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Bajas ventas en los puestos del mercado semanal

La mayoría de comerciantes se muestran insatisfechos con el cambio de lugar

Mercado semanal

Imagen del mercado semanal del pasado sábado

Tras siete meses instalados en el nuevo recinto, cercano a la zona de “La Virgencica”, los comerciantes del mercado semanal continúan sin estar contentos con el traslado.

La mayoría de comerciantes coinciden en que las ventas han disminuido considerablemente, así Isabel Ortega Martínez, propietaria de un puesto de ropa en el mercado, afirma que “he perdido doce mil euros con respecto a las ventas que conseguía con el puesto en el mercado anterior”.

Los tenderos creen que la disminución de demanda se debe a que el nuevo recinto está muy retirado y por ello “la gente mayor no puede venir porque no tiene coche o no puede subir al autobús, además las personas que vienen no llenan el carro para no tener que cargar con él” apunta Antonio José Fernández desde su puesto de verduras.

Otra de las quejas está relacionada con la disposición del nuevo mercado puesto que han separado los diferentes puestos de comestibles por lo que la gente no ve todos y dificulta la venta. Desde pastelería Versol, por su parte, manifiestan que “nos va bien, pero no es así en el resto de puestos. En el centro del pueblo todo el mundo venía al mercado pero ahora muchos no tienen tiempo”.

Un cambio necesario

Pese a que la mayor parte de los comerciantes se muestran insatisfechos con el cambio de ubicación del mercado semanal lo cierto es que el traslado se había convertido en algo necesario, ya que el antiguo emplazamiento del mismo no reunía las medidas mínimas de seguridad y convertían la zona cada sábado en una “ratonera” sin ningún tipo de acceso en caso de emergencia.

Una denuncia que había sido realizada en numerosas ocasiones por los sanitarios aguileños que se sentían incapaces de hacer frente a cualquier incidente que pudiera producirse en la zona.

Asimismo, vecinos de la zona en la que se ubicaba el antiguo mercado consultados por este rotativo han mostrado su satisfacción con el traslado ya que las molestias que ocasionaba era innumerables. “A las seis de la mañana comenzaban los ruidos del montaje de los puestos, pero eso no era lo peor, lo más grave es que los tenderetes dejaban cerradas las cocheras con lo que o dejabas el coche fuera o durante el sábado no podías contar con él”, apunta Pedro López, vecino de la zona.

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