La Actualidad de Águilas y Lorca

Periódico con noticias locales de Águilas, Caravaca y Lorca

La Actualidad - el periódico que te da el triple

EL TIEMPO INM: Águilas - Lorca - Caravaca

Miguel Ángel Blaya

16/09/08

  • Miguel Ángel Blaya

Iconos, emblemas… y mensajes

La simbología, y con ella, evidentemente, la emisión de mensajes es una forma de comunicación tan antigua como la humanidad. Y conforme ha ido la sociedad poniendo en valor este tipo de lenguaje, más ha proliferado el uso, y el abuso, de determinados iconos y emblemas. Bien para el asentamiento de convicciones, bien para evidenciar la carencia total de ellas.

El estreno de la tercera película sobre el Che Guevara –personaje sobre el que tanto desalmado se está atreviendo a opinar, poniendo en tela de juicio el trabajo de tres directores de lo más variopinto, sociopolíticamente hablando- reaviva, como un ejemplo más, el desconsiderado abuso perpetrado con la imagen del guerrillero. ¿Sabrán los propietarios y conductores de muchos coches que llevan adherida la pegatina con la inmortal imagen del Che Guevara, captada por Alberto Korda, lo que simboliza y connota este personaje convertido en icono?. A juzgar por lo que se puede apreciar en derredor, no.
Y como éste, otros muchos emblemas. Por ejemplo, el toro. ¿Qué se querrá expresar o reivindicar (¿?) con la silueta del cabestro?. Y anda, que cuando lo plasman sobre una bandera rojigualda… Sin comentarios.

Desde hace unos cuantos años, y por aquello de lo mal que en no pocos rincones se ha digerido eso de la ideología, muchos de los símbolos que pululan en pines, llaveros y eslóganes, más que otra interpretación tal vez denoten una simpatía política. O sea, que muchos desconocerán, realmente, la simbología del icono en cuestión, pero cantan con toda claridad la pata de la que cojean.
Difícilmente podrán ocultar su adscripción política, con o sin carné, quienes exponen y lucen iconos con la hoz y el martillo, la gaviota, el puño y la rosa, el yugo y las flechas o el escudo nacional preconstitucional. Tampoco escapa a la confesión pública el hecho de engalanar balcones con leyendas como No a la guerra o Agua para todos, al igual que se retrataban los usuarios del ¿Nuclear?. No. Gracias.

¿ Y los rosarios colgando en los espejos retrovisores de los coches?. Lo mismo da que sean creyentes, no creyentes o practicantes; lo mismo ocurre con el engalanamiento de balcones en ocasión de desfiles procesionales religiosos. Hay quien lucirá estos iconos religiosos por cuestiones de fe, respeto y devoción. Pero la mayoría…

Qué duda cabe de que hay quienes usan y utilizan la simbología de forma consciente, pero a veces, desgraciadamente con más frecuencia y asiduidad de la que sería socialmente correcta, también aparece y se muestra como un producto pergeñado con extraños objetivos y finalidades. Y aparece una ñoña utilización de ella porque, en multitud de casos, no es consciente su usuario del protagonismo que puede llegar a alcanzar, o el despiste factible de originar, la asociación de signos o palabras con patrones sociales aceptados. Y todo ello, de la forma y manera más subliminal.

Lo de la simbología de las banderas es algo sobre lo que se podría escribir, y escribir, y escribir…, pero no es cuestión. Apuntemos, por ejemplo, que el uso abusivo de muchas de ellas, a veces casi secuestrado, ha propiciado que muchas personas se alejen de aquellas. Y no por otra cosa que por entender que representan mucho más que lo que transmiten quienes hacen de ellas ese uso inadecuado.

Bueno, también es abundante el número de personas que agradece esta mala utilización –o excesivo e inadecuado uso- de enseñas porque pueden intuir si merece la pena una conversación, una discusión, una cercanía o una cerveza, con los portadores de las mismas. Y habrá de todo. Desde quienes acudan a ojos cerrados empujados por un ímpetu irrefrenable, hasta los que se sientan engañados por haber creído que era por una causa y ha resultado ser por otra; o los que se cabrearán por no estar de acuerdo con ese uso de algo, para ellos, tan serio, y quienes harán mutis por el foro por ser contrarios al significado, al significante y al uso. O a los tres a la vez.

Y no se trata de que sea bueno o malo, que allá cada cual con sus iconos, sus símbolos, sus himnos y sus colores. Pero deben de ser conscientes (sí, es mucho pedir) de que cada cual y en cada momento, como siempre, están comunicando lo que son, lo que piensan o que ni son ni piensan.

