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La Navidad ya está cerca

Hemos tenido un mes de Noviembre más que primaveral, rallando al verano por la temperatura inusual que hemos tenido , aunque la beneficiosa lluvia ha hecho su aparición en dos ocasiones llenando los campos de una pincelada verde inisual en tiempos de sequía.
Este templado tiempo que hemos tenido es la causa de que los comercios no se notaba en sus clientes las compras para celebrar estas próximas fiestas navideñas que ya están a la vuelta de la esquina..
Ya en la festividad de la Inmaculada las calles aguileñas se vistieron de luces multicolores, la Glorieta es un encanto contemplar sus adornos tradicionales y los comercios se respira ese espíritu navideño con los árboles y nacimientos que para nosotros es más auténtico que la figura de “Papá Noel”, que como tantas cosas nos viene de fuera con sus barbas blancas y su trineo surcando las rutas nevadas de la Europa del Norte.

La fiesta cristiana de la Navidad se remonta al siglo IV de nuestra era en la época del Emperador romano Constantino, el cual antes de convertirse a la doctrina de Cristo, adoraba al dios Sol, representado por Apolo. Él decía que Cristo era el sol invicto, y como la fiesta de esta victoria del astro rey se celebraba el 25 de Diciembre, la Iglesia no tuvo reparo en admitir este dia como el nacimiento del Mesías esperado. No en balde el padre del Bautista Zacarías llama al futuro Mesías, “ el sol que nace de lo alto” (Luc.1.68ss.).
Observamos que el gobierno que rige los destinos de España se confiesa laico, y no es propicio a esta celebración cristiana de la Navidad. Incluso en Sevilla, el concejal de cultura de su Ayuntamiento, ha declarado que de Navidad , nada, que en las próximas fechas será la fiesta del” solsticio de invierno”. Verdaderamente que denota una falta de sensibilidad que por suerte no se da en muchas partes.
Hay que considerar que el Laicismo como doctrina prescinde de toda influencia eclesiástica o religiosa , pero esto no nos debe de llevar a un enfrentamiento entre el poder civil y los ciudadanos creyentes, que en un estado de Derecho y Democrático como es el nuestro, debe de respetar toda creencia religiosa, con especial atención a las normas de la Constitución .
Así pues la Navidad es para el creyente el Enmanuel, que significa el Amor de Dios con nosotros. Eso es el núcleo central del Evangelio. De ahí se origina el gozo y paz en nuestro interior como base fundamental de toda felicidad humana. Para el no creyente, pero de buena voluntad, la Navidad ,es el tiempo de reunirse con sus seres queridos y alrededor de la mesa de sus mayores , si los hay en vida, siendo la ocasión de recordar tiempos pasados de querencia familiar aunque no de abundancia como la tenemos hoy en la sociedad de consumo que nos ha tocado vivir.
Los que estamos en el otoño de nuestra vida, revivimos aquellos tiempos de la posguerra, donde el frío era ,más intenso porque el estómago nunca se veía satisfecho y las calorías de nuestro organismo siempre estaba bajo mínimos. Por eso al llegar esta entrañable fiesta navideña, unos meses antes se ahorraba lo que se podía para luego gastarlo en una mejor comida con abundancia de pan, y como postre unos variados dulces caseros que era la delicia de propios y extraños. En aquellos tiempos había más unión entre la familia , vecinos y amistades, y todos eran obsequiados con los ricos mantecados, alfajores, o tortas de Pascua, tan sabrosas con un tazón de leche y café de cebada tostada. Y si venía la Hermandad con su música de cuerda, enarbolando su estandarte, los miembros eran obsequiados con esta variedad de dulces caseros que durante su hechura, las calles de Águilas eran inundadas de ese exquisito olor que a los viandantes se nos hacía la boca agua.
La música de cuerda de estas hermandades ponían un colorido muy especial en estos entrañables días en las calles de Águilas , portando sus estandartes con la imagen de la Virgen de los Dolores o de las Animas. Además habían dos más en la Marina de Cope como eran la de Calabardina que rivalizaba con la segunda de la Cuesta de Gos y el Garrobillo . La primera subia el dia de los Inocentes a la ermita del Garrotillo, con su estandarte adornado con un gran pulpo oreado , manifestando de esta forma que los componentes eran miembros de la antigua Almadraba. Los guiones rivalizaban en sus pascuas improvisadas en las casas en donde eran bienvenidos, y después del obsequio de rigor y la limosna compartida , se marchaban con el acompañamiento de sus incondicionales . Mas si en ese lugar había algún luto, no riguroso , se improvisaba algunas pascual en sufragio y memoria del difunto,

¡¡Oh aquellos tiempos de la mitad del siglo XX en donde los niños íbamos a cantar ante los contados belenes domésticos ¡ ¡ Con todo amor el ama de casa nos ofrecía la bandeja de golosinas navideñas que nos sabía a gloria. Todo un acontecimiento que nos sacaba de la rutina de la escasez durante todo el tiempo del año.
Y junto a la mesa de camilla, en donde estaba el brasero de cáscara de almendra , grandes y pequeños, acompañados de zambombas, platillos y panderetas, cantaban las pascuas aguileñas después de calentarse los mayores con unas cuentas copas de anís con esas delicias que con amor las amas de hogar habían preparado con tanto esmero.

La alegría propia de la Navidad, se resume en esta letra de un villancico célebre:
Oh Santísimo, oh Felicicísimo/ Grato tiempo de Navidad
Al mundo perdido/ Cristo le ha nacido
Alegría, Alegría , gozo y paz…..

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