Esta manifestación congregó a unas dos mil personas, provenientes de toda la Región, que de modo pacífico y festivo marcharon de la Torre de Cope a la playa de Calabardina, donde se concentraron y se leyó un manifiesto en defensa del litoral, que fue muy bien recibido por los bañistas que se encontraban en la playa en ese momento.
El motivo de la participación de los Socialistas aguileños en esta manifestación fue, una vez más, la denuncia pública del desarrollismo desmedido y especulativo que promueve el Partido Popular y que supondrá una losa muy pesada para el desarrollo económico y social de la localidad, hipotecando el futuro de los aguileños en favor de sus amiguetes.
Los Socialistas aguileños han estado y estarán con los ciudadanos en defensa de sus intereses, que no pasan por las políticas de recalificación y ladrillo para segunda residencia que promueve el Partido Popular desde el Ayuntamiento.
Ante los mensajes insidiosos e interesados que lanzan desde el Partido Popular, la Agrupación Socialista de Águilas quiere dejar claro su actitud favorable y responsable por un desarrollo turístico sostenible, de calidad y respetuoso con el medio que nos rodea; un desarrollo turístico que genere mano de obra cualificada y un empleo estable, sin que por ello tenga que resentirse ningún otro sector económico de la localidad, huyendo de un modelo especulativo ya caduco, más propio de otras épocas felizmente olvidadas. Este modelo lo único que reportará son unos cuantos ricos, pero no generará riqueza en la ciudadanía, sino un mayor endeudamiento y un empleo cada vez más precario y peor pagado, como demuestran los datos ya existentes, que ponen de manifiesto que la Región de Murcia es la Comunidad Autónoma con la renta laboral más baja y con el mayor grado de endeudamiento de los ciudadanos.
Por eso, desde la Agrupación Socialista de Águilas queremos alertar a los aguileños, para que no caigan en la propaganda y los mensajes vacíos del Partido Popular, que lo único que buscan es favorecer a sus amiguetes, que a la postre son a los que se deben y los que realmente nos gobiernan en Águilas y en la Región de Murcia.
No debemos confundir los términos “desarrollo y turismo”, con “especulación y ladrillo”, ya que las políticas que desarrolla el Partido Popular, lejos de traer un turismo de calidad que invierta en nuestro municipio, buscan un turismo residencial de menor calidad que masifique nuestros servicios públicos y apenas genere puestos de trabajo.
El atentado del 11 de marzo ha traído consigo, (como cualquier suceso trágico de tamaña magnitud), nuevas y siempre desgraciadas voces a los diccionarios. No cabe duda que cuesta acuñar estos recién nacidos vocablos por lo terrible que resulta aceptar aún sobrenombres al sufrimiento y al dolor; sin más, sólo porque cuando algo desborda los cauces del léxico, es inevitable que así suceda.
El pretendido neologismo “autor intelectual de los hechos”, cuando se trata de buscar a un asesino o presuntos asesinos en este caso, suena a una perífrasis tan vacía de contenido que pondría en peligro la semántica de cualquier lengua que se precie de tal.
Claro que para cierta estirpe de lingüistas, cuyo objetivo es hacer crecer su ámbito a costa de lo que sea, el parir términos que no comuniquen nada, sino ver justificado el sueldo que por ello le pagan, es más que suficiente. Sin embargo, para calificar su trabajo no es necesario inventar palabras. Bastaría con decir “demagogia” y en la mayoría de los casos “mal hecha”; porque para que algo así no resulte creíble, ya hay que ser un profesional nefasto.
Hace poco, un amigo mío decía -refiriéndose al debate sobre los símbolos franquistas-, que bien podía simplificarse el asunto dejando todo como está, aunque matizando la información sobre los personajes. Así, a la placa en donde rece: “Calle general Mola”, solo habría que añadirle un sufijo para que su evocación reflejase la verdad histórica: “Calle del general Mola, el traidor”. La estatua madrileña del general Franco, podría seguir donde mismo con una reforma insignificante en su rotulación de tipo: “General Franco, el dictador”; reservando para el general Yagüe el acreditado sustantivo de “el carnicero de Badajoz”. Y así todos contentos.
Sin embargo ya imagino que, haciendo realidad aquello que “antes muerta que sencilla”, algunos fachas irredentos preferirían ver sus símbolos del alma hechos gravilla de obras públicas, que sirviendo para ilustrar a sus conciudadanos sobre los perfiles nada ejemplares de aquella caterva de traidores, que sumieron a España en una guerra civil y avalaron una dictadura de afectó a tres generaciones de paisanos nuestros.
“Los símbolos franquistas son parte de nuestra historia” alegan, con razón, quiénes postulan por ellos, sin explicar jamás porqué las cruces gamadas y los haces de lictores, fueron volados con dinamita en Italia y Alemania, allá donde no bastase con la maza y el buril, sin caer en la vanidosa pretensión de que alemanes e italianos sean menos respetuosos de sus cosas que lo podamos ser nosotros.
Y es que, amigos, las heridas de la guerra civil solo han quedado cerradas para los vencedores y sus herederos ideológicos. Lo que el gobierno socialista se ha impuesto con la creación de una Comisión Interministerial, próxima a dar sus frutos, es tratar de dar respuesta a todo un clamor, -que solo asusta a los que les tocan sus fidelidades vergonzantes-, de quiénes buscan los restos de sus abuelos en cientos de fosas comunes, a quiénes les asiste el derecho irrenunciable a ”saber” qué fue de ellos, el de los españoles que fueron secuestrados de orfanatos o también a la exigencia de los que pedimos la nulidad de las sentencias que llevaron a 170.000 republicanos españoles ante los piquetes de fusilamiento, en cumplimiento de aquella operación de exterminio del adversario ideológico.
Los símbolos no pueden disociarse de lo que representan. Es por ello por lo que, para poder ofrecer a las generaciones presentes y futuras las señas de identidad de aquel régimen atroz, cabe la alternativa de preservarlos siendo conservados en Museos de Historia o espacios culturales, pero nunca presidiendo los espacios públicos con la inequívoca pretensión de exaltar conductas infames, porque los símbolos, como los nombres de las calles, están “para honrar a los que nos honraron”, y no al revés.
Porque, -no nos engañemos- los símbolos franquistas solo los defienden… los franquistas.
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