Como aficionado a la fotografía conozco que uno de los puntos principales para realizar fotografías es la cuestión del enfoque. En las cámaras clásicas, enfocar perfectamente es imprescindible como paso básico, más que nada porque después , en laboratorio , no se puede resolver un mal enfoque. En la actualidad, entre los auto-focos y las cámaras digitales, esta cuestión ya te la dan resuelta.
Sirva esta introducción como ejemplo para lo siguiente. A veces los puntos clave de un acontecimiento no es el que la prensa nos pretende dar. Incluso nos podemos engañar a nosotros mismos cuando interpretamos una noticia de modo erróneo. Casi siempre, los prejuicios van por delante de nuestra capacidad de conocer y valorar aquello con lo que nos enfrentamos : a enfocar bien.
Muchas veces se trata de algo próximo a nuestras vidas y a las cuestiones cercanas , que nos rodean , que forman parte de nuestra relación con los demás ; otras veces se trata de acontecimientos más lejanos pero que podemos y debemos interpretar adecuadamente para no acabar siendo unos confundidos o unos radicales.
Como ejemplos de esta “extraña” teoría se me ocurren varios.
Hace poco hubo un montón de muertos en Afganistán por las protestas contra el tratamiento que está teniendo el Corán en las prisiones norteamericanas. Aunque, como cualquier persona sensible , estamos más cerca de los oprimidos que de los yanquis, la cuestión no es si se reprime de un modo salvaje una manifestación islámica, si realmente se tiran los coranes al water, si se hace guasa con ellos.
No, creo que el enfoque correcto es : ¿por qué se le da a un libro la importancia que no tiene ? , ¿ por qué sirven algunos libros ,aún , para justificar tantas muertes desde hace tanto tiempo ?
Ni la Biblia ni el Corán merecen que nos matemos unos a otros . A no ser que fueran escritos para la cosa del control demográfico ( que para eso sí que están haciendo un papel excelente ) , los libros ( cualesquiera que sean ) no pueden usarse de argumento para ejecutar, asesinar o avasallar. Lo curioso es que después de 2000 años uno y 1500 el otro todavía alguien los pone por encima del ser humano, con muchos más derechos y como entes más inviolables que la misma persona. Extraordinario. Tanto tiempo y no hemos adelantado nada desde la época de las lapidaciones. Si Nerón levantara la cabeza podría gobernar todavía en varios países que yo me se.
Ahora me voy a un ejemplo más cercano y más doloroso : el tema de los violadores de bebés ( entre ellos un hijoputa murciano , que no nos privamos de nada ). Una cuestión es que un degenerado como éste viole a más de 100 niños de 1 a 10 años, otra es que haga uso de internet para repartir las imágenes por el mundo, otra es que ya había dado indicios antes y nadie le había echado mano al cuello. Para mí, un enfoque más correcto empieza por revisar tres cosas :
1.-¿ hay , en Murcia, 100 padres y 100 madres que no se enteran de qué les hacen a sus hijos ? , ¿ es que no son capaces de captar que meten a un degenerado en su casa , le dan las llaves y , además , le pagan ? , ¿ son padres que tienen que salir de marcha a costa de los riesgos para sus hijos ?
La cuestión no es que haya degenerados, que cada día salen a la palestra, la cuestión es que hay muchos padres irresponsables que no se enteran.
2.-La otra cuestión clave es : ¿cuanto tiempo van a estar estos degenerados en la cárcel?
¿ quién piensa todavía que se pueden recuperar para la sociedad ? . Normalmente esto solo lo tienen claro los jueces de vigilancia penitenciaria (posiblemente gentes sin hijos).
3.- Última cuestión : ¿ no les corre sangre por la venas a esos papás “modelo” que no les esperan a la salida de la cárcel, en el primer permiso de fin de semana, para mostrarles su “agradecimiento” por tratar con tanto cariño a su hijo.
Os voy a contar hoy una extraña historia. Si la leyerais como obra de ficción firmada por un novelista de éxito, os admiraría, queridos lectores, la inventiva de su autor, a quien en todo caso le achacaríais falta de verosimilitud. Claro es que al arte todo le está permitido, y sobre esta afirmación, sobre su significado y licitud, habremos de volver más adelante.
El relato de nuestro fabulador, que habría que encuadrar en un género de fantasía terrorífica, o anti-utopía de anticipación, un poco al estilo del MUNDO FELIZ, de Aldoux Huxley, o del 1.984 de George Orwell, daría comienzo más o menos así:
Érase una vez una república, llena de historia y riqueza, llena de arte, con un pasado tan turbulento como esplendoroso y un presente próspero aunque sembrado de conflictos, que eran la semilla de graves incertidumbres sobre su futuro. En aquella república, que salía de un terrible conflicto armado, había grandes dosis de amargura y desencanto, grandes heridas colectivas que aún no habían cicatrizado, y, aunque los negocios iban bien y la sociedad se enriquecía, el futuro daba miedo, no ofrecía garantías ni seguridades.
En circunstancias similares de crisis histórica en el pasado, el pueblo de la república había encontrado en el arte; en el teatro, en la música, en la arquitectura y la pintura consuelo y refugio, solaz y esparcimiento. Así habían acontecido las edades doradas y siglos de oro de la pintura, la literatura o la poesía, para deleite de los tiempos presentes y gloria de los tiempos por venir.
Pero en aquella república, un grupo de hombres influyentes y perversos decidieron que no serían así las cosas de nuevo. Y, alimentados por las angustias del momento, inspirados por ellas, decidieron sumir a su pueblo en la amargura y la tristeza, bajo el pretexto de una enfermiza concepción pedagógica de la libertad y la verdad.
