Un grupo de amigos en La Tejera.
Tras unos meses cerrada al publico el próximo viernes 31 de marzo la sala de conciertos La Tejera volverá a abrir sus puertas al público aguileño.
Estos dos términos a que alude el título encierran el más terrible cisma de la humanidad. Sin embargo, se habla de ellos constantemente, sin pudor, sin ni siquiera saber el alcance y las dimensiones de su inmediata realidad.
Una realidad que nos lleva constantemente a confundir cuáles son unos y quienes los otros. Quizás la propia nebulosa sobre la que nos están obligando a vivir sea la responsable de esa imposibilidad de discernir, creada, además, e “inteligentemente”, con dicho objetivo.
En tal contexto, desde luego que será muy difícil llegar a conclusiones claras sobre el lado en el que, según las ocasiones, estamos hablando de víctimas y verdugos. Cuando nos llegan noticias de una catástrofe natural, de un enfrentamiento bélico, de un ataque terrorista, de una hambruna, o de un asesinato de “a pié”…
En todos los casos se habla de víctimas y solamente en muy pocos de ellos conocemos a los verdugos. Y viceversa. Será que no existen?.. Será que se confunden? O quienes protagonizan un papel, de repente se convierten en protagonistas antagónicos. Todo es posible.
Francisco López Belmonte
Repasando canales con noticias observo que en todos se habla de lo mismo, de una gran noticia que afecta a toda la nación y que puede marcar el fin de muchos años de malas noticias, muerte y sufrimiento.
De pronto se cuela una información que nada tiene que ver con este asunto, pero que afecta a todo el planeta: 22 de Marzo “Día Mundial del Agua”. Las cifras que aportan son escalofriantes. Por un momento me he sentido tocado en lo más profundo. Me he sentido avergonzado. Me he sentido cómplice de la indiferencia, la pereza, de muchas falsas acusaciones y de la apatía de nuestra sociedad.
Los datos aterradores, entre otros, son que tan sólo el 1% del agua de La Tierra es potable. Que hay personas que tienen que dedicar varias horas al día, caminando muchos kilómetros para recoger agua para beber y subsistir. Que cada 15 segundos muere un niño por enfermedades relacionadas con la gran escasez de agua.
Por el contrario, en los llamados “países desarrollados” gastamos una media de 120 litros de agua por persona y día. Mientras, a no muchos kilómetros de nosotros, del Sur de España, el pueblo saharaui cuenta con un escaso medio cubo de agua al día para beber, cocinar, lavarse, etc.
¿Qué hemos hecho con este planeta? DIOS nos entregó un legado precioso, una tierra que puede proveernos de alimentos y agua en abundancia para todos.
ÉL había provisto para todas nuestras necesidades (tanto físicas como espirituales). Ese patrimonio lo hemos destruido y hacemos una mala distribución de la riqueza. No se cuál es la solución, pero pienso que lo primero que hace falta es que tengamos una voluntad verdadera y firme para resolver este grave problema y poder ayudar a muchos necesitados.
JESUCRISTO dijo “Yo soy el Agua de Vida”. Explicaba así la importancia de este precioso líquido y la necesidad que los seres humanos tenemos de ambas cosas: Del agua y de JESÚS.
Hoy volveremos a abrir nuestros grifos docenas de veces, para montones de cosas. ¡El problema está aún muy lejos de nosotros…! O ¿Quizás no?
Le he pedido a mi nieta que exprese por mí aquello que me gustaría comunicar públicamente, pues la verdad es que tengo la idea, pero me cuesta mucho expresarla. Se trata de felicitar a este periódico por difundir las buenas enseñanzas que, semana tras semana, lanza el señor Francisco Belmonte.
No hace falta conocer a una persona para aprender de ella, para reconocer que en sus palabras hay un mensaje de buena voluntad, hecho tan escaso y difícil de encontrar en estos tiempos que corren. Su reflexiones sobre las cosas nos hacen pensar que éstas podrían mejorar solamente con que cada uno de nosotros pusiera un poco de su parte.
En fin, que ya era hora de que alguien reconociera en público las miserias del hombre ante la vida.
De enhorabuena parece que tenemos que estar. Desde la declaración de los asesinos vascuences de que ya no van a matar, de forma permanente, parece que tenemos que estar de enhorabuena.
