Baile Hotel Calareal
El Hotel CalaReal reanuda sus veladas musicales, tras el paréntesis navideño, tiempo en que esta actividad festiva ha permanecido en espera. Efectivamente, la expectación ha debido ser grande, a juzgar por el numeroso público que acudía el pasado sábado a pasar “una noche en grande”, bailando al compás del mejor aliado del movimiento: la música en vivo.
Imagen de archivo de las amas de casa
Las amas de casa aguileñas viajarán durante este fin de semana a la Costa de Sol, donde visitarán las ciudades más representativas de esta hermosa franja del litoral mediterráneo. El objetivo primordial de esta iniciativa es celebrar el Día de los Enamorados “fuera de la localidad” y junto a sus respectivas parejas.
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La peña se metió al público en el bolsillo.
Entre los muchas peñas de baile que desfilan en el Carnaval no puede pasarse por alto la peña Serpentina, pues es un claro ejemplo de una perfecta combinación de pasos de baile, elegancia y estilo a la hora de escoger los diseños. Buena muestra de ello fue el traje lucido en los pasados carnavales, de un estilo muy veneciano, que sirvió de cierre al desfile, y gracias al cual la peña Serpentina logró un merecidísimo primer premio a la elegancia, además de un trofeo, también a la elegancia, otorgado por una casa comercial aguileña.
En los disfraces nocturnos todo vale.
No cabe duda que el denominado “Carnaval de la Noche” se encuentra en creciente escalada, sobre todo desde que hace unos años atrás vienen proliferando también las “peñas nocturnas”, sumando así al colorido e imaginación crítica habituales, grandes dosis de fantasía. Tanto es así que la noche va cobrándose jornadas y el primer sábado de Carnaval ya se pueden ver numerosas comparsas alegrando las prostrimerías de la “Batalla de Cascarones” y el “Pregón”.
“Yo no quiero 14 de febrero, ni cumpleaños feliz; sólo quiero, muchacha de ojos tristes, que mueras por mí”… Así dice Joaquín Sabina en una de las estrofas de su tema “No quiero”, donde defiende el amor en sí mismo, exento y desnudo de artificios que lejos de afianzarlo, según su versión, sólo sirven de “muletas” para apoyar lo poco que queda cuando éste se debilita.
Para otros se trata de una fórmula social cuya convención se sostiene por el voraz consumismo que la caracteriza. En ocasiones, prima el concepto de “recuerdo”; ese detalle que da noticia de que el enamorado o la enamorada en cuestión conmemoran su compromiso de amor con el paso de los años.
Existen también aquellos que desdeñan la celebración en aras de otras efemérides, como los calendarios cambian los días festivos, al compás de intereses varios.
También se da el caso de aquellas personas que, aún profesándose un “amor que mata” como el de Sabina, no pueden expresarlo, ni con palabras, ni con hechos, y, por supuesto, sin regalos. Y no pertenecen al mundo de la literatura, ni de la canción…
Los del Norte, está claro, han perdido el norte. Esos países, endémicamente “aquejados de irrealidad” según el diagnóstico borgeano, instalados en una olímpica desconexión de las duras realidades del mundo, mirándose el ombligo “de diseño” bajo la lívida luz de mares de plata fría, cielos sombríos y auroras boreales. Hace años que la Academia Nóbel no da una en el clavo, ni por activa ni por pasiva. Ni cuando premia a figuras oscuras que no consiguen salir de la oscuridad a pesar del galardón, ni cuando se olvida se nombres de valía y reconocimiento archiprobados -recuerda lector a Borges, de nuevo- castigados por no ser políticamente correctos.
Y lo peor sucede cuando ese perpetuo “vivir en la inopia” salpica con impredecibles consecuencias a terceros. Consecuencias que pueden traer mucha sangre, y que están acarreando ya una espiral de violencia desestabilizadora en nuestro ya suficientemente inestable mundo
Cita “El segundo requisito es deshacerse de una buena vez de esa impostada mala conciencia…”.
Habrás adivinado ya, amigo lector, de que va todo este preámbulo. En efecto, se trata del “affaire” de las caricaturas de Mahoma, esas que unos irresponsables han tenido a bien publicar en un periódico de Dinamarca.
¿Algo huele a podrido en Dinamarca?. Hamlet el saturnino encontraría hoy efluvios del rancio tufillo de la estupidez y la ceguera. Pero si el príncipe paseara su fina pituitaria por las tierras de Occidente, desde todas ellas le llegarían relentes de lo mismo. Desde luego que el hedor que le alcanzaría procedente del Próximo Oriente le parecería insoportable: peste a montañas de estupidez, ceguera, maldad y fanatismo; miasmas de sangre y de muerte.
