La Actualidad de Águilas y Lorca

Periódico con noticias locales de Águilas, Caravaca y Lorca

La Actualidad - el periódico que te da el triple

EL TIEMPO INM: Águilas - Lorca - Caravaca

Articulistas

19/04/06

  • Salvador Montalbán

La tesis

El otro día, la prensa regional se hizo eco del aprobado con nota sobresaliente cum laude de una tesis leída en la Universidad de Murcia. Hasta ahí, medio regular porque hay tesis que consiguen llegar a la prensa y otras, importantes, que no. Lo digo porque no me parece de gran relevancia que una tesis sobre “Los Simpson” sea como para dedicar dos páginas en un medio, por vacío que vaya de contenido. Más absurdo parece que la Universidad acepte tesis doctorales tan simplonas y/o tendenciosas.

La conclusión de la tesis era algo así como que la serie de televisión es perjudicial para los niños por los valores profundamente negativos que representa.

Posiblemente con las 400 entrevistas que realizó el nuevo doctor se podían haber sacado resultados más útiles, pero su resumen textual es : “los padres no deberían sentar a los niños frente a la tele a ver “Los Simpson”….”, entre otras cosas porque hace una crítica a la religión.

Joder con los que todavía, en el siglo XXI, se la cogen con papel de fumar…
Creo que somos más los que pensamos que dicha serie de dibujos no es solamente para “mayores con reparos” como se decía antes en algunas películas peligrosas, como las de Buñuel ( que esas sí que eran críticas ). Que a estas alturas andar con miedo ante lo que aparece en la caja tonta es un poco absurdo, que lo que da miedo de verdad es que padres y profesores generemos niños sin criterios para afrontar las realidades que se les van a presentar a diario, mucho más si se nos mean por la pata abajo al afrontar ficciones como unos dibujos animados.

Luego , el doctor , hace un análisis pormenorizado de cada uno de los personajes de la serie, del cual no se salva nadie. Todos tienen aspectos negativos como para enviar la serie a las hogueras. El que la haya visto más de una vez, habrá observado que la serie hace un ejercicio crítico que se agradece, además , por gracioso y ocurrente. Se ríen de sí mismos y del prójimo, justificando siempre el motivo de la burla. Es cierto que se trata de una familia media norteamericana, que tiene puntos en discordia con los nuestros pero otros muchos en común, con respecto a la convivencia entre vecinos, en la comunidad, en la familia…, muchas situaciones no son tan extrañas para la familia media española, por lo que uno puede aplicarse el cuento y reírse de sí mismo, si tiene la capacidad y la libertad para ello.

Libertad es la que permite ver dibujos animados sin el lápiz y la libreta anotando lo que puede perjudicar a tus hijos y andar acojonado en tu propia casa o apagando la caja tonta no vayan a ver tus tiernos niñitos esos disparates que dice Homer. Y otra cosa, en esta serie se cuida más el lenguaje que en otras series españolas de mucha más audiencia.

El problema vuelva a estar en el enfoque del mismo : el problema no está en lo que hay ahí fuera sino en no estar capacitado para afrontarlo.

No se puede estar en la cárcel y con miedo, como decía el otro. O preparas a tus hijos para afrontar unos dibujos animados o tiras la toalla y te escondes debajo del bidet.
Por eso mantengo que el motivo de la tesis cum laude me parece ligeramente fútil, y los resultados, tristes. Si el fin último era llegar a la población con el aviso de peligro por una serie de dibujos animados, pues, oye, da un poco de tristeza. ¿ Qué pasará entonces cuando el nuevo doctor vea la otra serie de dibujos : “South Park” , donde el humor es bastante más agresivo ? . Seguramente le faltarán hogueras.

16/04/06

  • Francisco López

¿Cuál es tu refugio?

Francisco López Belmonte

Un cazador, en Estados Unidos, contaba esta simpática historia: Un día, caminando por el bosque con su escopeta de caza, dispuesto a abatir cualquier presa que se le pusiera a tiro, oyó frente a él, entre unos matorrales, un ruido extraño que hizo que llamara su atención.

Cuál no fue su sorpresa cuando vio salir un conejo que se abría paso a una velocidad tremenda. De pronto se paró entre las piernas del estupefacto cazador y allí quedó, acurrucado a sus pies. Este hecho le extrañó muchísimo, ya que los conejos silvestres tienden de manera natural a huir en cualquiera de los casos de las personas.

