Estamos afirmando que se han instalado en la huida del trabajo, del esfuerzo, del sacrificio y del profundo cultivo de la voluntad en busca del despertar de una libertad que les haga libres y no esclavos de su debilidad, cifrada en el desinterés, la desgana, la desidia y la falta de motivación conducente a no interesarse por querer saber y triunfar en la vida a base de la constancia y del deber bien cumplido día a día.
Por eso yo reclamo un vuelta al realismo y al naturalismo de la vida misma. Los chicos no son tontos, son más listos de lo que nos imaginamos y hay que reconocer que los ingenuos somos los adultos y los astutos son los menores de edad, esos que llamamos adolescentes. Pues resulta que nosotros, padres y educadores, adultos, bailamos al son que ellos nos marcan. Y nos marcan un ritmo trepidante, basado en el confort y en el egoísmo, en sacar provecho de nuestra debilidad, compasión y misericordias erróneas, pues el realismo en la educación implica preparar para la vida misma. Y la vida misma es trabajo, responsabilidad, cumplir con las obligaciones y descubrir que sólo así funciona una sociedad.
Gerardo Caíñas
Con la llegada de la Navidad comienzan los bueno propósitos en todos los sentidos: sobre todo en las intenciones de bienestar y amor a mansalva. No está mal, desde luego, al contrario. Yo suelo pasar estas fechas en Águilas, pues cumplo con la célebre frase de “vuelve a casa por Navidad”, aunque en este caso mi familia tampoco sea aguileña, aunque sí residente desde hace ya varios años.
Mi “intención” no es criticar aquí “las buenas intenciones”, sino presentar un punto de partida hacia una reflexión que debería hacerse por parte de quienes practican este modelo de bondad ajustada al calendario y no a la verdadera naturaleza humana. Porque creo que si fuéramos buenos, no tendríamos que hacer el “esfuerzo” de serlo durante unos cuantos días. Es penoso, en realidad, pero también es la “realidad”. Tampoco es una condena a la naturaleza humana, insisto, solamente pretendo invitar a la reflexión y, después, que cada uno saque sus propias conclusiones al respecto. Solamente se trata de eso. No es mucho.
Fátima Pernías
Otro problema a la espalda de los españoles. No nos basta que sólo la mitad más unos cuantos queremos que se firme la paz con los terroristas, que no sabemos si preferir que bien los catalanes o bien los alemanes compren una empresa eléctrica española, sino que ahora nos vienen con que los futbolistas del F.C. Barcelona han llegado a Japón con jet-lag , manda huevos. Que también podrían aprovechar para explicar que es el jet-lag, de paso. Que no parece que los tíos cachas sean más propicios para el lag que para el jet.
En todas las noticias, entre el asesino de putas del sur de Inglaterra y los frenazos al acuerdo de paz de los socialistas con los asesinos vascos, surge un gran problema : que los jugadores multimillonarios no aguantan bien un viaje largo. Vaya hombre, un triste turista que apenas ha salido de Albacete se va al Caribe o a Tailandia y se pone a hacer las excursiones contratadas un par de horas después de aterrizar, tan fresco. Pero los semidioses forrados a pasta, y no italiana, no pueden soportar tantas horas de avión, a pesar de que viajan cada semana, de que muchos son americanos y saben lo que es saltar los charcos. Da la sensación de que lo que abunda es mucho cuento. A ver si es que les han asustado los jugadores amarillos, que deben dominar el elegante arte del balón que dará gusto. A ver si lo que necesitan es una prima más para superar los viajes largos, que en todos los trabajos se pagan los desplazamientos, leche. Así que a amollar más pasta que los Ferrari están saliendo por un pico en multas.
Esa caótica mezcla de noticias que nos llegan cada día no nos permite, por falta de agilidad cerebral seguramente, distinguir con soltura las importantes de las urgentes, las que nos afectan de las que los periodistas se empeñan en que consideremos importantes.
Y la del jet-lag de los futbolistas no parece que sea ni para mencionarla. De ellos importa que ganen o que pierdan ( que por lo que ganan sólo debería existir la primera posibilidad ) . En nuestro pueblo sí parece más importante que un portero, un buen portero, el del Aguilas F.C. se haya lesionado para un montón de meses. Y eso que es duro, el muchacho. Pero que se mareen en las norias los más famosos, no es tan grave.
Esta semana las hemos tenido de todos los colores : que si matan a los hijos de un policía palestino, que si se muere de viejo un conocido hijoputa en Chile, que si a las putas inglesas les ha aparecido otro chalado al estilo del Robert de Niro en “Taxi Driver” , que si la Preysler se estira la cara para tenerla más dura, que si el hijo de la duquesa de Alba se ha metido las rayas continuas , y las discontinuas también, que si Kofi Annan se jubila, que si Ortega vuelve a su antiguo trabajo, que si el yerno de unos millonetis catalanes se ha cargado a un chorizo albanés.
Pero , al final, la noticia que nos preocupa y nos afecta directamente es la de la subida de la luz. Esa , sin ser la más importante, es la que más nos jode. Más que los muertos en Iraq a cambio de que los americanos se roben el petróleo incluso.
