La Actualidad de Águilas y Lorca

Periódico con noticias locales de Águilas, Caravaca y Lorca

La Actualidad - el periódico que te da el triple

EL TIEMPO INM: Águilas - Lorca - Caravaca

Articulistas

19/11/05

  • José Luis González Cobelo

Una cita obligada

Aún llego a tiempo. Ya va en buenas la primavera, ya los campos áridos se pueblan de flores amarillas, ya los caminos polvorientos de las Castillas se ven flanqueados por orlas rojo sangre de millones de amapolas celebrando la vida, ya los secarrales se ven invadidos por efímeros océanos verdes recorridos por olas en las que cabalga el viento solano. Aún golpeado por el dolor de la vida y la muerte, su envés necesario, aún herido en el fondo del alma, llego a tiempo.

Todavía no se han fundido en el infinito horizonte sus siluetas, que avanzan lentas, lentas, entre barbechos y rastrojos. Las dos figuras no pueden ser más disímiles, más contrapuestas en su perfil y aplomo, ni estar mejor conjuntadas en su andadura. Sí, lo habéis adivinado. Son ellos, figuras inmemoriales, arquetípicas, de una tierra donde el tiempo corre lento, de una tierra que siempre espera y siempre tiene sed. Son ellos, el caballero eterno, el primer caballero de las Españas, y el único, en verdad. Y tras de él, el eterno escudero, la quintaesencia del hombre de la tierra, del hombre que es tierra con la tierra, el español indiscutible, de ayer, de hoy, de mañana, de nunca, como tal vez nos enseñó a verlo Antonio Machado.

Ambos cabalgan, un rucio desmantelado y señorial el uno; un pollino aventado y cerril el otro. Ambos platican, en un discurso lento, sosegado, plagado de razones que se despliegan en palabras como un gran río caudal solazándose en la llanura.

Y ante ellos se van mostrando los infinitos trampantojos del mundo, mientras el cielo inmutable los refleja, en sus estáticas avalanchas de plata y fulgores.

Es la estampa primordial que alucinó a Doré y a Orson Welles, la estampa arquetípica que nutre y enriquece lo mejor de nuestro imaginario colectivo.

Y es llegado, sin duda, el momento de preguntarnos: ¿quienes son estos dos?
Y todos creemos tener ya la respuesta . Ellos siguen su camino y ante ellos, se despliegan los infinitos trampantojos del mundo. Esa estampa arquetípica nos muestra el modo más sabio de habérnoslas con la mal llamada realidad. Esa que calificará al poco Don Francisco de Quevedo de ”mucha y mala”.

Alonso Quijano o Quijada, o Quesada, que de todos estos modos pudo llamarse, según Cervantes, es un hidalgo pobre y honrado en el otoño de su vida, con esa honestidad metafísica de los viejos hidalgos, de la que en la España de hoy se ha extinguido hasta el recuerdo. Me gusta creer que pudo habitar en Esquivias, donde casó Cervantes con Catalina de Palacios, y que paseó sus ocios austeros con su galgo corredor por las laderas de La Sagra. El maduro hidalgo no conoció el amor, y se sabe llegado tarde a todas las funciones de la vida, que ya dieron comienzo sin esperarle.

El maduro hidalgo tiene el alma serena y lúcida de quien nada espera, pero vive en armonía con su conciencia y con la tierra. Y entonces, como fruto tardío de su cordura, como fruto tardío de su aquilatado conocimiento de los embustes y disimulos de una vida y una sociedad sustentadas en la apariencia y la mentira, en la hipocresía y la crueldad, una vida para la que no cabe redención posible, entonces, surge el gran juego.
El juego que consistirá en deambular en el corazón de esta selva oscura de espejismos y trampantojos con una figura y una identidad inventadas, con una máscara mediante la que dará curso al más libre despliegue de sus cualidades, de su hombría de bien, de su condición noble, de su humana esencia.

Y Alonso Quijano se hará a si mismo Don Quijote, el primero de los existencialistas, el primero el llevar a la práctica, y con más poesía y mejor fortuna que los otros, el principio de que la existencia precede a la esencia.

Y este hidalgo modesto y confinado en su rincón hará la experiencia tardía y maravillosa de la libertad; hará del universo la maravillosa y aventurera metáfora de SU libertad.