Muy pronto comprendió este comportamiento inusual, ya que frente a él apareció una comadreja buscando algo que se le había perdido y, al encontrar al conejo entre los pies del cazador, salió huyendo; momentos después, hizo lo mismo el conejo intuyendo que el peligro ya había pasado.

Me pregunto hacia dónde corremos nosotros cuando tenemos miedo; qué refugio buscamos en momentos de angustiosa necesidad, o cuando sentimos que se han agotado nuestras fuerzas.

Cuando las preocupaciones, los problemas y los temores nos asaltan; o cuando también nuestro pasado nos persigue atormentándonos. Cuando la comadreja de la enfermedad, la duda o la maldad se cruzan en nuestra vida.

En el mundo de hoy hay muchas razones para que el temor camine a nuestro lado, bien por los problemas que crea la inseguridad ciudadana, por el horror del terrorismo, por la violencia de género, por el desprecio de los valores morales, por la falta de respeto a los ancianos, por el desprecio a la sensibilidad de la infancia, por la ambición desmedida de muchos, por la conflictividad laboral, por la competencia desleal, por la degradación medioambiental, por los escándalos políticos, por la irresponsabilidad de conductores por las calles… o por la velocidad con la que todo sucede en la actualidad, que no te da tiempo a reaccionar la mayoría de las veces…

Y nos sentimos, por tanto, “solos ante el peligro”, uno contra todos, porque parece que nadie camina en nuestra misma dirección, o que los demás no tienen que enfrentarse diariamente a los mismos problemas que nosotros.

Cuando surge un conflicto verdaderamente importante que nos obliga a correr y se esfuma nuestra resistencia y sentimos que no podemos seguir avanzando, hacia dónde se deben dirigir nuestros pasos ¿Acudiremos a ceremonias religiosas?, o quizás ¿a frías estatuas mudas que ni ven ni oyen?

JESUCRISTO dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados y yo os haré descansar”.

Si ÉL nos promete ayuda ¿despreciaremos Su oferta? ÉL es el único refugio verdadero al que podemos acudir con total garantía de seguridad, aquí y por la eternidad.

12/04/06

  • Salvador Giménez

Seamos locos o tal vez cuerdos

Visto lo visto, parece que las personas nos podemos dividir entre razonables y no razonables. Y es que la humanidad, en estos tiempos de globalización, auge de los fundamentalismos religiosos y apología de la raza, se ha dejado de medias tintas. Ahora se está o no se está, blanco o negro, y el tren pasa de largo ante la duda o el menor indicio de locura… Aunque, pardiez, ya sabía yo que se me olvidaba algo: está la renovada politicucha de centro “new age”, aunque ésta no es más que una mera excusa, una elaborada campaña marketiniana en busca de votantes sin ideologías políticas, que, por cierto, empieza a ser un factor determinante entre la juventud española, tal y como se ha suele ver en cualquier proceso electoral. O si no, que se lo pregunten a los exdiputados de Izquierda Unida, musealizados en las hemerotecas de prensa.

Por supuesto, todos queremos estar junto a la gente cuerda; pero, a pesar de ello, la historia que es zorro viejo, nos ha enseñado que hay un punto de inflexión entre la cordura y la locura, donde, a menudo, se deja entrever el genio. Pero vayamos por partes, ser inflexiblemente cuerdo siempre es aceptar un espejo social que nos lleva a razonar antes de actuar y a proceder bajo una conducta previamente determinada. Del otro lado está al que llaman loco, que es rechazado por su particular naturaleza, ya que sus acciones van contra corriente: navegar río arriba siempre es más complicado y menos entendible para el que se considera cuerdo.

¿Qué sería del mundo sin una pizca de locura? Tal vez estaríamos hablando de una humanidad clonada, maniatada y tan simplona como las reposiciones de La Primera. Así, la falta de cordura de muchos artistas ha poblado de magia cada rincón de este planeta. La aparente loca necedad de Miguel Ángel, en contra de los deseos de Julio II, nos dejó la majestuosa hermosura de la Capilla Sextina; los delirios de Dante Alighieri nos legaron La Divina Comedia y los desvaríos de Van Gogh nos regalaron por siempre, entre otras muchas cosas, sus hermosos girasoles.

