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30/05/06: las noticias del día

Editorial30/05/06

La mujer y la sartén….

Si bien es (afortunadamente) cierto que el famoso refrán “La mujer y la sartén, en la cocina están bien”, ya hace tiempo que se desterró de una realidad bastante indeseable para la mujer, y aunque todavía queden muchos pasos por dar en este sentido, asimismo es verdad que lo ya andado es principalmente fruto de la propia iniciativa femenina.

Que las mujeres, pese a no dejar de lado sus quehaceres en la “cocina”, saben hacer muchas e importantes cosas fuera de ella, es un hecho innegable que día a día se hace patente en cualquier ámbito, tanto del terreno laboral como del social.

Sirva de ejemplo la Asociación de Amas de Casa de Águilas, un colectivo digno de contar con la admiración y el respeto de toda la ciudadanía, además de con su gratitud. Y hablo de gratitud teniendo en cuenta que sus numerosas actividades no se centran en poner en marcha iniciativas para su propio disfrute, sino también que igualmente las amas de casa promueven acontecimientos en los que todo el mundo puede participar,y, en consecuencia, también disfrutar. Es el caso de la celebración de la Semana Cultural, felicidades por ella.

Acerca del perdón

Francisco López Belmonte

En un reportaje de televisión, hace unos días, un periodista entrevistaba por la calle a distintas personas haciéndoles la misma pregunta: ¿Qué necesitaría usted para ser feliz?

Las contestaciones eran de lo más variado, ya que la respuesta a semejante pregunta depende, fundamentalmente de las prioridades que cada uno de nosotros se marque en su vida. Unos dicen, por tanto, que necesitan salud; otros, a su vez, que un trabajo fijo, o una casa mejor, o el amor y respeto de su pareja, o el éxito de sus hijos, o una buena jubilación asegurada. Otros dicen que medios financieros importantes, otros que encontrar el compañero/a ideal…

Las respuestas varían hasta el infinito según las preocupaciones de cada uno, porque, generalmente, acusamos a ciertas necesidades de impedirnos llegar a ser felices completamente.

Pensamos que si alcanzamos lo que creemos imprescindible entonces seremos felices y habrá paz en nuestras vidas. Curiosamente pensamos que la felicidad siempre está allá donde no estamos nosotros. De esta manera, nos encontramos en un estado continuo de insatisfacción.

En mi opinión, este asunto depende, más que de nuestras circunstancias, de nuestra actitud, de nuestros sentimientos y de nuestro equilibrio espiritual. Una de las cosas que influyen enormemente en nuestro estado emocional es el perdón: Ser capaces de perdonarnos a nosotros mismos nuestros errores; ser capaces de perdonar a otros los suyos y, sobre todo, sentirnos perdonados por los demás.

Hace poco, un amigo me compartía la pena que tenía de ver que no podía hablar con su hermano para perdonarse mutuamente y reconciliarse. Esto le producía mucha tristeza, lo cual influía en el resto de su vida.

De igual forma existe “otro perdón” (del que ya casi no se habla) que es la causa de desasosiego, malestar y falta de paz en nuestras vidas; aunque, en la mayoría de los casos, no queramos reconocerlo.

Se trata del perdón de DIOS. Ante su Justicia perfecta, consciente o inconscientemente, nos sentimos culpables por infinidad de errores, faltas e injusticias que realmente cometemos a diario, casi imperceptiblemente.

Nuestra conciencia nos “quema” a menudo y, entonces, pretendemos acallarla con mil y una justificaciones. Nos falta valor para enfrentar la realidad y nos defendemos lo mejor que podemos por tal de no reconocer a DIOS y su justicia.

La solución es mucho más simple y requiere el mínimo esfuerzo por nuestra parte. Hemos de dar el primer paso admitiendo nuestra culpa ante el que único que es Justo y Perfecto y recibiendo el perdón que DIOS tiene prometido a todo aquel que se acerca a ÉL.

Entonces recibiremos bendición hasta que sobreabunde y no necesitaremos absolutamente nada más para ser felices.

El retorno de Fantoch man

¡Hoy he visto al superhombre!
Fue delante del espejo.
El superhombre ¡ c´est moi!

(Anónimo popular postmoderno)

Proemio.

El siglo XX fue testigo de la emergencia de una cultura de masas sin precedente en la historia, porque se produjo en las secuelas de la aculturación tradicional que acarreó la Modernidad; en el seno, pues, de una cultura del olvido que ya estaba haciendo tabla rasa de la tradición, sobre todo en Norteamérica, y porque puso a contribución medios de difusión gráfica y visual de una potencia sin igual en el pasado.

En una época que ignoraba mayoritariamente quienes fueron Hermes, Ulises, Hércules o Jasón, la inagotable sed de símbolos del inconsciente humano empezó a saciarse con las aventuras de Flash Gordon en lejanos mundos o con las proezas heróicas del hercúleo y griálico Superman.