22/08/08

  • Miguel Ángel Blaya

Serpientes de verano, víboras y cruzadas

Rimbombante, pomposa o presuntuosamente -que, al fin y al cabo, lo mismo da que lo mismo tiene, y tanto monta, monta tanto-, sus promotores suelen referirse a ello como iniciativa cuando, en realidad, más se asemeja a una campaña, vocablo éste, por cierto, con sinónimos tan elocuentes como cruzada o maniobra. Y a veces, por lo burdo de la cosa, pierden todo ese empaque y sólo llegan a ser tretas, movidas o culebrones noveleros.

En ocasiones, y por aquello de su poca duración, reciben el nombre de serpientes de verano. Y lo mismo da que aparezcan en mayo, cuando todavía no se ha apoderado de la situación la canícula veraniega, o a las puertas del otoño, una vez superados los veranicos de los membrillos y de San Miguel. También es verdad que a veces, más que serpientes, parecen víboras, pero también mueren, se extinguen o desaparecen.

El caso, se mire por donde se mire, es que la sociedad española –no se si también las de otros países- vive instalada en una vorágine cuasi intempestiva. Cualquier hecho, debidamente publicitado, anula al anterior. Y a poco que se descuide, se verá solapado por el siguiente.

Y el motor de todo ello utiliza como combustible esos poderes a los que se les denomina fácticos. O sea, aquellos que, según la Real Academia Española, se ejercen al margen de las instituciones legales, en virtud de la capacidad de presión o autoridad que se posee.

Llámele cada cual como mejor le cuadre a su materia gris y échese la vista atrás a ver qué fue de alguna de aquellas serpientes. O víboras. La cruzada, como si de contra tirios y troyanos se tratara, en pos de eso que sus promotores dieron en bautizar como defensa de la lengua común.
La lengua de cada grupo humano es algo tan sumamente enraizado que nada ni nadie puede anular. Cuarenta años de dictadura y opresión idiomática no lograron extinguir el uso de las lenguas propias de catalanes, vascos o gallegos; y por las mismas razones, o más, ya que esa lengua común está mucho más extendida, a algunos no nos entra en la cabeza esa desazón que están enarbolando algunos sectores sociales muy determinados y perfectamente posicionados.

Uno de ellos, la llamada Mesa del Turismo, se sentía temerosa y preocupada porque, según sus prohombres, relegar el castellano daña la imagen del sector. ¿Nadie se ha parado a pensar en el potencial turístico de la Costa Brava, el Pirineo Catalán, las playas del País Vasco o Santiago de Compostela y las Rías Gallegas?. ¿A qué viene esta algarabía?. Parece haberse olvidado que los símbolos turísticos del franquismo, Benidorm o Marbella, fueron verdaderas apisonadoras del castellano. O del español, como se decía entonces y muchos siguen prefiriendo. Algún humorista de la época paseó el chiste del hostelero que, un poco harto de lo que tenía alrededor, colgó en la fachada de su establecimiento el cartel de “se habla español”.

Han pasado apenas un par de meses y ni palabra aparece ya en la práctica totalidad de periódicos sobre si aquella defensa numantina de la lengua común ha logrado la victoria que buscaba.
Pero lo triste es constatar que quienes tanto dicen defender el general conocimiento y uso de la lengua común -con la fuerza que parecen tener y el poder fáctico que enarbolan- podían haber emprendido una campaña, no cruzada, por la buena y correcta utilización de esa lengua común, tan vilipendiada, por ignorancia o desconocimiento, por mucha más gente que la preocupada por eso del uso.

Porque si preocupante es que la gente normal, lo que llamamos el ciudadano de a pié, no utilice con una mínima corrección la hermosa lengua de Cervantes, Quevedo, García Lorca o Machado, triste, muy triste es que personas a las que se les supone una formación media-alta, nos vapuleen a diario con auténticas patadas al diccionario de esa tan cacareada y defendida lengua común.

A ver si va a resultar que de lo que se trataba era de eso, de presentar en sociedad, más que una iniciativa, una cruzada o maniobra cuyos objetivos no eran estrictamente lo que decían ser.

21/07/08

  • Miguel Ángel Blaya

Lo que hace la calor ¿o no?

Vamos a tener que pensar que, efectivamente, el calor, o la calor, que se dice por estos pagos, agita la mente humana. El astro Sol, que por estas tierras se muestra muy generoso, puede jugarnos malas pasadas con eso de las insolaciones mentales. Bueno, a unos se la calientan y a otros se la ponen calenturienta. Me refiero a la mente.

