En la imagen, Paco Clemente sosteniendo el cartel de la fiesta Halloween
El presidente de Nuevas Generaciones, Paco Clemente, presentó en la sede del Partido Popular, las actividades que tienen previstas para la recta final del Octubre Joven, la cual tendrá lugar el próximo fin de semana con la celebración de la Feria de Asociaciones en la Plaza de Antonio Cortijos.
Por Francisco López Belmonte
Me ha gustado mucho el spot publicitario que, desde hace algún tiempo, podemos ver en televisión para promocionar la lectura. Se trata de una niña que imita en todo a su padre, con gestos idénticos, mientras no cesa de leer. Ojalá que cunda el ejemplo y muchos se sientan atraídos por la lectura a través de esta promoción. Y es que, queramos o no, tendemos a imitar gestos, actitudes, costumbres y comportamientos de las personas que tenemos cerca de nosotros, sobre todo de aquellos que, por cualquier circunstancia, ejercen cierta influencia sobre nosotros.
Por supuesto, imitamos lo que nos agrada, o lo que nos parece adecuado, o que queda bien, pero a veces, también se nos “pegan” otras costumbres que no son positivas o convenientes, y nos ocurre sin darnos cuenta. Tal es el caso de compañeros de clase que hacen los mismos gestos, o compañeros de trabajo que utilizan el mismo lenguaje. Es, prácticamente, inevitable.
Pero, además, somos capaces de imitar, también, todo cuanto observamos en la naturaleza. Así, desde tiempos remotos, el hombre ha pintado cuadros con paisajes, bodegones, marinas, seres queridos, escenas de caza, dioses, etc. Se confeccionan flores con todo tipo de materiales, algunas tan auténticas que debemos tocarlas para cerciorarnos si son reales o no. En cuanto a la escultura, tenemos ejemplos magníficos, desde la época clásica a la actualidad, de figuras humanas y de animales que te dan la sensación de que se van a mover de un momento a otro.
Lo cierto es que, cada uno de nosotros, tiene en su mente el modelo de persona que nos gustaría ser; y es posible que estemos satisfechos de nuestra imagen y de nuestro comportamiento y no queramos imitar a nadie. Eso no quiere decir que seamos orgullosos, sino que no tenemos otras pretensiones diferentes, y nos sentimos bien.
Sin embargo, si con toda sinceridad nos examinamos a nosotros mismos, puesto que conocemos perfectamente nuestras aptitudes y condicionamientos, nuestros pensamientos y nuestros deseos, podemos estar seguros de que vamos a encontrar ciertas cosas que nos gustaría cambiar. Porque la satisfacción total y constante no existe. Porque el ser humano vive en continua renovación física y psíquica. Unas veces para bien, otras para mal.
Muchas veces oímos a un niño decir que, cuando sea mayor, le gustaría ser como Beckham; o a un músico que le gustaría ser como Herber von Karajan. Se trata de sana admiración por otras personas que consideramos extraordinarias y, por lo tanto, dignas de imitar. Eso no es malo; muy al contrario, sugiere un afán de superación que tiene el ser humano y que lo hace muy diferente a cualquier otro animal sobre la tierra. El “quid” de la cuestión radica en saber escoger el modelo adecuado, y precisamente aquí es donde solemos fallar. De ahí las decepciones que nos llevamos, la mayoría de las veces, con personas que durante años han sido objeto de nuestra admiración. Así también me ha ocurrido a mí con muchas personas a lo largo de mi vida; y, es curioso, que a través de las experiencias, con la madurez que te dan los años, sólo me ha quedado una persona que es realmente perfecta y digna de imitar en todo: JESUCRISTO. Nunca me ha decepcionado y nunca me ha fallado. Si de verdad, con sinceridad, necesitas un modelo a imitar en tu vida: Busca a JESÚS.
En el último número de este periódico se publicaba un artículo sobre unas jornadas celebradas en Águilas para tratar el problema de la drogodependencia. Creo que debido a la importancia de esta problemática, se deberían de poner en marcha quizás más programas de los existentes, y no solamente en lo que se refiere a la prevención. Es cierto que en la mayoría de los casos, la falta de información, o la escasez de alternativas de ocio, pueden ser las causantes de que los jóvenes se introduzcan en ese oscuro y peligroso mundo, y en ese sentido, está muy bien lanzar campañas preventivas.
Pero, también es verdad que todo esto no representa al cien por cien una garantía de éxito; es por ello que de igual modo se tendría que tener en cuenta a las personas que “ya” sufren drogodependencia, y crear algún centro de información para ellos, así como programas de desintoxicación a los que se puedan acoger. Aunque se diga que es mejor prevenir que curar; en algunos casos no hay más remedio que curar.
