronto, porque hoy en día Pepe Asensio Galvez, Pepe el Churubito, hubiera sido memoria viva de aquellos años en los que jugábamos contra el Murcia, el Naval, el San Lorenzo o el Yeclano. La Parca se lo llevó sin dejarle jugar apenas una parte del partido.

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