Escritores, científicos o meros soñadores han padecido la, llamémosla enfermedad del “juicio social”, una demencia que les ha provocado ver más allá de su torpe vida de humano y llevar a cabo descubrimientos tan significativos para el mundo, aún en medio de su soledad y la denuncia por parte de los cuerdos, que rogaban a Dios por sus almas descarriadas. Galileo, Cristóbal Colón, Erasmo de Rótterdam, Tomás de Aquino y Kant, fueron considerados en su tiempo gente “non grata”, bichos raros cuyas ideas se ajustaban más a febriles confusiones que a una idea concebida a partir de la lógica.

El mismo Heráclito, apodado “el oscuro”, desde la caverna donde vivía, al sentirse observado como quien mira una avestruz por primera vez, decía a los curiosos que se acercaban: “Aquí también mora la sabiduría”. Suya también es la frase: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”. Aquí, el filósofo defiende la idea de que todo cambia y hay que dejar espacio a la locura para poder prosperar. Las aguas han pasado, hay otras en lugar de las primeras y nosotros mismos ya somos otros.

Y es que, ¿Puede haber algo más irrazonable para este mundo que un mártir o un santo, remando contra la corriente de una sociedad que les marginó como simples bufones, como mercachifles de tres al cuarto, ilusos y poco creíbles?

El mismo Cristo, ¿No fue vestido por Herodes con el manto que se imponía a los locos, porque su doctrina tanto como su silencio se oponían a los paradigmas impuestos en la época?

Quizá, debamos plantearnos, que tras la paleta de nuestra meditada cordura, hemos de dejar escapar una pizca de locura, y así tal vez seamos lo bastante cuerdos para vivir realmente.

5/04/06

  • Francisco López

¿Integridad?

Francisco López Belmonte

Es curioso cómo ciertas noticias pueden tener a un sector de la población pensando en un mismo momento sobre un asunto en concreto. Me refiero a noticias que nos hablan de escándalos morales, financieros o de otro tipo; pero sobre todo cuando estos escándalos son producidos por personas elegidas por una mayoría con la seguridad de que nunca iban a protagonizar este tipo de acontecimientos; personas que prometieron un comportamiento íntegro y que, incluso, llegaron a su puesto juzgando y censurando a otros por el mismo asunto en el que ahora caen ellos (en la Biblia está escrito: “El que cree estar firme cuide que no caiga”).

La Real Academia introduce, para definir la honradez, el término “integridad”. Hablar de honradez nos obliga a pensar en el proverbio que dice: “Pesa falsa y medida falsa abominación son a DIOS” o aquel otro: “con la medida con que midiereis seréis medidos”. Y esto hemos de aplicarlo a las diferentes áreas de nuestra vida: en el trabajo, en los negocios, en la política… Todo depende del concepto que tengamos de moralidad, por lo tanto, si nuestro comportamiento moral, en todas las facetas de nuestro ser, obedece a un deseo de integridad, la honradez aflorará en todas nuestras actividades.

La integridad como valor moral se da en una persona cuando es igual por dentro y por fuera. No hay discrepancia entre lo que dice y lo que hace, entre su forma de conducirse y sus pensamientos. Está demostrado cómo cambia nuestro comportamiento cuando estamos arriba, donde sabemos que nadie nos conoce realmente, donde tenemos acceso a la administración de los bienes de otros. En un mundo que nos invita a ascender como sea y por los medios que sea (codicia, engaño, fraude) la integridad es necesaria a niveles políticos y financieros, como también al nivel del pueblo llano.

Cada acción de nuestra vida que no sea fruto del deseo de obrar íntegramente (lo cual coincide de lleno con la voluntad de DIOS), será un ataque a la honestidad, a la moralidad. Está escrito: “Sabed que vuestro pecado os alcanzará” y así será tarde o temprano, porque todo lo oculto, antes o después, saldrá a la luz, con toda seguridad. Ser honrados nos acarreará problemas, sin duda, ya que será ir contracorriente y es más fácil dejarse llevar y ganar a corto plazo. Que DIOS nos ayude a mantenernos íntegros en todo momento, de tal forma que nuestro “sí” sea “sí” y nuestro “no” sea “no”.

5/04/06

  • José Luis González Cobelo

Retablo de la avaricia

Al pobre le faltan muchas cosas, al avaro todas
(Publio Siro. Sentencias).
La bebida sacia la sed, el alimento apaga el deseo de nutrirse, pero la plata y el oro no satisfacen nunca la avaricia
(Plutarco. De la avaricia).