Pues sí que lo estamos, la inmensa mayoría de los españoles, que algunos hemos crecido oyendo hablar de ETA toda la vida. Y aunque alguna vez hubo quien los miró con simpatía, como cuando hicieron volar sin alas a Carrero Blanco, se puede afirmar que nunca nadie que no sean los integristas vascos ha visto ni medio bien lo que han hecho estos canallas. Ya, a última hora, se han centrado en hacer lo necesario para no ponerse a trabajar, o sea, aplicar la técnica mafiosa del cobro de impuestos revolucionarios.
Cualquier cosa antes de tener que trabajar, los muy cabrones.
Y es que a un tío que tiene lo suficiente para pegarle un tiro en la nuca a un guardia civil, no se lo imagina uno poniendo sellos en Correos, eso hay que reconocerlo. A ver cómo reciclas a unos cien energúmenos como los que ahora dicen que dejan las armas, de manera permanente. Darle un trabajo en los ayuntamientos de su cuerda podría ser una solución, lo mismo sacan el trabajo adelante como han conseguido sacarse sus carreras universitarias, los joputas, con amenazas y presiones al rector, al decano y al resto del profesorado. A mí se me ocurre que la mejor solución sería que estudiasen para “esteticien”, que ahí sí que van a tener trabajo asegurado, con la cara de las chicas del grupo, que tienen un rostro que pa qué las prisas , las jodías.
El otro problema es el de las víctimas, que sí que tienen que decir y se les puede escuchar pero creo que el resto de los españoles, siendo solidarios, no podemos dejar que compliquen el camino a la paz. Que si tienen que pedirnos perdón, que si tienen que reconocer que han perdido, que si tienen que decir que se avergüenzan de lo que han hecho, que si tienen que ponerse cara a la pared…
Eso está muy bien, pero debería quedarse de cara a la galería, sin molestar lo que queda para que hagan como los irlandeses : dejar las armas y comprometerse a no cogerlas más.
La otra cuestión es la política, que no es moco de pavo. Lo que en Gran Bretaña no pasó, pasará aquí. La primera lectura es muy bonita, pero pasando las semanas veremos que hay desacuerdo entre el gobierno y el partido de la oposición. Y es que , no hay que engañarse, Rajoy lo va a tener muy difícil para ganar las próximas elecciones si este tema sigue adelante con viento en popa. Alguien con muy mala intención me ha insinuado que su opción sería joder el proceso para que ese triunfo no le caiga a Zapatero.
No quisiera pensar que eso le pase por la cabeza a Rajoy ( aunque no sé, no sé…a Zaplana ), que sería como anteponer una cuestión personal a una del máximo interés general.
No quiero ni pensarlo. Pero en esta zona nuestra del sur de Europa donde predominan las cuestiones personales sobre las de grupo, podría pasar de todo. Sería imperdonable, pero hay que estar dispuesto a escuchar auténticas barbaridades, tanto desde las propuestas de los asesinos y de su primer simpatizante, Ibarreche, hasta como atenderlas que pudiera hacer , inopinadamente, alguien del gobierno; como las tonterías que puede seguir diciendo el tal Carod, en catalán por supuesto, como los reveses a cualquier avance del gobierno socialista que puede hacer Acebes.
Se nos va a poner la cara a cuadros más de una y más de cuatro veces.
Ya lo dicen los amantes del refranero: “la primavera la sangre altera”. La naturaleza se va sacudiendo los sopores invernarles, se mueve nueva savia que alimentará los tiernos renuevos de los troncos más añosos; el manto de la vida nueva va aflorando, tímidamente y luego con fuerza creciente, sobre la costra vieja de la vida parada durante ese tiempo de espera y germinación que es el invierno.
Vemos nuestros campos estallando en colores, nuestros almendros y frutales vestidos con albas o rosadas túnicas que los convierten en llamaradas frescas de un fuego de vida que no quema pero conforta en alma. Nadie podrá olvidar el flamear de gloria de los cerezos del Valle del Jerte, si llegó alguna vez a verlo con los ojos del espíritu abiertos.
La primavera es un tiempo de renovación vital y psicológica, donde se recrea el pacto de los sentidos con el mundo, y vuelven a soplar vientos para henchir las velas de la vida y seguir navegando.
A veces, cuando la sangre es joven y vital, propicia a hervir en las pasiones, es un tiempo propicio para excesos y violencias.
