13/10/08
Septiembre anunciaba despedida con agua en su última semana de este año “horribilis”. Mes uvero por excelencia y al que la sabiduría popular del refranero reservó una frase que no tiene desperdicio:”Septiembre, o seca los ríos o se lleva los puentes”.
En esas fechas fue cuando Mari Cruz, nuestra profesora del curso sobre Atención Eficaz de Quejas, en el que participé con seis compañer@s de empresa, pronunció la palabra mágica: asertividad. Confieso que fue la primera vez que escuché ese término. Me chocó. Y tuvo que ser en la capital del Segura y en un “lunes marrón”, como canta el Sabina. Claro, que siempre hay una primera vez.
Pero vayamos al grano. La asertividad se define como “la capacidad de una persona para expresar sentimientos, aptitudes y capacidades socialmente aceptadas e identificadas con la autoestima y el bienestar personal”. Surge del latín “asserere”, que significa “afirmar”. Para entendernos, pongo un ejemplo que puede disipar dudas:
Usted va a un restaurante a comer. Cuando le traen lo que ha pedido, observa que una de las copas está con marcas de pintura de labios de otra persona. Ante esta situación, podría reaccionar de distintas maneras. La primera sería callarse y no decir nada, aunque a disgusto. La segunda, armar la de San Quintín y echarle la bronca al responsable de ese establecimiento. También, puede llamar al camarero y pedirle que, por favor, le cambie la copa. Son tres tipos distintos de comportamiento.
Si eligió la primera opción, actuó de una forma pasiva. Es de los que piensan que no hay que interrumpir nunca a la gente, ya que es de mala educación. Cree que los problemas de uno no le interesan a nadie más y no hay que hacerles perder el tiempo escuchándolos, que hay que adaptarse a los demás, si no corremos el riesgo de perder una amistad. Por si faltaba poco, considera que cuando alguien tiene un problema tiene la obligación de ayudarle. Parece ser que no es cierto. Todas ellas son ideas falsas. Primero, tiene derecho a interrumpir a quien le habla para pedir una explicación, o a pedir ayuda o apoyo emocional, o a decir no y por supuesto, a decidir cuando prestar ayuda a los demás y cuando no. Mira tú por donde.
Evidentemente, creo que no hace falta explicar que si armó la marimorena en el restaurante, usted tuvo un comportamiento de tipo agresivo y nada recomendable. Como diríamos por aquí, pierde la razón aunque la lleve.
Y sí amablemente solicitó al camarero que le cambiase la copa, usted se comportó como una persona asertiva para resolver una situación incómoda. O lo que es lo mismo, quedó como un señor.
Algunos expertos opinan que estas formas de actuar nos vienen de cuando niños: “eso no se hace, eso no se dice, eso no se toca”, “si fuimos obedientes, nos premiaron” o “no me hacen caso, lloraré o romperé algo”. A mi juicio, no parece descabellada esa teoría.
Para ir terminando-ni corresponde ni hay suficiente espacio para contarles aquí la importancia de los silencios, el lenguaje no verbal o explicarles lo que es la retroalimentación ni el resto de técnicas aprendidas- tengo que decir que aprendimos y disfrutamos al mismo tiempo durante los 4 días que duró la enseñanza.
¡Ay, si los “picos de oro” supiesen que en la comunicación sólo un 30% es verbal y en muchísimas ocasiones nuestros gestos, el 70% restante, expresan lo contrario de lo que decimos!
En el curso participamos buena gente. De Alcantarilla, Beniel, Las Torres de Cotillas, Lorca y Águilas. A mis colegas Diego, María Ángeles, Pedro, Manoli, Tomás, Teresa y a nuestra profe Mari Cruz Marín, una gran profesional, se nos hizo corto. Ahora, más de uno, echamos de menos las tertulias y las empanadillas rellenas de ensaladilla a la hora del almuerzo en un bar cercano donde, por cierto, hemos dejado aparcado un brindis con pacharán. Todo se andará.
No puedo ni quiero olvidar mencionar el video que bajo el título de “Si las miradas mataran. El poder del comportamiento”, nos enseñaba, en una atmósfera que me recordaba a las películas del gran Alfred Hitchcock incluyendo a un severo inspector de Scotland Yard como narrador, las distintas formas de comportarse ante las peripecias de un personaje denominado, con toda la mala leche del mundo, “Señor Desgraciado” que al final resultó pertenecer a la “brigada anti mal comportamiento”. Sin duda, genial.