La palabra avaricia no está de moda. Se la ve pocas veces escrita en artículos de opinión y comentarios, o en boca de las gentes. Parece que tiene un tufillo como de sacristía poco ventilada, de rancio catecismo impuesto a golpe de doble decímetro en las falanges por curas ensotándoos, casposos y de armas tomar. La palabra tiene un regusto antañón y vergonzante.

Hoy preferimos hablar de ambición y espíritu promocional, que son dos cosas muy actuales y bien vistas. Ya se sabe: el ejecutivo que no cambia de coche cada dos años, tirando siempre por elevación de la gama; el que no se hace construir una mansión para “epatar al burgués”, con una arquitectura ostentosa y vociferante, que proclame a los cuatro vientos, no el buen gusto y la mesura de su promotor, sino el caudal avasallador de su prosperidad; ese no consolidará socialmente su marchamo de triunfador, y perderá con ello consideración y respeto. perderá algo esencial: crédito.

Forma parte del A B C credencial de cualquier empresa o banco que se precie, sean estos grandes o pequeños, que no crecer constantemente, no hacer constantemente más negocio, no extender de continuo su ámbito de actividad equivalen directamente a decaer, a fracasar, y de ahí a la desaparición o a la absorción solo hay un paso.

Sin embargo, no está de más recuperar la palabra que abre este comentario. Porque esa palabra es nuestra verdad desnuda, a nivel colectivo, a nivel individual.

Hemos sido testigos estos días de la caída espectacular de un reino de taifas de corrupción urbanística: Marbella. Mar- bella, que debiera hoy decirse Mar-fea. Nos hemos asomado un poco a la tramoya, al tinglado esperpéntico que se oculta tras las exuberantes y suntuosas fachadas de las hileras de palacetes y mansiones; tras los oros y estucos venecianos de la “Milla de oro”. Y hemos podido constatar que tras ese aluvión de glamour apócrifo había una gama completa de fealdades.

El crecimiento desaforado no era más que avaricia y afán de lucro.

Una estirpe de alcaldes sin escrúpulos, con un séquito de funcionarios corruptos y políticos oportunistas, incluida alguna “heroica” voz denunciadora de antaño que se buscó también su rinconcito al sol de la canonjía.

A la cabeza, el pontífice máximo en el más redondo negocio de los tiempos: el asesor urbanístico. Se le ha computado a bote pronto a este personaje un patrimonio próximo a los tres mil millones (¡de euros, que duda cabe!).

Con él se hacen palpables todas las características que se le atribuyen a la avaricia: insaciabilidad, más allá de la satisfacción de cualquier necesidad imaginable, y su corolario obligado: insatisfacción perpetua.

El del Ayuntamiento marbellí es un caso límite, en el que un Ayuntamiento en bloque acapara para el lucro privado de sus componentes la casi totalidad de los recursos públicos, dejando escasas migajas para invertir en beneficio de la comunidad. ¡En Marbella, el Ayuntamiento no pagaba a nadie y hacía cosas como asignar en presupuesto una fregona al mes para todo un colegio público!

Pero que no nos sirva ese espejo de avaricia que es Marbella de chivo expiatorio para tranquilizar conciencias, sino de reflejo de los vicios propios, y su desenlace de antecedente y ejemplo. ¡Hay muchas barbas que poner a remojo viendo pelar las del vecino marbellí! (con perdón de la señora alcaldesa, que me figuro imberbe).

Volvamos, prudentemente, a consideraciones genéricas.

En este ámbito constatamos que la avaricia adquiere el rango de norma y fundamento en la “praxis” social. La avaricia rige las relaciones reglamentadas del Estado con los ciudadanos. El Estado ofrece el más completo y perfecto modelo de práctica avarienta que conozco. Avaricia y codicia dominan en el sistema fiscal que nos abruma. Usura se le habría llamado siempre a la norma asumida de penalizar con un 20% de recargo cualquier declaración de impuestos que se retrase en su presentación ¡un solo día!.

No nos extrañemos si los ciudadanos hacen suyos esos comportamientos deplorables que son la norma en quienes tienen la obligación moral y material de dar ejemplo.

En los bancos, en los seguros, la avaricia y la usura son de ley.

Algo me toca decir a este respecto de lo que constituye mi ámbito profesional directo: la arquitectura y el urbanismo.

El urbanismo tiene en teoría la misión de regular el desarrollo físico de la actividad humana, ordenando, jerarquizando y articulando el espacio existencial humano, con el máximo respeto hacia todos los valores históricos, culturales y tradicionales que en él perduran, y que son el legado colectivo de la sociedad de ayer a la de hoy y a la de mañana.