Y no sabemos lo que es peor. El calentón, cuya enfermedad es de patología psicosomática por cuanto afecta a la mente y al cuerpo –bueno, a una parte concreta del mismo- es un peligro cuando no tiene con qué enfriarse. Pero al calenturiento, cuya afección tiene su raíz exclusivamente incardinada a la sesera, hay que echarle de comer aparte.

Hay mentes –no vayamos a entrar en si más o menos prodigiosas- que en cuanto llega el verano, y la calima propia de estos meses, se revuelcan que es un gusto en el mar de las disquisiciones. Vamos, lo que cualquier castizo con lenguaje poco académico despacharía con la sentencia de que se dedican a hacerse pajas mentales; y a veces –eso ya lo añado yo-, hasta con orgasmo incluido por el placer que deben proporcionarles sus elucubraciones.

Como casi todo lo que acontece últimamente, pareciendo haber quedado instituido lo de usar y tirar, prácticamente nadie –ni informadores, ni articulistas, si siquiera en la sección de cartas de los lectores en los periódicos- ha dicho ni comentado nada sobre aquella idea de ampliación y homogenización europea de la jornada laboral.

Casi se estaba quedando obsoleta la idea, precisamente porque muy pocos entraros al trapo, y un día, haciendo zapping radiofónico oí, a un empresario de la tierra –y no me refiero a un punto concreto de la Región de Murcia- retomando el susodicho asunto de la jornada laboral. Decía que no es tan descabellado ese horario laboral europeo de …titantas horas, argumentando que no hace tantos años que en España se trabajaba los sábados durante media jornada. Estuvo pelín irónico el locutor al apostillar que también existía antiguamente la esclavitud.

Abundó el susodicho empresario puntualizando que, sobre todo, los funcionarios podrían tener, perfectamente, una jornada laboral de 56 horas. O sea, 10 horas diarias (de 8 a 14 y de 16 a 20) y al llegar el sábado -¡gracias, generoso!-, sólo de 8 de la mañana a 2 de la tarde.

Y digo yo. Dos puntos. En vez de propiciar este horario para el funcionariado, sector que le es ajeno del todo a este hombre, por qué no se lo impone a los trabajadores de sus empresas, ya sean propias, ya familiares.

¿Será que son ya muchos, demasiados, los derechos conquistados por los trabajadores –sobre todo por los funcionarios- y a poco que nos descuidemos se va a caer, como un castillo de naipes, el sistema capitalista, ahora llamado liberal?

Vamos a pensar que son las calores del verano porque de lo contrario, en el caso de que lo haya dicho en serio y se atreva a ofrecer trabajo a quienes estén dispuestos a echar esas 56 horas, a lo mejor empieza a recibir cartas y currículos de ingenieros, arquitectos o biólogos con la expresa aceptación esa jornada laboral.

¿Han pensado todos estos nuevos titulados, y tituladas, que en algunos casos están trabajando por mil euros, que si ofrecen predisposición laboral de sol a sol puede que los llamen rápidamente?. Y con mayores motivos si aceptan, también, la ocurrencia de Voltaire en el sentido de que el único medio de hacer la vida soportable es trabajar sin razonar. ¿Qué más podría pedirse en aras a una productividad de corte neoliberal?

Estad al tanto, jovenzuelos y jovenzuelas, de cuanto se os oferte, sobre todo si esas alfombras de bienvenida conducen a las empresas de estos eruditos de la sociopolítica económica?

Que no, que hasta aquí puedo escribir y que no voy a decir quién es. Que si lo buscan desde las filas neoliberales para ofrecerle un cargo de responsabilidad (?), que lo busquen; yo no quiero ser palanca de lanzadera. Si lo pretenden desde sectores de recién licenciados para remitirle el currículo, que lo busquen también, que no me apetece colaborar con la contratación basura. Y si andan en su búsqueda desde otros rincones y con otros objetivos, pues lo mismo, que lo busquen.

8/07/08

  • Miguel Ángel Blaya

Herencia y metamorfosis

No todo se hereda, pero casi todo está sometido a la teoría de Heráclito y Parménides (cuántas veces los habré invocado) sobre el cambio y el devenir permanente de las cosas. Y añado yo que también de las personas. A priori, ninguna relación pudiera pensarse que existe entre la herencia y la metamorfosis. Pero son como algunas amistades actuales, amigos con derecho a roce. »

1/07/08

  • Miguel Ángel Blaya

Sandía versus viagra

Sabíamos que comer zanahorias es bueno para la vista; y que la ingesta de naranjas previene afecciones catarrales, resfriados y otras plagas de similar patología. Por consejos médicos hemos ido aprendiendo que las verduras y algunas frutas, por su alto contenido en fibra, son buenísimas para un óptimo tránsito intestinal o, lo que viene a ser igual, para librarse del estreñimiento. Pero lo de la sandía como vasodilatador sustitutivo de la viagra… Eso va a traer mucha cola. Y no va con segundas.