Marina Escámez
Águilas: un pueblo que pierde su identidad con cara de modernismo de finales de la década de los ‘60. Canta su hidalguía con aires de gigantismo afixiante y quejumbroso ante su viejo entorno. Pasan los años y sus tiempos, sin constatar que el presente es mejor que el pasado para la propia vivencia ciudadana que no pierde sus costumbres, teñidas de otra idiosincrasia, foránea y extraña a los propios contenidos de su personalidad atávica. ¡Más que a Ícaro debieron los hidalgos de Águilas invocar al ave Fénix!.
Gritos de alegría no los tendría que mostrar su miseria entera, entre matojos de esparto y tomatales, con la sonrisa de amabilidad que presta la desesperanza del pan de yanta. Que presta también la rutina que hastía y el desamor constante. Un renacer de las cenizas, venidero y próspero en su constante mudanza, como la esencia de una fiesta que por efímera hay que convertir en intensa. Un pájaro de fuego eterno, pero que arde y se quema, como las gentes, como los días, como el interminable rosario de cuentas sucias que hay que desgranar jornada tras jornada hasta tocar el fondo. Águilas y su corona de tiempo en el tiempo, con una representación tan grande como el cielo.
Ángel C. de Lera
Lo que me temía, detrás de los créditos fáciles, esos que anuncian en la televisión, a la hora donde estamos todavía despeinados (por dentro y por fuera del cráneo), están los grandes. Al menos uno que es de mi especial preferencia: la familia esa , ¿cómo se llama?, sí, hombre, esa que tiene un apellido igual a eso que se llevaban los piratas cuando se instalaban en una plaza. No se si me explico.
Pues ese señor y sus mil bancos a lo largo de lo ancho y largo de este mundo, que decía el Capitán Tan (que ha aportado más a los españoles que este tipo bajito pero muchimillonario). Resulta que los créditos que se le escapaban a él, su niña Ana P. los intentaba campelar, que decimos aquí. Pero si a la niña del exorcista se le iban por la banda, ahí que me han creado un sistema de créditos rápidos, ágiles y muy fáciles de conseguir….. para los más despistados, o para los que ya cuando pasan por los bancos, saltan las alarmas.
Este tipo de créditos son considerados por la prensa especializada, por defensa del consumidor y por analistas económicos como usurarios (por lo que los Reyes Católicos echaron a los judíos, recuerdo). Establecen unos intereses de entre el 20 % y el 25 %.
Claro, eso un respetado banco cántabro no puede hacerlo, pero encubierto como Cofidis o Credi Ágil pues parece que sólo se genera: un buen botín, sin más. Y mucho.
Por ejemplo: te dan 3.000.- y tú , incauto, acabas devolviendo 4.200.-
Normalmente, el que reunifica deudas para engordarlas aún más, no suele ser muy quisquilloso con los tipos ni los plazos, y acepta lo que le pongan por delante. La solución está clara: la ganancia por los que pagan es tanta que los créditos morosos o fallidos se aminoran hasta parecer insignificantes.
Hay algunos bancos que trabajan claramente para los accionistas, lo que suele llevar aparejado trabajar en contra de sus propios clientes. Han conseguido que el estado les autorice a cobrar comisiones por respirar demasiado fuerte dentro de la entidad, o por ponerle aire acondicionado a los clientes; lo que antes era gratis, ahora lo cobran con descaro, pero avalado por la legalidad. El padre Estado los autoriza y los bendice por ello.
Por eso, las ganancias de los bancos antes se hacía pública una vez al año.
Ahora ya se hace al fin de cada trimestre. Manda cullons….
En la última declaración de beneficios , Anita P. hablaba del incremento del beneficio por comisiones. Antes se camuflaba, pero ahora la evidencia , y papá, la respalda. Y el padre Estado también. Padre para los bancos, padrastro para nosotros.
Ese Estado que prefiere que los bancos ganen cada vez más, que cada año sean más descarados sus beneficios y que no acaben de trabajar realmente para los clientes, pero que sí les autorizan gastos descomunales en sus campañas electorales, y sus correspondientes deudas que , más tarde, acaban perdonando. Y así un año, y otro año.
La pescadilla, que decía el otro. Y da lo mismo un gobierno que otro. En eso sí que están de acuerdo.
En firmar la paz con ETA, no, pero en que los bancos ganen y ganen, sí. Eso todos lo respetan, para nuestra desgracia. El jodío padrastro. De esta vorágine desmadrada se escapan, de momento (que el señor las ilumine) algunas cajas de ahorro, que se ven obligadas, además por ley, a orientar sus beneficios a acciones culturales, etc., así como son más tolerantes con las comisiones. Lo que no quita para que traten bien a ciertos partidos políticos y les perdonen lo que a los demás no pasan por alto.