“¡Despertad, abrid los ojos!”, proclamaron. “El arte del pasado está superado, muerto, no va con los tiempos. Nosotros os daremos un arte nuevo, acorde con la verdad de la vida, que los recientes acontecimientos políticos se han encargado de manifestar. ¡Muerte a la tradición, vivan las vanguardias!.
Proclamaron también que “había que ser absolutamente modernos” y que “el Ford T era más bello que la Victoria de Samotracia”. Armados con estas perlas y con otras del mismo estilo, y con un lenguaje de corte militarista y radical (se habló mucho entonces) de estrategias y vanguardias, de avanzadillas y militancia, de revolución, de guerra a las concepciones burguesas de la vida y del arte) aquellos conjurados sembraron tal desconcierto en las confundidas mentes de los ciudadanos de la república que los hicieron renegar de la tradición y del sentido, de la armonía y de la belleza. Tan bien supieron jugar sus cartas, tanto y tan bien manipularon, adulándolas, a aquellas masas ya tocadas por el universal nihilismo de los tiempos, que las hicieron aceptar que “menos es más”, que lo blanco es negro, que el talento y la maestría son negativos y estériles, que esforzarse por la belleza es una pérdida de tiempo, que “el ornamento es delito”. Los cánones clásicos y eternos de armonía y proporción se arrinconaron en el desván de los trastos viejos, cosas ya tan superadas como las sangrías de los médicos o la extracción de la piedra de la locura.
Sedujeron, adularon, compraron, descalificaron, sobornaron, amenazaron, engañaron casi siempre, y al final triunfaron, como maestros que eran del eslogan y la propaganda, con su cohorte de críticos inventando teorías y propuestas “ad hoc” de modo que, al cabo, era arte únicamente lo que los críticos calificaban como tal, al margen del gusto o del mero buen sentido de los ciudadanos, convertidos en espectadores pasivos ajenos a ese juego conceptual del arte que se les había impuesto.
Y así, las ciudades se vieron invadidas por grandes contenedores de habitáculos: colosales prismas repetitivos o apilamientos informes, donde antes había habido edificios; los urinarios y los cuadrados blancos sobre fondo blanco encontraron lugar de honor en museos y centros culturales. En las galerías de arte pudieron verse grandes lienzos cruzados por chafarrinones de pintura que pasaban por ser Brigitte Bardot o la Santísima Trinidad, cadáveres humanos o animales embalsamados, tarros con la mierda del artista, o al propio artista exponiendo su “no obra” en una galería vacía hasta de polvo.
El “Retablo de las Maravillas” triunfó y tomó como escenario privilegiado el solar entero de la república. Y todo fueron vanidades y oropeles, genuflexiones y ditirambos del pueblo entero, celebrando el lujo y el esplendor vestimentario de esa nueva corte en la no sólo el rey, sino todos los miembros de su compañía y séquito, hasta el último mayordomo o lacayo, todos iban desnudos.
En mi pueblo hablamos de una forma algo especial, según las circunstancias de cada momento o situación. Por ejemplo, cuando hablamos de un sujeto poco avispado y bastante torpón le llamamos directamente “tontolpijo” , por lo que da la tierra.
Cuando, por otra parte, nos referimos a un sujeto que hace un uso perverso de la condición de desinformado o poco ilustrado, le llamamos “ el tontolputo” , porque suele beneficiarse del despiste o de la compasión de los demás.
Y luego ya , cuando nos referimos a alguien que tiene una “taba” , o una fijación en algo concreto, que no merece la importancia que le da, entonces le aplicamos un complemento que retrata la fijación: en ese caso tenemos como ejemplo al “tonto-las-banderas” que podemos personalizar, en el momento actual, en ese tío pequeñajo con bigote Groucho que se llama Carod Rovira.
Es cierto que ya hubo precedentes con las torrijas por las banderas que nos dejaron boquiabiertos hace años, como la cuestión sobre qué banderas debían estar en los Ayuntamientos de las provincias vascongadas en las fiestas de verano. La verdad es que las discusiones entre los jóvenes del pueblo estaban más en si estaba la icurriña o la bandera española, en cual era más grande y en tonterías por el estilo que en si se tiraba una vaca o una cabra desde el campanario de la iglesia. Se podía, al parecer, llegar a un acuerdo mejor en el segundo caso que el primero.
Pero lo de esta semana pasada con el tal Carod nos deja aún más en la duda de si realmente es un payaso frustrado o si es que cada vez que sale de España, su país, su fin primordial es dejarnos en evidencia.
Acudir a un acto para reconocer el sufrimiento judío por el holocausto y homenajear a Isaac Rabin y hacer la espantada porque no estaba la bandera de una pequeña región española está tan cerca de una posibilidad como de la otra.
A los extranjeros, que suelen tener problemas más importantes que nosotros ( y especialmente los israelitas ) se les debe poner la cara a cuadros cuando un elemento como éste que exportamos les dice que no puede estar si no está su bandera :
–“…pero hombre si tenemos la española, que tiene los mismos colores pero con las rayas más gordas……” ,
–“….que no, que si no hay Casera, me voy…..”
Algún complejo de inferioridad oculto o mal resuelto debe explicar que este hombre haga lo posible por buscar portadas de telediarios. Si no, que me lo cuenten.
A ver si Ibarra se va a molestar cada vez que no se hable de las cerezas del Jerte.
A ver si Valcárcel se va a levantar de la mesa cada vez que no hay pimientos en la ensalada.
A ver si Esperanza Aguirre se va a ir cada vez que no se baile un chotis.
A ver si Ibarreche se va a molestar cada vez que no le reciba el capitán de la guardia civil de cada pueblo que visita. Bueno, quizá éste no haya sido un ejemplo acertado.
El caso es que al del bigote gordo habrá que empezar a pensar en sacarlo con correa, que se mea en cualquier sitio, con perdón.
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