De todas formas, tengo que contarles que no es oro todo lo que reluce y que pese al poder del comportamiento, siempre hay lo que Mari Cruz calificó acertadamente como “palomicas sueltas”. Es decir, aquellas personas que por mucha empatía que usemos y por mucho que nos pongamos en la piel del otro, no atiende a razones de ningún tipo. O lo que es lo mismo, son las excepciones que confirman la regla. Y ahora sí. Finalizo con algunos consejos aprendidos para conseguir el milagro de la comunicación. Ahí van algunos:
“Si quieres aburrirles, léeles. Si quieres comunicarte, háblales. Si quieres que te atiendan, escúchales. Si quieres que te odien, monologa. Si quieres convencerles, dialoga.” ¡Ah, antes de que se me olvide! Recuerden siempre que el comportamiento no es algo con lo que se nace, aunque es contagioso y también se puede elegir.
Ya solo me queda una duda. ¿Habrá conseguido el vuelo de estas “palomicas sueltas” atraer la atención de nuestros lectores, dejando a un lado por una vez la crisis financiera del mundo mundial, sus hipotecas “subprime” o basura (menudo regalito de despedida del señor Bush), euribors a la carta y bancos en apuros? Ustedes eligen.
16/07/08
Muy temprano, cuando el “Lorenzo” se desperezaba y todavía no asomaban sus primeros rayos vespertinos, la lonja de fruta ya era un hervidero de mozos descargando y moviendo “bultos” de los productos recién llegados del campo. Entre “romanas” para pesar la fruta, era un bullicio muy bien organizado por el saber hacer del recordado Jesús Caicedo, ayudado por sus hijos Antonio y Jesús. Y es que en los inicios de los años 60, al contrario que hoy día, la emblemática Plaza de Abastos de Águilas era el centro comercial por excelencia del pueblo. Muy cerca, en la antigua calle de la Paz (actualmente Plaza Juez de Paz José Mª Guillén) y próxima a una de las cuatro puertas de entrada al recinto placero, se encontraba la Gran Tahona, una panadería que regentaba el matrimonio formado por Pepe García y Lola Ramírez. Continuando por la misma vía, nos adentrábamos en la calle Plaza de Abastos, con varias tiendas de comestibles como las de Apolonia, Francisco Chazarra o Miguel Bonmati. Y, por supuesto, la “Posaica” de D. José María Muñoz Baldrich, un hombre que como escribió Machado “era, en el buen sentido de la palabra, bueno”.
En uno de sus cuartos encerraba mi abuelo Bartolo las sandias y melones que luego acarreaba a la plaza o junto a una de sus puertas, frente a la lonja. Allí, cuando llegaba el verano, a la luz de la luna y con las estrellas como techo, pasaba las noches con su escaparate de sandías bien ordenadas, hasta que algunos pícaros intentaban “chorizárselas” provocando un alud del preciado fruto y el consiguiente “mosqueo” del padre de mi madre. Ya en el puesto que tenía en el interior de la plaza, hizo famoso el eslogan “Bartolete, a durete, a durete, Bartolete”. Al “Cebollica”, mote con el que se le conocía por su afición a esa hortaliza, le apreciaban muchos sus “parroquianos” (los que ahora conocemos como clientes), tanto extranjeros como de cualquier rincón de España. Los “guiris” lo asaltaban con sus cámaras fotográficas o las antiguas cámaras de video. Claro que ver a mi abuelo partiendo las rojas sandías con su afilada faca y ofreciéndolas a “cata”, suponía todo un espectáculo y un “master” en ventas.
En la misma calle, y frente a otro de los accesos, el tío Martino anunciaba sus productos estrella: “Caballa, atún, melva y bonito. Al que se los come, le llaman el señorito”. Los hermanos Isabel y José disponían de una tienda de salazones: melva, bonito, hueva, sardinas-envasadas en unas cajas redondas de madera- mojama…
Los “Martinos”, una familia “placera”, disponían también de espacio en el interior de la plaza. Era el caso de Paca, con su puesto de fruta o de Ginés y su esposa Julia, que contaban con su caseta para vender charcutería.
Pero en la Plaza de Águilas había muchas más personas que se buscaban la vida echando más horas que un reloj. Era el caso de otra de las familias, los Segados, a la que pertenece Juana, mi abuela materna.
Al igual que ella, sus hermanos Salvador y Pedro, con sus esposas Ana y María, conocían a la perfección las técnicas de venta aprendidas de sus progenitores. Prácticamente al lado de mi abuela, estaban situadas Lola “la del Nito”, Catalina “la cuevera”, Paca “la del Rubial”-que ocupó la plaza de su suegra Isabel “la Reina”- y Antonio Ruiz con su esposa Ángeles Gallardo, quienes junto a sus hijos Cati y Antonio, ofertaban además de espléndidos plátanos y fruta fresca, charcutería y diversos tipos de viandas. Otros puntos de venta estaban ocupados por Antonia-viuda de Domingo Segado-Pepa y Ana, conocidas por las “Ministrillas”, Águeda y María “la Martina” y su esposo Domingo.
