El edil de Deportes Francisco Hernández entrevista para La Actualidad al recién elegido presidente del Águilas C.F., Antonio Vicente. El murciano habla sobre la puesta en marcha de sus planes más inmediatos y desvela cuáles son sus principales objetivos. »
El director de la Asociación Cultural y Escuela de Música Francisco Díaz Romero, Ramón Rubio, y la edil de Cultura y Festejos, Clara Valverde, han sido los encargados de presentar el programa de actividades que el Patronato Musical desarrollará durante los meses de verano. »
Cuando mayo se haga cargo del calendario, mis días gozarán decididos, previos al estío, a un junio de tránsito y a su júbilo inventado. O no… de alguna manera, como en aquellas mañanas de carnes y banderas que habitaban el poema de Salinas: “La palabra iba suelta, vacante, ingrávida…”, Sabina nos devolvió su mes de abril el pasado 28 de junio, en la ciudad del sol: vibrante y resuelto, el flaco de Úbeda recitó sus versos más conocidos en el claustro de La Merced, y -cómo no, en primera fila y con la Canon en mano- yo lo recibí como si de un gurú se tratase, a pesar de su voz rasposa, delatando a quien en realidad que ya lo ha vivido y bebido todo.
Las alas de este cronista de la santa transición, de este juglar de cafés de medianoche y algún canuto con el que celebrar la vuelta de su unicornio azul, volvieron a ganarse al público; como Ícaro, aunque esta vez sin la compañía de los dioses del Olimpo.
Y es que al flaco de Úbeda sólo le queda su talento - por cierto, ¿para qué necesita más?- y da igual que tenga una guitarra sobre su regazo o un gastado poemario sobre un taburete.
Con su recital de poesía, acompañado en este ocasión de un también genial García Montero, Sabina no tardó en reencontrarse con sus seguidores, dispuestos a vivir, que no a oír, sus versos. Y es que, la poesía de Sabina no deja de ser una trouppe de dardos lingüísticos que cantan como nadie a la victoria, aunque su voz esté vencida y rota.
Sabina y García Montero nos hicieron vibrar con su poesía, como Luis Eduardo Aute, que cerró el telón del Festival Todo Letras 2008.
“La creación de la mesa de trabajo del comercio local, una idea que han tomado como suya los representantes políticos, se gestó dentro de esta Plataforma; por tanto, entendemos que, si la Plataforma no está presente en las reuniones de la misma, carece de representatividad”. »
El pasado martes era constituida de manera oficial la mesa de trabajo del comercio, un organismo compuesto por representantes de todos los partidos políticos de la localidad y la Asociación de Comerciantes e Industriales de Águilas (ACIA), con la intención de analizar la situación del comercio local y plantear mejoras para hacer frente a la delicada situación que atraviesa el sector. »
En este pueblo entre Mongolia y China sus habitantes se han ido marchando, cansados de luchar contra el avance del desierto. Unos cuantos se han quedado y plantan árboles con el jefe de la zona, Hungai. Pero nada puede detener este creciente éxodo. Incluso la mujer de Hungai acaba marchándose, decidida a salvar a su hija de la creciente sordera que padece.
Hungai se queda solo en su yurt y empieza a beber, sumido en el dolor y la desesperación… hasta que aparece Choi Soonhee, una refugiada norcoreana, con su hijo Changho. La mujer se adapta a las costumbres del desierto y también empieza a plantar árboles. Los tres dependen el uno del otro para sobrevivir en un ambiente muy hostil.
A pesar de no hablar el mismo idioma y no poder comunicarse con palabras, nace una profunda relación entre los tres. Pero nada será tan fácil como parece, pues la vida del desierto les deparará muchas sorpresas, imprevistos y obstáculos que tendrán que sortear de la mejor manera posible.
La película está rodada íntegramente en las estepas de Mongolia y se contó con un presupuesto de un millón de euros. El director chino Zhang Lu, comenzó a escribir el guión del film en 2005, cuando visitó la zona por primera vez.
El rodaje duró 28 días, entre los meses más calurosos, julio y agosto, de 2005. El equipo completo, actores y técnicos coreanos, se trasladaron al desierto durante convivieron durante dos meses.
“Todo el equipo, las cámaras… se rompió en algún momento por culpa del terrible viento y de las tormentas de arena”, recuerda el director.
“Encima, todos sin excepción cayeron enfermos excepto yo. De noche, los lobos se acercaban a nuestro campamento y nos miraban. Al principio nos dieron miedo, pero se limitaban a observarnos. No se comieron a nadie”. Y añade: “En Corea, el equipo tiene un día libre a la semana, pero me bastaba con preguntar si querían volver a Corea lo antes posible para que nadie quisiera descansar. Además, no podían ir a ningún sitio ni huir aunque quisieran, estábamos rodeados de lobos”.
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