Y Sancho, el pobre y oscuro labrantín llamado Sancho, se dejará gradualmente embarcar y poseer por este sabio embrujo orquestado por el hidalgo, transformándose al cabo en el verdadero loco de esta extraordinaria historia, un loco poseído poco a poco por un ideal redentor de grandeza, y que acabará superando con él las pruebas más amargas. España y su historia habitan en el corazón de este hombre…

12/11/05

  • Salvador Montalbán

Con la cara sucia

Hay que ver la que se ha liado. Como siempre, hemos vuelto a aparecer en la prensa regional con la cara sin lavar. Unas veces por historias de curas pederastas, otras por alijos de droga en nuestra costa, ahora aparecemos hechos unos zorros (de feos) con una historia que en otros municipios puede considerarse como un juego de niños. El caso es que podemos ponernos a hilar fino , deliberar, investigar y buscar la verdad ; al final, cada uno tendrá su verdad: la que cada cual decide fabricarse.

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12/11/05

  • José Luis González Cobelo

¡Vuelva usted, señor Ortega!

Vivimos un tiempo especialmente proclive a la añoranza. Es éste un efecto reactivo de tanto empecinamiento “modernizador” como nos aqueja, con una usualmente falsa modernidad que nos conduce, infaliblemente, por la innovación al arcaísmo. Así, ante el neo-tribalismo nacionalista de nuestras periferias (las históricamente mejor tratadas por el estado español, por cierto), ante las propuestas y posturas desarticuladoras de realidades históricas consolidadas por siglos (por ejemplo, la convivencia solidaria de las regiones españolas), y sobre todo, ante el consentimiento bobalicón o cómplice de quienes tienen la responsabilidad máxima en la defensa de España, sólo caben consternación y añoranza. “¡Vuelva usted, señor González!” se ha oído hace poco en boca de un líder de la oposición al actual clan jacobino desgobernante. A veces, “cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Parafraseando al señor Rajoy, un analista clamaba últimamente: “¡Vuelva usted, señor Azaña!”.

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20/10/05

  • Salvador Montalbán

Los microcefálicos

Partiendo de las observaciones realizadas durante los últimos años entre la gente de mi pueblo, creo estar en condiciones de plantear una hipótesis que, en la confianza de que sea bien aceptada, me atrevo a elevar al público de mi pueblo, y sus visitantes.

Siguiendo la teoría de Lamarck, teoría biológica de la evolución distinta a la de Darwin, según la cual los órganos se desarrollan según el uso que se les da, cualquier observador mínimamente avisado advertirá que hay una parte importante de la población, básicamente masculina, de entre 15 y 20 años, que está desarrollando un aspecto fisonómico evidente, tienen el cráneo cada vez más pequeño: se están haciendo microcefálicos.

La cosa, al menos para mí, es preocupante porque si Lamarck levantara la cabeza, lo diría muy claro: “….es apropiado que el cráneo tienda a hacerse pequeño dado que el uso del órgano que aloja, el cerebro, es cada vez menos empleado por los sujetos, objeto de nuestra investigación, lo que viene a corroborar mi teoría, que el señor Darwin intentó echar por tierra…..”. Pues bien, siguiendo el ejemplo que este científico puso hace 196 años en su libro “Filosofía zoológica”, que hablaba del incremento de la longitud del cuello de las jirafas en su busca de frutos en las copas de los árboles, podemos colegir que en la época que nos toca vivir se está produciendo algo similar con una parte de la población, que ahora aplaudimos y nos divierte con eso de que “pasa de todo”.

El paciente lector de este artículo puede localizar al sujeto al que me refiero con facilidad: suele ser ése que se pone junto a ti en el semáforo, habitualmente se lo salta, siempre va sin casco y emplea la parte exterior del cráneo para aplicar unos cortes de pelo extraños pero repetidos en la tribu de forma que da la sensación de que el trasquilador de borregos ha pasado por la zona haciéndoles parecer una manada más que un grupo social. Muchas veces se hace en la piel unas marcas indelebles de tinta, y se aplica aretes en las orejas, tal como se hacía en la antiguas Indias occidentales.

También se puede identificar por el sonido, el que suele producir el vehículo que cabalga, que siempre hace más ruido que el resto, por elección personal , y desidia de los vigilantes responsables de evitar que unos nos molestemos a otros.