¡Pura viagra, mujeres, pura viagra!. Era la voz pregonera de un frutero, en el mercado ambulante, al siguiente día de conocerse la noticia de que, según un estudio científico de una Universidad de Texas, la sandía está a punto de sustituir a la viagra en la cosa de arreglar lo de la disfunción eréctil. (Evitemos equívocos y erróneas interpretaciones de tinte sexista: el frutero se dirigía a las mujeres porque son las que, con mucha diferencia, más abundan en el frente de intendencia doméstica).

Y no parecía la parroquia -femenina y/o masculina- estar muy convencida de que lo que en algunos lugares se ha conocido siempre como melón de agua vaya a convertirse en una suerte de oro rojo; y mucho menos de que esté llamado a levantar libidos y aminorarle el problema a los menos preparados.

Claro, que tampoco ayuda mucho en cuestión de credulidad alguna información que aparece colgada en ese mundo maravilloso que es Internet. Está bien enterarse de que la sandía es una planta herbácea que pertenece a la familia de las Cucurbitáceas y que crece en una planta llamada sandiera. O saber que es muy rica en un capazo de vitaminas además de en manganeso, potasio y hierro (¿tendrá que ver algo este mineral con la cosa de la dureza?). Pero que te digan, así, de sopetón, que es un fruto rastrero de la Citrullos vulgaris no aclara mucho; al contrario de lo que ocurre con otros vocablos científicos y totalmente desconocidos para casi todos, la inercia connotativa puede llevar a muchos a pensar que se trata de otra cosa, pues ya sabemos el valor que aportan a la sociedad los individuos rastreros y vulgares.

Pero vamos a lo que íbamos y retomemos el escenario mercadero. Dos hombres de edades… digamos maduras -de esos, ya bastantes, que últimamente podemos encontrar en los mercadonas, carrefures y mercados ambulantes-, envueltos el soniquete ambiental de aquel frutero, mantenían un diálogo no se si de sordos o de besugos. “Eso es que hay sobreproducción y tienen que inventarse algo para darles salida”, decía uno de ellos, tan escéptico como incrédulo, provocando la contestación del otro en el sentido de que “sea lo que sea, verás la subida que va a experimentar”. Se refería el hombre al precio de la sandía, no a los efectos secundarios de la misma; “que de eso, apostillaba, no me creo nada de nada”, a lo que el compañero asintió con semblante apesadumbrado.

Se despidieron y emprendieron camino en diferentes direcciones, pero en cuanto cada cual se observó fuera de la visual del otro no pudo ninguno de ellos resistir la tentación. ¿Y si fuera verdad ?. Hicieron hueco en el fondo del carrito, aunque no para esconderlas sino para no chafar tomates, fresas y cerezas, y colocaron bajo todo ello un par de sandías.

No se si es que la noticia no ha causado el furor que se esperaba, pero lo realmente constatable es que el precio de la sandía no se ha disparado. O sea, que tampoco es cuestión de revocar recalificaciones de terrenos y reconvertir futuros resorts en sandieras.

Además, habrá que esperar al posicionamiento de los sectores sociopoliticoreligiosos más ultramontanos, que si ya pusieron el grito en el cielo cuando el descubrimiento de la viagra -muchos de ellos, hipócritamente-, no sabemos si se sentirán en la obligación moral de organizar una cruzada contra la sandía.

Para valorar el eco de esta noticia, lo más indicado era ojear periódicos y volver al universo de Internet. Entre los primeros aparecen titulares como ¡A comer sandías! o Sandía, la viagra de la huerta. Y alguno de los apuntes generales sobre la sandía colgados en Internet dice que es originaria del África Tropical. ¡Acabáramos!. Ya podemos ir imaginando por qué andan tan bien surtidos, o armados, los paisanos y familiares de aquel negrito que cantaba la canción del Cola Cao.

30/06/08

  • Miguel Ángel Blaya

Saber

“Saber no ocupa lugar”; “dice más el sabio cuando calla que el necio cuando habla”; “aún el necio, cuando calla, es contado por sabio”. Y muchos más. Está esa virtual enciclopedia de la sabiduría popular repleta de asertos que vienen como anillo al dedo en la práctica totalidad de las distintas y diversas situaciones humanas relacionadas con el saber. »

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