Hubo una saga de hombres “ que eran más que hombres” llenando las viñetas de los periódicos y los suplementos dominicales primero, exhibiéndose luego con ubicuidad y profusión en las pantallas grandes y pequeñas del mundo entero. El ya citado Superman, desde luego, el primero, pero también Batman, Spiderman, Los X- Men, La Masa, sin olvidar, en medio de esta proliferación claramente machista, algún elemento femenino menor como Catwoman.

El inconsciente colectivo se vio tan atrapado por estas fantasías (de interpretación psicoanalítica tan evidente como ruborizante) que algunos de estos mitos empezaron a nutrir el anecdotario de las leyendas urbanas, pasando de la pura ficción a un ámbito nebuloso contiguo con la experiencia real. Así ocurrió con el tenebroso Mothman, el hombre-polilla que aparece en la noche en vísperas de accidentes y desastres con sus ojos rojos y sus alas negras.

Así también los angélicos extraterrestres adamskianos, modelos arios de rubia perfección, enfundados en ajustados monos brillantes de lentejuelas al descender de sus platos voladores para proclamarse “nuestros hermanos mayores del cosmos”; los paladines cósmicos que nos redimirán de nuestras miserias.

Desarrollo.

Pero a ti, amigo lector, no te suena nada eso de Fantoch man, ¿no es así? No te preocupes, no se está poniendo en duda por ello la solvencia de tu cultura pop. En realidad sabes del tema más de lo que crees, y, te lo aviso, tienes a Fantoch man cerca, cerca, muy cerca… Habrás vuelto con inquietud la mirada hacia atrás, y acaso, si eres muy impresionable, se te ha erizado un poco el vello de la nuca ante tal proximidad anunciada. Pero nada había detrás de ti, nada ajeno turbando tu cotidianeidad apacible o ruidosa.

Harás mejor en mirar hacia delante, en fijarte en quién tienes a tu lado, en asomarte a la ventana, quizás ¡ oh lector! en mirarte al espejo. Y, no lo dudes, entonces se te aparecerá, ineludible, inexorable, fatal, el hombre-fachada: Fantoch man.

Porque, amigo lector que aún me sigues, Fantoch man corresponde a la etapa tardía y mundana de elaboración del mito. Como ya te he anunciado antes, el hombre masa, el unánime depredador del pasado y del presente necesita mitos en los que sublimarse y pese a todo reconocerse inequívocamente.

Así, Superman es el semidiós venido de las estrellas, pero es también y simultáneamente, un chupatintas pistojo y apocado, absolutamente corriente; un hombre vulgar con el que cualquiera podría compararse con ventaja; un pobre hombre bloqueado por su timidez sexual, incapaz de declarar sus amores.

Conviene que entiendas que esta dualidad tan llamativa no es debida a un elaborado camuflaje del superhombre, sino que es su misma naturaleza. Una naturaleza dual, divina (o casi) y humana (demasiado humana), como la del fundador del cristianismo, que no deja de ser, aunque con escándalo, su remoto y elevado referente.

El hombre masa, ese personaje pistojo que consigue de que en el fondo de su ser es Superman; de que él en el fondo es un ser superior, de que está por encima del bien y del mal, como una gris y devaluada caricatura del superhombre Nitzcheano; ese es Fantoch man. No hay que confundirlo con el vanidoso o el soberbio de toda la vida.

¿Y cómo puede ese hombre masa, ese Quijote inverso que no necesita dar nada para tomarlo todo, llegar al convencimiento íntimo de su desmesurada sobrevaloración?

Pues se requiere para ello unas condiciones o requisitos mínimos: devaluación del ser, del fundamento, en las personas y en las cosas, en favor de la apariencia y del tener. En la sociedad de la apariencia y de la imagen; en la sociedad donde lo que se valora es la apariencia sobre y por encima del contenido y la sustancia; en esa sociedad, que es la nuestra, Fantoch man se mueve en su elemento. Nuestro personaje reina allí donde se han, no sólo destruido, sino invertido, las verdaderas jerarquías del valor y el mérito.

Anatomía de Fantoch man

Como bien indica su nombre, Fantoch man, el hombre fachada, el fantoche, es pura imagen. Está hueco. Es una cáscara vacía. En su dualidad constitutiva, la parte humana, aquella que debería reconocer la finitud propia y ajena, la necesidad de la solidaridad, de la humildad y del respeto al otro; esa parte está habitualmente asfixiada y silenciada - en algún caso, agoniza- por su parte mítica, esa personalidad infatuada en la que se exhiben todas las excelencias pregonadas como tales en este tiempo nuestro. Fantoch man es un ego inflado y satisfecho de si mismo, que no escucha, y se diría que ni siquiera reconoce al otro.