En fin, que no se tenga que ver en la circunstancia de tener que pedir pasta a una de estas empresas usurarias para, qué se yo, tunear el coche o viajar al Caribe o pagar la factura del convite de la boda, porque puede que un sujeto cántabro con dientes transilvanos le esté esperando para hincarle un 25 % .
Visto lo visto, parece que las personas nos podemos dividir entre razonables y no razonables. Y es que la humanidad, en estos tiempos de globalización, auge de los fundamentalismos religiosos, apología de la raza y rifirrafes varios, se ha dejado de medias tintas. Ahora se está o no se está, blanco o negro, y el tren pasa de largo ante la duda o el menor indicio de locura… Aunque, pardiez, ya sabía yo que se me olvidaba algo: está la renovada politicucha de centro “new age”, aunque ésta no es más que una mera excusa, una elaborada campaña marketiniana en busca de votantes sin ideologías políticas, que, por cierto, empieza a ser un factor determinante entre la juventud española, tal y como se ha suele ver en cualquier proceso electoral. O si no, que se lo pregunten a los exdiputados de Izquierda Unida, musealizados en las hemerotecas de prensa.
Por supuesto, todos queremos estar junto a la gente cuerda; pero, a pesar de ello, la historia que es zorro viejo, nos ha enseñado que hay un punto de inflexión entre la cordura y la locura, donde, a menudo, se deja entrever el genio. Pero vayamos por partes, ser inflexiblemente cuerdo siempre es aceptar un espejo social que nos lleva a razonar antes de actuar y a proceder bajo una conducta previamente determinada. Del otro lado está al que llaman loco, que es rechazado por su particular naturaleza, ya que sus acciones van contra corriente: navegar río arriba siempre es más complicado y menos entendible para el que se considera cuerdo.
¿Qué sería del mundo sin una pizca de locura? Tal vez estaríamos hablando de una humanidad clonada, maniatada y tan simplona como las reposiciones de La Primera. Así, la falta de cordura de muchos artistas ha poblado de magia cada rincón de este planeta. La aparente loca necedad de Miguel Ángel, en contra de los deseos de Julio II, nos dejó la majestuosa hermosura de la Capilla Sextina; los delirios de Dante Alighieri nos legaron La Divina Comedia y los desvaríos de Van Gogh nos regalaron por siempre, entre otras muchas cosas, sus hermosos girasoles.
Escritores, científicos o meros soñadores han padecido la, llamémosla enfermedad del “juicio social”, una demencia que les ha provocado ver más allá de su torpe vida de humano y llevar a cabo descubrimientos tan significativos para el mundo, aún en medio de su soledad y la denuncia por parte de los cuerdos, que rogaban a Dios por sus almas descarriadas. Galileo, Cristóbal Colón, Erasmo de Rótterdam, Tomás de Aquino y Kant, fueron considerados en su tiempo gente “non grata”, bichos raros cuyas ideas se ajustaban más a febriles confusiones que a una idea concebida a partir de la lógica.
El mismo Heráclito, apodado “el oscuro”, desde la caverna donde vivía, al sentirse observado como quien mira una avestruz por primera vez, decía a los curiosos que se acercaban: “Aquí también mora la sabiduría”. Suya también es la frase: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”. Aquí, el filósofo defiende la idea de que todo cambia y hay que dejar espacio a la locura para poder prosperar. Las aguas han pasado, hay otras en lugar de las primeras y nosotros mismos ya somos otros.
Y es que, ¿Puede haber algo más irrazonable para este mundo que un mártir o un santo, remando contra la corriente de una sociedad que les marginó como simples bufones, como mercachifles de tres al cuarto, ilusos y poco creíbles?
El mismo Cristo, ¿No fue vestido por Herodes con el manto que se imponía a los locos, porque su doctrina tanto como su silencio se oponían a los paradigmas impuestos en la época?
Quizá, debamos plantearnos, que tras la paleta de nuestra meditada cordura, hemos de dejar escapar una pizca de locura, y así tal vez seamos lo bastante cuerdos para vivir real
Clara Valverde junto a Cristobal Perez, Mª Carmen Hidalgo y Magdalena Ros colaboradoras del proyecto
Se ha presentado hoy en el Ayuntamiento el proyecto de solidaridad Paraguay-Águilas, que pretende llevar hasta el país sudamericano todo tipo de material que ayude a la mejora de su calidad de vida y al desarrollo tanto industrial como educativo del país. Esta iniciativa solidaria corre a cargo de la Embajada de Uruguay en España y está organizada por la “Murga los Ciegos, ciegos perdios” de Águilas y el Ministerio de Justicia de Paraguay.
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