En esta ocasión, la sangre alterada y en ebullición ha corrido también por las venas inorgánicas y enmarañadas de internet. Nuestros jóvenes se han convocado a si mismos para su particular celebración equinoccial.
Por desgracia, la convocatoria no ha sido para salir al encuentro de esa naturaleza renovada, con una nueva sensualidad despierta a flor de piel. No ha sido una convocatoria para celebrar a Dionisos en las umbrías y claros recoletos de los bosques míticos, de los que ¡ay! no nos quedará pronto ni el recuerdo. (Al paso que vamos, y con nuevos incendios forestales ya declarados en lo que va de año, nuestros jóvenes tendrán que ir un día no lejano a pasear por el parque del Retiro madrileño para sentir algo remotamente parecido a estar en un bosque. Pero ahora dejemos esto).
Decía que no se han convocado a si mismos para nada inspirado en las ofrendas a los elementales en las frondas; ni en las meriendas campestres que, de Giorgione o Tiziano a Manet, pasando por Poussin o Claudio de Lorena, nos ha regalado la pintura más feliz de occidente, cantando jubilosa al exceso, al vino, a la lujuria, a la embriaguez de los sentidos al compás de la flauta de Pan cabalgando en la música del viento entre los árboles.
No, nada de eso. Nuestros jóvenes han puesto al día sus fiestas dionisiacas, convocados para lo que se supone que ha de colmar sus aspiraciones en cuanto a goce vital y despliegues libérrimos de la sensualidad más desenfrenada.
El resultado de este atractivo programa es la invitación multitudinaria al “botellón” en los desangelados espacios urbanos designados para ello. Nunca se vieran medios más sofisticados, ni mayor poder de convocatoria, ni respuesta colectiva tan masiva y pronta, para objetivos tan pobres.
Al menos algo bueno sale de este experimento tan logrado por una parte como fallido por la otra; y es lo que el suceso tiene de aviso, que los poderes políticos harán muy bien en recoger y no dejar caer en el olvido . ¡Oído al parche!. Y más con el ejemplo de la movida estudiantil que tiene en jaque a nuestro vecino del norte, con un renuevo del Mayo del 68 más desencantado, menos imaginativo, pero igual de desestabilizador y virulento.
Lo que es hoy secundada y masiva convocatoria al “botellón”, será mañana, no lo dudemos, invitación al desorden, a la desobediencia civil (e incivil) o a la mera destrucción gratuita.
Y, por más que quieran, los poderes públicos no podrán impedirlo, ya que los nuevos recursos electrónicos e informáticos dotan a la sociedad de un “agora” virtual; un espacio de comunicación incontrolable, que ellos no tienen hoy por hoy medio de aislar y acordonar.
Sin embargo, en cuanto a la materialidad de lo acontecido en las diversas plazas y espacios que han servido de escenario a las concentraciones: ¡Qué decepción!.
¿Cuál era el programa que reunía allí a tantos miles de jóvenes?.
Pues la mera coexistencia momentánea en un espacio tomado masivamente; coexistencia sin comunión, confortados con el mero estar unos en presencia de otros, y la celebración de un pobre y desordenado ritual ruido y bebida a granel, con ocasionales encuentros, contactos tan esporádicos com triviales, chispazos frecuentes de violencia, enfrentamientos eventuales con los antidisturbios (probablemente la parte más excitante de la movida) y - también esto último importate por la manifiesta y obsesiva busca de signos de identidad en la cutrez más impúdicamente exhibida, que caracteriza frecuentemente a los jóvenes- y también, repito, la generación de cantidades ingentes de basura, que ha dejado a los escenarios de las macrofiestas convertidos en paisajes después de la batalla. Toneladas de basura, que han requerido de palas excavadoras para ser acumuladas y recogidas.
¡Que bien, cuanto jolgorio, cuanta diversión!.
Me parece trágica la incapacidad de la actual juventud para divertirse. Trágica y peligrosa. El tedio vital, sumado al nihilismo, la violencia, la falta de expectativas y, sobre todo, la falta de imaginación, sin olvidar unas carencias formativas desoladoras, pueden convertir a estas caóticas congregaciones en antecedentes de otras más ordenadas, con “botellón” no alcohólico sino ideológico y mesiánico, el brazo -o el puño- en alto; o bien en algo parecido a la concentración de los lemures, previa a su carrera colectiva y fatal hacia los acantilados por los que habrán de despeñarse.
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