Otras muchas veces se pueden identificar porque son los conductores habituales de motocicletas de cuatro ruedas, llamadas quads, que molestan sensiblemente más que el resto de los vehículos que circulan por nuestra ciudad ( los conductores de quads que tienen la cabeza gorda están fuera de este grupo zoológico ).

Suele coincidir que no respeten la mayor parte de las normas por medio de las cuales la mayoría nos respetamos mutuamente, como efecto añadido al menor empleo del cerebro, al menor número de conexiones neuronales a que están sometidos. Porque no las usan…..

Con estas características, y algunas más que prefiero no hacer evidentes hoy, se reúnen las necesarias para definir al microcefálico de mi pueblo (seguro que en otras poblaciones hay muchos más, pero esos no me preocupan) .

Más adelante la teoría de Lamarck nos habla de que esos mismos caracteres adquiridos son heredados por los descendientes . Vaya tela, los hijos de los macarras de ahora serán también microcefálicos, lo que los distinguirá aún más que ahora sus progenitores, a pesar de que algunos saldrán de estas normas de conducta que he definido y que me parecen, al menos, insolidarias con el resto de los miembros que tenemos la cabeza más gorda, con todo lo que de positivo conlleva, dadas las circunstancias.

20/10/05

  • Salvador Montalbán

Medios de comunicación

Los medios de comunicación no son objetivos.
Al menos la mayoría. A muchos les parecerá esta afirmación exagerada; la mayoría creo que ya lo sabía o lo intuía.

Los medios son como otras tantas empresas: mercantiles. Y el mercantilismo se acerca a quien tiene el poder económico o los medios para conseguirlo. Esta es una sociedad capitalista, es cierto, pero se está acercando al salvajismo de manera pasmosa.

La dignidad del informante se deja apabullar por la cuenta de resultados, ese es el salvajismo al que me refiero. Que la aureola del informador interesado dé justificación a quien realmente sólo busca hacer caja o tener amigos en la curia.

Que una emisora de radio o un periódico, a nivel nacional (que no quiero tener más problemas de los necesarios), haga llegar a la población las noticias de manera perversa es bastante indigno para quien ejerce una profesión que, como mínimo debe tener un principio: la objetividad, la honestidad de lo que se dice.

No siempre es así, como todos sabemos. La SER trabaja en beneficio del PSOE, como es evidente, ONDA CERO trabaja en beneficio exclusivo del PP, también evidente, la COPE trabaja para los obispos y para el PP más heavy, como se sabe, y en contra especialmente del PSOE, esté gobernando o en la oposición, por si acaso.

Indecente la lucha que surge ahora entre Losantos y del Olmo para ver quien es menos socialista. Como para rifárselos a los jodíos. Que tengamos un Carlos Herrera, simpático y gracioso cuando estaba el PP y ahora saca los colmillos y trabaja con saña sin medida contra los socialistas y cuanto parta de ellos, hasta ridiculizarlos a diario.

Posiblemente en la época de González no le dieron lo que buscaba.

EL PAIS se orienta para el campo socialista y el MUNDO, ABC , LA RAZON para las derechas españolas, que les aseguran más futuro, debe ser.

Cada cual compra su periódico tendencioso en la orientación que decide, nadie espera en la actualidad un periódico objetivo, nadie lo busca. Sería una sorpresa que apareciera un periódico que no se decantara para uno u otro partido.

Nos dejaría inermes, sobrecogidos.

Bueno, como ahora hay una iniciativa para relanzar EL ALCAZAR, quizá, no sé, oye, a ver si va a ser esto lo que esperamos. Resulta que un grupo de militares con medallas franquistas en el pecho y barrigas hinchadas ha decidido sacar a la calle semejante periódico, posiblemente porque la información que les llega de Jiménez Losantos o Ansón no llega a los extremos fachas que les gustaría a los idem.

Dentro de los medios de comunicación indecentes, pero aún más allá , están las emisoras que estafan directamente, en lo material, no sólo en lo ideológico. Ahí tenemos a TELESIERRA, que ha robado a niños, ancianos y solitarios más de 5 millones de euros, a base de infames concursos de refranes. Por fin les han pillado, todos intuíamos que era una estafa pero la justicia que tenemos es lenta, cuando la hay. Pero, me pregunto, si será culpable sólo quien organiza la estafa o también quien la hace llegar a miles de ciudadanos, por ejemplo, quien ha facilitado la estafa a los ciudadanos.
Sólo pregunto.