Además de las frutas, hortalizas y legumbres, la carne y el pescado tenían un hueco entre las vetustas paredes de nuestra apreciada plaza. Cordero, ternera, cerdo, pollos, conejos y toda clase de embutidos artesanales, no faltaban cada día gracias a familias como la de Alfonso “el Rizao” y su hijo Paco, “El Regino”, las hermanas Esperanza y Anica, Pepa Escámez-prima de mi padre- Narciso, Bartolo, mi tío Pepe Escámez y su esposa Juana-una caseta que ocuparon antes mi abuela Ana y mi abuelo Francisco- o Felipe López y su esposa Francisca Belmonte.
Menos recuerdos tengo de los vendedores de “los frutos del mar”. Pero ahí van algunos nombres que me recuerda mi madre: “la Chitina”, Petra, Carmen, Maruja-que todavía mantiene su puesto con su hijo- o Tere, hija del “lorquino”.
Pero había más personas que vivían de la plaza. Eran los casos de Ramón “el Huevo”, funcionario municipal encargado de que se cumpliera la normativa del ayuntamiento, o de Pepa Martínez, madre de nuestra querida “Lola de Bayona”, quien con sus populares rifas llenaba de alegría e ilusión cada rincón del centro comercial. Perfumes, mantas, sandías, pescado fresco o toallas, podían ser lo premios de los agraciados. Pepa representaba “la alegría de la Plaza” y me recuerda mi hermana que también contaba con un método infalible para ganarse al personal: “Me han llamado, alguien me ha llamado”, decía mientras ofrecía sus papeletas y enseñaba orgullosa el premio del día.
El entorno de la plaza contaba también con una churrería por uno de sus accesos. Juan y Anita preparaban unos churros que recién salidos del aceite saboreábamos en el aún conocido como “bar del Lorito”, a cuyo frente se encontraba entonces nuestra querida y recordada poetisa Carmen Muñoz y su esposo Fernando “el Petaca”.
En la misma calle, Isabel la Católica, la casa de comidas de Antonio y Paca, el bar de Pepe y la señora Rita con sus camareros Luís y Ángel, la bodega del mismo Pepe y su hijo Paco, la tienda de ropa de los “Cueveros, el estanco de Leandro y su hermana Concha, la barbería del maestro Sebastián Segovia, la pensión Rojas o en la esquina de la Glorieta los Icelis con sus tiendas de nueces, castañas, garbanzos o Manuel López el “Cónguiro” y su mujer María Morata, con sus sabrosas castañas asadas, la mercería de Andrés y Aníbal Aullón…
Soy consciente de que no están todos los que son ni son todos los que están. Son sólo unos retazos de aquella época y de aquel lugar, que este año cumple nada menos que 80 primaveras.
Ahora corren nuevos tiempos y según me cuenta mi amigo Ginés Ortiz, un proyecto ambicioso de la Asociación de Comerciantes e Industriales convertirá ese espacio, en pleno corazón de Águilas, en un lugar de ocio y recreo.
Para finalizar este manojo de recuerdos, quiero dedicar este modesto artículo de opinión a mi madre, Concepción Reverte Segado, que pasó su niñez y gran parte de su juventud entre pesas y mostradores, a mis abuelos Francisco Escámez Alacid y Bartolomé Reverte Serrano, a mis abuelas Juana Segado Pérez y Ana Sánchez Quiñonero, junto a todas las personas que dieron vida a la emblemática Plaza de Águilas. Sin duda, poca cosa para sus merecimientos. A tod@s, quiero felicitarl@s por haber escrito una de las páginas más hermosas del solar aguileño.
30/06/08
Ha tenido que pasar casi medio siglo para que la selección española absoluta de fútbol volviera a repetir la hazaña de 1964 y se proclamara campeona de Europa. »
19/05/08
“¿Quieres dejar de fumar?” Así, a bocajarro, me lanzó mi médico esa pregunta a la que busco respuesta desde hace muchas lunas. La faringitis, por la que había acudido a la consulta, dejó de ser la protagonista para convertirse en algo secundario. Pues bien, justo cuando me siento a escribir este artículo se cumplen 21 días desde que tomé la decisión de abandonar a ese asesino silencioso. Fue el pasado 19 de mayo cuando, después de algunos intentos fallidos, me atreví por fin a liberarme de los efectos nocivos de la nicotina. Desde mi punto de vista y experiencia personal, el primer y más importante paso que hay que dar es, precisamente, ese. Si consigues convencerte a ti mismo, tienes más de la mitad de la guerra ganada a un terrorista que se instala en el cerebro con la adicción y termina destrozando el corazón y los pulmones.
Lejos quedan ya los tiempos en que el tabaco y su liturgia pasaban con tanta naturalidad y prestigio por los labios de nuestros ídolos. O de aquellos primeros cigarrillos a escondidas que, aunque nos castigaba con la maldita tos, nos investían de una imaginaria madurez social.