Esto es en teoría. El urbanismo que se hace en la práctica - en Marbella tanto como aquí mismo- es literalmente la cuantificación de la avaricia; un inmisericorde chalaneo, un toma y daca de rendimientos económicos entre los abogados de los promotores y la administración. Una vez acordados los términos de la transacción, el urbanismo arrasa por decreto, llevándose por delante hasta la topografía del territorio. Algo cataclísmico.

En cuanto a la arquitectura que se perpetra usualmente, sigamos tan solo que es el simple resultado, el precipitado directo de un único principio: de que forma dar lo mínimo social y legalmente aceptable, obteniendo como contrapartida el rendimiento económico máximo compatible con las condiciones del mercado.

Pura avaricia, en suma.

5/04/06

  • Salvador Montalbán

La vida sigue igual

Como decía la canción de Julio, el portero metido a cantante, triunfador y escapado de su patria para no pagar impuestos en España.

Las cosas marchan. En nuestro pueblo, las cosas siguen su camino. Como decía Fernando Rey ( voz en off ) en la película más genial del cine español : “Bienvenido, mister Marshall” . Todo pasa, el pueblo sigue siendo el mismo, las gentes vuelven a sus trabajos, el cura a su iglesia y la maestra a los niños……..la vida sigue.

Pase lo que pase por ahí, en nuestro pueblo, las cosas siguen marchando: bien para unos, mejor para otros, y mal para los de siempre, pero la vida en un pueblo, en una mini ciudad del siglo XXI, no hay quien la pare.

Unos organizan cenas en beneficio de los pobres saharauis, recogen ropas y otras cosas innecesarias para nosotros pero que , los que hemos visitado el Sahara, sabemos lo que aquellos las necesitan. El cronista de la villa, don Luís, habla de los republicanos aguileños, los cantantes aguileños Antonio Segura y Antonio Carvajal hacen sus galas; mientras, otros preparan las procesiones de Semana Santa, una vez liquidado el Carnaval, las cornetas y tambores pasean por las calles oscuras para poder salir bien ensayados dentro de unos días ante todo el pueblo, las “manolas” preparan sus trajes negros y los costaleros hacen músculo.

Y en pocos días , que se va a abrir una nueva calle en nuestro pueblo: un acontecimiento, se la va a dar una calle a un gran aguileño, a don José García Antón, historiador, profesor, amigo de todos , amable y educado con los que han querido preguntarle sobre los avatares de nuestro pueblo en la historia. Allí, en las Molinetas, junto a la calle Murcia y atravesando el nuevo jardín de diseño, cerca del vial de circunvalación, nuestro alcalde va a inaugurar una calle nueva, con un rótulo de cerámica sobre una gran piedra que dará nombre a una nueva calle a un buen hombre.

Los políticos , por otra parte, empiezan a ver cerca el horizonte de la primavera del 2007, velan sus armas y preparan cómo se enfrentarán a duelo, las listas empiezan a perfilarse, deben ser del gusto del respetable, si no para qué las prisas. Porque una cosa es que nos guste cómo lo hacen, de gobierno o de oposición durante cuatro años, pero la reválida, ay, la reválida… decimos nosotros quién la pasa y quien se va a recuperación.

Para muchos, especialmente para los comerciantes, que son una parte vital de esta ciudad, la cercanía de la temporada de verano es motivo de entusiasmo contenido, no porque se empiece a ir a la playa, sino porque las ventas aumentan considerablemente en la casi totalidad del comercio local. Eso, como en épocas anteriores, asegura un invierno de mayor tranquilidad, como el de la hormiga que finalmente se rió de la cigarra porque pudo , o supo, guardar para el invierno.

El calendario de fiestas ya ha pasado en su grueso, con el carnaval ya por la parte de atrás, lo que queda por delante es la importada fiesta del rocío , la romería que no cuenta con muchos años de solera, aún , y las particulares fiestas de las comuniones, que son como celebraciones de bodas de niños, donde éstos son los que menos se enteran de la historia y los mayores aprovechan para enseñar el chalet.

Que a unos guste más unas cosas y menos otras, no importa nada ; la vida va a seguir igualmente. Nos vamos a respetar cada vez que nos crucemos por la calle, aunque cada vez nos paremos menos a saludarnos y charlar un ratico.

A veces, la rutina da tristeza y apatía, otras da seguridad y confianza.

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