20/10/05

  • José Luis González Cobelo

Hablando del tiempo

La frase de San Agustín referente al tiempo encierra una paradoja en la que, sin remedio, habitamos todos. “Cuando nadie me pregunta qué es el tiempo, lo sé. Si me lo preguntan y tengo que explicarlo, no lo sé”.

El tiempo, que es la forma misma de presentación de lo real, encierra insolubles dificultades intrínsecas, sin embargo, para la aprehensión conceptual de su esencia. El tiempo vivido con la conciencia de existir, el tiempo de la conciencia, es lo que llamamos temporalidad.

La confusión entre temporalidad y tiempo es el primer escollo intelectual que aparece, porque a la temporalidad le es inherente la duración; el tiempo de la conciencia dura, porque en la duración es donde puede desplegarse el ser. Esa duración tiene siempre, además, un matiz subjetivo de apreciación: No es lo mismo el tiempo del goce que el de la espera o el de la angustia.

La duración es la experiencia de la continuidad de cualquier proceso en nuestra conciencia, y requiere por tanto de la memoria. La duración es una experiencia constantemente actualizada, que sin embargo, la atención orientada hacia ella pone en duda.

Las cosas están siendo, yo estoy siendo con ellas, hasta que decido fijarme en ese durar de las cosas y mío, y entonces mi razón, mi capacidad analítica, me descubren descomponiendo esa continuidad en un instante, que denomino presente, y que deja a un lado un pasado que ya no es, y anticipa un futuro que todavía no es. Entre esas dos ausencias, la fijación de mi atención adelgaza el instante del presente hasta su desaparición.

Los orientales utilizan, al parecer, una metáfora para esto: La conciencia- el presente- es como el cuchillo que corta el pan del tiempo. Corte por donde corte, donde está el cuchillo, no se encuentra pan.

Los filósofos antiguos constataron ya esta paradoja: que estamos hechos de tiempo, que fluimos con él, en perpetuo cambio, que no nos bañamos dos veces en el mismo río, según declaró Heráclito, y sin embargo, nuestro pensamiento nos conduce a una refutación del tiempo: nada es el pasado, nada el futuro, nada el presente. La suma de esas tres nadas, que es el tiempo, sólo puede dar nada.

Algún filósofo, como Platón y su escuela, recurrieron al artificio de separar tiempo y eternidad, que sería la fijación de ese fugaz instante presente, que para nosotros es cuando ya ha dejado de ser. El mundo verdadero, el de las esencias, pertenece a la eternidad, al tiempo que no pasa, y, por tanto, es. (Y al ser, deja de ser, la eternidad es lo contrario del tiempo).

Kant recluyó el tema en el ámbito de lo impensable a priori. El tiempo es una forma básica de la sensibilidad, la primera de todas. Sin él no podemos concebir ni representar nada. Es previo incluso al espacio, ya que si podemos concebir entes ajenos al espacio, como los números o la música.

Que sea ingrediente indispensable de nuestra representación del mundo no implica que no lo sea también de las cosas en sí.

El tiempo en Kant es tan sólo la constatación de la temporalidad primordial, elevada a categoría. Su esencia, una vez más, se le escapa a él también.

Nadie sabe en esencia qué es el tiempo. Ni siquiera la física moderna, que se cuestiona esencialmente su naturaleza vía la experimentación y la medida.

Hablar, como la relatividad lo hace, de continuo espacio- temporal, considerar las variaciones en la medición del tiempo que afecta al estado de movimiento acelerado de los cuerpos (relatividad restringida) o a la existencia de masas gravitatorias que curvan el espacio- tiempo (relatividad general) no hace más que concretar en términos medibles la condición propia del tiempo, que es la de ser la condición primera de posibilidad de la manifestación del ser.

Se trata de especificaciones y se refieren a aspectos relacionales del tiempo, no a aspectos sustanciales. El tiempo en sí mismo, referido a sí mismo, no vinculado o referido al movimiento, al espacio o a los procesos termodinámicos irreversibles que postulan la famosa “flecha del tiempo”, sigue siendo un completo misterio.

Un misterio quizás irresoluble si su condición última fuese lo que no se puede desechar de antemano, de naturaleza lógica y lingüística. No olvidemos que el primer ámbito mental donde aparece una estructuración del tiempo es el lenguaje.

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