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Los okupas, un nuevo problema que acecha a numerosos barrios de Águilas

gatoEntran en casas desocupadas dando una patada a la puerta, de ahí el sobrenombre por el que les conoce. Una vez dentro del inmueble siembran el miedo del vecindario con sus actos
Águilas, aún siendo una población pequeña, no se libra, desgraciadamente, de unos nuevos modelos de vida que se dan en zonas más súper pobladas y que hasta ahora eran algo desconocido en el municipio.
Estamos hablando del fenómeno “okupa”, una circunstancia a veces comprensible, otras veces incómoda y en ocasiones, hasta peligrosa para los vecinos.
Desde que comenzó la crisis, con los despidos y los desahucios, son muchas las personas que se han quedado sin un hogar y han decidido “okupar” un inmueble. Esto significa que han dado una patada, literalmente, a una vivienda propiedad de otras personas y se han quedado a vivir allí. Han llevado a sus familiares o amigos con ellos y utilizan esos inmuebles sin nigún tipo de reparo, como si fueran suyos.
Y es que no todos los casos de okupación han de verse desde el punto de vista del victimismo, de la pena y de la comprensión, ya que existen un número de barrios de Águilas totalmente atemorizados por las prácticas nada éticas de sus recién estrenados vecinos okupas.
Barrios que antaño fueron zonas muy tranquilas, donde los abuelos sacaban sus sillas a la calles para ver como sus nietos juagaban a la pelota o al elástico, han quedado relegados al silencio y a la suciedad de sus calles.
Vecinos de una de las zonas afectadas por este fenómeno, la Calle Balsa, los cuáles por motivos de seguridad prefieren mantenerse en el anonimato, han declarado a La Actualidad no estar acostumbrados al cambio radical que ha sufrido el barrio en los dos últimos años, transformándose en una zona poco segura en la que, a menudo, suelen merodear personas con dudosas intenciones, que hacen ruidos molestos hasta altas horas y lo ensucian todo, llegando incluso a hacer fuego en medio de la calle.
La situación es tan dramática, que algunos vecinos que acaban de heredar un inmueble en dicha zona están sopesando vender o simplemente esperar antes de ir a vivir a la que fuera la casa de sus padres o abuelos, porque no se sienten seguros en el barrio.
Es normal que las ciudades y pueblos, a medida que experimentan un crecimiento, asuman cambios en su morfología, pero hay que preguntarse qué opciones tienen los vecinos de estas zonas, antaño llenas de mecedoras en la puerta, que ahora ven como su barrio de toda la vida se ha convertido en una zona insegura, sucia y llena de gente a la que ni conocen ni pueden llegar a considerar vecinos, sobre todo porque los okupas rompen puertas, ventanas y demás obstáculos que puedan obstruírles la entrada al inmueble a okupar.
De este modo, casas bajas de toda la vida, con sus fachadas modestas pintadas a mano por sus propietarios o simplemente azulejadas, se han convertido en tugurios sucios y malolientes repletos de numerosos inquilinos, que viven en ellas de cualquier manera, haciendo fuego dentro del inmueble e incluso en la calle, llenándolo todo de restos de cajas de cartón.
Algunos vecinos temen que se estén llevando a cabo actos delictivos en estas viviendas okupadas y es por esto por lo que han decidido ponerse en contacto con este medio de comunicación, para denunciar de un modo anónimo lo que está sucediendo en las calles en las que se criaron no hace muchos años.
Tienen miedo a que su barrio, de siempre tranquilo, se haya transformado, sin remedio, en una zona mala del municipio.

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