Dentro de las 10 reglas de oro que recomiendan los facultativos para dejar de fumar, quiero destacar las que a mí más me han servido de ayuda. La primera, después de tomar esa determinación, es la de cambiar nuestra rutina diaria. Por ejemplo, apuntarse al ejercicio físico. No es necesario ser un superatleta. Simplemente andar, subir las escaleras en lugar del ascensor, olvidarse del coche en trayectos cortos… Águilas tiene unos paseos y rincones chulisimos, aprovechémonos de ellos. Son gratis. Luego hay que controlar la comida. En este caso, las verduras suelen ser buenas aliadas para controlar el peso. Además, hay que pensar en positivo: anota las ventajas, no sólo las físicas, también los euros que nos ahorramos. Es bueno beber al menos 1,5 litros al día para estar bien hidratados, eso si, evitando el alcohol. Finalmente, piensa en el día a día, no en el nunca más. Piensa: “hoy no fumo”. Es tu meta.
Si además, uno tiene ayuda, miel sobre hojuelas. En mi caso y en el de varios amigos, nos hemos “enganchado” al programa que desde la pasada primavera- y hasta final de este año- inició el Servicio Murciano de Salud como prueba piloto en su Área 3 que abarca además de Águilas a Lorca, Puerto Lumbreras y Totana. El mensaje es directo. Si quieres, puedes. Simplemente tienes que acudir a tu médico de familia y seguir sus consejos.
Campañas como “Déjalo y gana” o “Apaga y vámonos”, que hace unos años popularizara a través del programa televisivo “Gran Hermano” la periodista Mercedes Milá, y que con motivo del “Día Mundial contra el Tabaco” han recuperado las concejalías de Sanidad, Juventud y Deportes, Servicios Sociales e Igualdad y Educación de nuestro ayuntamiento, son importantes para ayudar a los fumador@s a dejar este mortal hábito.
Pero, sin quitarle un ápice de importancia a este tipo de ayudas, lo fundamental sigue siendo el factor humano, o sea, las personas.
He tenido la suerte de encontrarme- a veces es caprichoso el azar- con un equipo de profesionales del Centro de Salud “Águilas Sur,” (11 médicos y 9 enfermeros) que bajo la coordinación de la doctora Helena Hormigo, se han involucrado de forma personal en una lucha sin piedad contra esta droga que va directamente a los pulmones y a la sangre.
Según estudios médicos, en siete segundos una cuarta parte de la nicotina ha llegado al cerebro, a través de la arteria pulmonar.
La Organización Mundial de la Salud, incide en que “no existe ningún otro producto a nivel de usuario que sea tan peligroso o que mate a tanta gente. El tabaco mata más que el sida, las drogas legales y las ilegales, los accidentes de carretera, asesinatos y suicidio combinados”.
Sólo me queda ya dar ánimos a las personas que se encuentran luchando contra el “mono” y a las que se están planteando recuperar el placer de los olores, los sabores y la calidad de vida que aún nos queda por vivir. Y enviar un mensaje alentador a las personas fumadoras, informándoles de los beneficios que se obtienen al dejar de fumar y respirar aire no contaminado por el humo del tabaco.
Reconforta saber que, una vez conseguido expulsar a la nicotina de nuestro organismo, los pulmones empiezan muy pronto a regenerarse y que 10 años después, el riesgo de cáncer de pulmón se equipará a la de cualquier persona no fumadora.
¿Son suficientes razones para decirle adiós al “jodío fumeque” del que tanto se quejaba nuestro Paco Rabal en el inolvidable personaje de Juncal que creara Jaime de Armiñan? Sincera y egoístamente, pienso que si.
Por cierto, mi médico de familia se llama Matías. Y Ángel, mi enfermero de “cabecera”. A ellos, a todos sus compañer@s y uno a uno, gracias, muchas gracias.
9/05/08
Dos son multitud. Cuántas veces hemos escuchado esta afirmación. Desde luego, no me podrán negar que invita a la reflexión la frasecica del carajo. Se puede interpretar, a mi modesto entender, de varias maneras. »
9/04/08
Un servidor quería resistirse a la tentación de expresar su opinión sobre la última contienda electoral en este país. Incluso, ya tenía preparado otro artículo sobre las emociones que produce el mes de Abril, tiempo en que “se echa a la calle la vida, cicatrizan las heridas y al corazón, como al sol, se le alegra la mirada y se abre paso entre las nubes”, que dice la canción. »
¿Qué opina del Plan de Competitividad Turística de Águilas?
(49 comentarios)
La última cinta de la saga de James Bond llega esta semana a los cines
Más vídeos
2005-2008 © Actualidad de Murcia | Quiénes somos / Contacto | Accesibilidad | Artículos en RSS
Este sitio cumple con los estándares del W3C - diseño