Los del Norte han perdido el norte. Y los del Sur, y los del Este, y los del Oeste.
Y la radiografía tragicómica de ese desnortamiento general nos la proporciona esta historia grotesca y siniestra de las caricaturas.
Pone este desdichado asunto de manifiesto la peligrosísima incapacidad de Occidente para juzgar objetiva, realista y fríamente a su secular y no siempre reconocido enemigo, el Islam. Es un pecado, y peor aún, es un error mortal no tomar en serio al islamismo radical, que arde de odio contra la civilización cristiana en general en todos los países de gobierno o mayoría islámica. Basta para comprobarlo con fijarse en la práctica impunidad con que están actuando en todos ellos las masas infrahumanas de fanáticos y exaltados, portadoras de carteles amenazantes que expresan una voluntad genérica de aniquilación, sin distingos ni matices.
Es asombrosa la ceguera con que en Occidente se ha considerado al Islam. Desde los mitos de su pasada tolerancia histórica, tan queridos y sostenidamente mantenidos contra toda evidencia histórica por las izquierdas, hasta la escandalosa asimetría que, en las mutuas relaciones, se asume como “normal” o “de suyo”.
A este respecto, es significativo el silencio de ZP y sus muchachos a la hora de alinearse con los países de nuestra órbita cultural en defensa de un principio irrenunciable- ocasionales torpezas a parte- como es el de la libertad de expresión.
¿Seguirán aferrándose a esa tópica y utópica “alianza de civilizaciones”, una alianza que pretenden conseguir por el camino fácil e inexorablemente fallido del entreguismo y la renuncia?.
Para lograr esa famosa alianza, si es que algún día es posible (y mientras no evolucione profundamente en la dirección adecuada el Islam lo dudo mucho) hay dos requisitos previos indispensables.
El primero, lo repito, tomarse de una buena vez en serio al adversario. Un adversario que acabó con la herencia grecolatina en media ribera del Mediterráneo y a punto estuvo de lograrlo en la otra media; un adversario que destruyó a la Bizancio milenaria, y cuya historia es la de catorce siglos de conflictos y casi ininterrumpidos enfrentamientos con el Occidente cristiano.
Un adversario que sólo entiende la vida propia y la ajena en términos de sumisión (eso mismo significa Islam) a los preceptos de una intransigente tiranía teocrática, y que no ve otra alternativa a la sumisión que la aniquilación.
El segundo requisito es deshacerse de una buena vez de esa impostada mala conciencia que lleva a los occidentales a asumir sin crítica ni reparo que son culpables de todos los males del universo mundo, y no tienen derecho a exigir un principio de reciprocidad en sus relaciones con los otros pueblos.
Me refiero a cosas como facilitar o incluso subvencionar la construcción de mezquitas en suelo propio, y considerar normal y hasta legítimo que otros persigan en sus tierras no sólo la construcción de iglesias, sino la mera práctica religiosa del cristianismo.
Y es que nos creemos tan superiores en el fondo que no aceptamos la responsabilidad del otro en lo que ocurre, ni juzgamos nuestro comportamiento y el suyo con el mismo rasero. Nuestra tolerancia es realmente condescendencia, y sólo nos acarrea desprecio.
A ver si empezamos a repartir con equidad derechos, obligaciones y culpas, y nos desprendemos de actitudes que solo son figuras mórbidas de un neocolonialismo del espíritu.
Solo afirmándonos en nuestros principios y valores propios, que existen y son muy válidos y defendibles, alcanzaremos la firmeza necesaria para lograr un principio duradero de convivencia.
Una vez aceptadas las disculpas que pudieran dejar en mal lugar a los comerciantes y su muy honrosa profesión, dejamos liquidado el hiriente tema de la araña y la mosca.
Sobre el otro tema, el de lo moral y lo inmoral, no esperaba un debate muy duro, que no es para tanto, pero tampoco que el director de este medio me lo pusiera tan a huevo.
Estanco afectado por la situación.
La guerra de las tabacaleras, iniciada por Philip Morris y secundada por Altadis y JTI, consistente en bajar los precios de sus productos está teniendo consecuencias muy negativas en los estancos de Águilas que se “están viendo obligados a vender por debajo del precio de coste, algo que está prohibido por ley”, indican desde uno de los estancos de la localidad.
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