“Al calvo, in memoriam”….
Ya se van cumpliendo los tiempos. Ya se van acortando los días, rumbo a la fecha clave del 21 de diciembre, cuando la rueda de la vida y la muerte cambia el sentido de su rotación, cuando se abre la fase ascendente del ciclo anual. Sin embargo, esta fase ascendente señala el comienzo del invierno, así como la fecha del inicio de la fase descendente del ciclo señala el comienzo del verano. Hay una correspondencia inversa entre los solsticios y las estaciones que ha sido objeto de valoración simbólica en las diversas culturas.
Así el simbolismo latino de las puertas solsticiales representado por las dos caras del dios Jano. Están también, momento posterior, los dos San Juan, el de invierno y el de verano.
Es la puerta invernal la que conduce a la fase luminosa del ciclo, y la puerta estival la que lleva a su fase oscura. Esto se corresponde con el nacimiento de Cristo en el solsticio de invierno y el de San Juan Bautista en el de verano, así como con una notable fórmula evangélica que reza de este modo: “es preciso que El crezca y yo decrezca”. (Juan 3-30) (Tomado del diccionario de símbolos de J. Chevalier y A. Geerbrant).
En China, el solsticio de invierno se corresponde con el país de los muertos y es el signo de su renacimiento. Viene asociado al nacimiento y la gestación; es el tiempo favorable para concebir.
En India, el solsticio de invierno abre la “vía de los dioses”, y el estival la de los antepasados, en correspondencia con las puertas de los dioses y los hombres de la tradición pitagórica.
Vemos como en las diversas tradiciones la llegada de la oscuridad es el signo del triunfo de la luz, y la apoteosis de la luz la señal de su decadencia. Esta dialéctica circular que lleva de cada término a su opuesto, porque cada término contiene al otro en el curso de su evolución temporal, es el símbolo directo y la metáfora viva del Tiempo Sagrado, del tiempo circular que gira y gira en torno al eje vacío de la eternidad, donde casa cosa coincide finalmente con su opuesta.
El tiempo de experimentar esto, el tiempo de regocijarse porque la luz yace en el fondo de las tinieblas, es el sentido esotérico y primordial de la Navidad, en correspondencia con la efeméride del nacimiento de Cristo, que traslada ese simbolismo cósmico a una dimensión trascendente para los creyentes, y para los que no siendolo, somos sensibles, no obstante, al arte y la belleza.
En nuestra tradición cristiana, no hay momento del año -excepción hecha de la Semana Santa- que haya suscitado tanto fervor artístico y creativo como la Navidad.
¡Cuánta música hermosa, conmovedora, cuánta pintura y escultura a lo largo de los siglos, dedicadas a cantar el Nacimiento!.
Y es que por todo lo muy someramente expresado aquí, resulta patética y deplorable la actitud tan generalizada hoy de rechazo, de odio incluso, a la Navidad, por parte de determinadas inclinaciones o confesiones ideológicas (especialmente “gauche - divinos-”, nostálgicos filomarxistas y hierbas afines, fervientes practicantes todos ellos, por cierto, de modo confeso o vergonzante, de lo que no dejan de ser, mal que les pese, herejías del cristianismo).
Ellos se lamentan de una “nauseabunda” inflación de falsos buenos sentimientos”, deploran el “consumismo desaforado de estos días”, hablan a voz en grito de “hipocresía social”….
No les falta razón.
Pero yo voy a saltarme los tópicos de la “horrible Navidad”, precisamente dirigiendo la mirada hacia esos orígenes esotéricos y mistéricos que he apuntado antes.
Esos que están presentes en el hecho significativo de que se haga coincidir el sorteo de Navidad con el solsticio de invierno, significando que el día del nacimiento de la luz en las tinieblas -exactamente el 22 de diciembre- es una inflexión propicia en el destino de los hombres, donde los hados derraman generosos sus venturas y abundancias.
Y ahí estaba, estos años atrás, como mago oferente, como hierofante y guía de la “baraka” a quien este año echamos clamorosamente en falta.
Y esta ausencia sí que es una señal de decadencia preocupante. Las otras, los tópicos a que he aludido antes, esos que llenan la boca a tanta cabecita hueca retroprogre, no son sino lo único que cabe esperar de una sociedad como la nuestra, cuya transformación de fondo en estos días sí que sería un auténtico milagro, en el que no se atrevería a confiar ni la más ingenua y crédula de las catequistas.
Pero esta ausencia, esta falta, que no nos acompañe este año asomado a la ventana catódica de nuestras intimidades “el calvo”, esto sí que me acongoja. Esto sí que es una merma del encanto simbólico de los días venideros. Aquí sí que oso doy la razón, retroprogres: la Navidad ya no será más lo que era.
Todos nos sentiremos un poco más huérfanos este año bajo las frías luminarias de diseño que levitan en las calles, a todos se nos harán un poco más empalagosos los atracones, los cavas y las llamadas fraternales de los pelmazos que llevábamos un año intentando olvidar.
Las azafatas de Ron Barceló con algunos de los regalos
El pasado fin de semana Café “Alquimia” volvía a convertirse en uno de los locales más concurridos de la noche aguileña.
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