Fantoch man acapara la atención, se constituye en centro, tiene que brillar siempre y en todo momento más que nadie, aunque sea con la luz grasienta de un candil humeante. Aveces hipnotiza a los tontos (y sobre todo, no lo olvidemos ya que Fantoch man es un don Juan, a las tontas).

Otras veces, el convencimiento de su perfección le lleva a ostentar sus manías o sus carencias como excelsos méritos: todo es meritorio, sus conocimientos enciclopédicos sobre las fanerógamas o la cría del unicornio, sus cerámicas domingueras, sus vídeos de viajes, o su virtuosismo interpretativo al desollar gatos con el violín o al frotar enérgicamente la zambomba. Puede darse el caso de que lo aplaudan pese a todo, subyugados por su magnetismo. No importa. Al final, los que descansen ingenuamente en su honestidad, su lealtad o su solvencia supuestas, acabarán despertando de su sueño, lo conocerán, y este conocimiento será amargo.

Rectifico. Fantoch man no ha vuelto: siempre estuvo aquí, en la no siempre feliz compañía de Fantoch woman.

Pocos y cabreados

Como cada tantos años, como unos cinco o seis, vuelve el tema de la provincia de Cartagena. Ya es cuestión manida, recurrente, y que empieza a ser aburriente, también.

No sé si ahora ha vuelto a la palestra por el éxito del estatuto catalán, que no gusta a más de la mitad de los catalanes y a la inmensa mayoría de los españoles, o porque sale poco antes de las elecciones al llamado “Parlamento murciano” .

A ver si va a ser por el éxito de Montenegro, que después de ser pocos y mal avenidos, se separan para enfrentarse mejor. Al fin resulta que sólo la mitad quería separarse.

El caso preocupante es que esta vez parece que ha encontrado eco en algunos políticos, que van cortitos de apoyos para gobernar con soltura y mayoría clara, como antes.

Si analizamos la conveniencia de que Cartagena sea provincia nos puede dar un ataque casi como de risa. En una región uniprovincial como la nuestra, una de las dos o tres más pequeñas de España, nada faltaría más que dividirnos: murcianos contra cartageneros. Manda huevos, que diría un infame cartagenero.

Pero la veda está abierta, tonto el que no pida por esa boca: que si quieres que tu pueblo navegue en el mundo globalizado sólo y por su cuenta,pues ,leche, pídelo y se te dará.

La contraindicación entre lo que las naciones quieren para más allá de su ámbito y lo que les pasa dentro no tiene nada que ver ; fuera que si hay que estar unidos, todo el mundo, para globalizar y disfrutar mejor de los recursos, que son de todos, como en una sociedad socialista, pero dentro la cosa es diferente , se admite porque somos demócratas pero hay que joderse con éstos que quieren andar por casa sólos y con el paso cambiado.

De todas formas, pasando el tiempo puede pasar como en Cataluña, que cuando sus “mozos de cuadra” no funcionan, les mandamos guardias civiles, y así los pagamos entre todos. O sea, que los señoritos no se manchan las manos y los currantes les quitamos a los rumanos de encima. Y encima, los costes les salen más arregladitos.

Para ser más que los demás o, directamente, ser algo en contra de los demás.

Entre Murcia y Cartagena hay algunas diferencias, ciertamente, como las lingüísticas, porque el seseo no se comparte, que es más propio de la costa…..entre la Cartagena del poniente y la Cartagena del levante, una amplia zona. Pero aún así les entendemos perfectamente y los carteles de las autovías están escritos, aún , en idioma válido para todos . Con el tiempo acabaremos por ver indicadores que pongan “ Santa Lusía, 5 kms.” .

Pues, como se puede apreciar, no cabe en mi dura cabeza que el despropósito sea la meta de los ciudadanos, aburridos sin duda, de nuestra región. Vamos a ver, si Cartagena ya tiene Corte Inglés, ¿ qué más puede desear ?, si tiene hasta un montón de facultades ( de las de estudiar digo ), si tiene un submarino muy viejo, si tiene al poco ejército que queda en la provincia ( la murciana ), si tiene el único aeropuerto que tenemos, si tiene la mayor empresa multinacional, que le regaló don Carlos Collado, si tiene las mejores ruinas romanas de Murcia, no puede considerarse humillada y despreciada por el resto de la región. Menos mal que tenemos el proyecto de anexionarnos Tobarra, que dice que nos prefiere como compañeros de viaje.”Manda….”

En fin, no era probable hasta ahora que la principal idea revolucionaria de los cantonales se pusiera nuevamente en marcha, pero dada la precariedad en la política para que un solo grupo consiga mayoría, se hace necesario reflotar grupúsculos como éste, por peregrinos y absurdos que sean. Este es el futuro que nos espera.

Y facha el que se rasgue las vestiduras contra los nacionalismos.
Un abrazo, murcianos. ¡ Tobarra, a mis brazos !!!!!

Cooperativa de Viviendas VPO y Libre en Águilas Peluquería Por los Pelos

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