La Actualidad de Águilas y Lorca

Periódico con noticias locales de Águilas, Caravaca y Lorca

La Actualidad - el periódico que te da el triple

EL TIEMPO INM: Águilas - Lorca - Caravaca

Articulistas

27/01/06

  • José Luis González Cobelo

Lo típico, lo tópico y lo utópico

Los murcianos no son de fiar. Los andaluces son vagos. Los vascos son honrados y trabajadores. Los españoles son fogosos, las francesas frívolas, los ingleses civilizados, los alemanes tienen la cabeza cuadrada. Los negros huelen mal. El Islam es tolerante. La cultura es de izquierdas. La izquierda es progresista y la derecha reaccionaria. Se tú mismo comprando una colonia. Etc, etc…

Podría seguir hasta el infinito. Una de las indeseables consecuencias de vivir en una cultura de masas es que nos inundan los tópicos. Los hay de todas clases y géneros, se encuentran en todos los niveles, desde la charla de café hasta la tertulia literaria de altos vuelos. Las declaraciones de los políticos y sus programas, y no digamos ya los mítines y actos de masas, son ensaladas de tópicos. La propaganda electoral, sea del signo que sea, se ampara en el más descarado y discutible topicazo, usa y abusa de el cómo de una muleta vergonzante, que suele disimular una vergonzosa cojera de ideas y propósitos.

Pero es que la propaganda comercial que “vende” hace exactamente lo mismo.

Escandaliza ver la penuria de los mimbres con que se tejen nuestras vidas.

El tópico se propaga con rapidez viral, infectando nuestras cabezas con la contundencia y eficacia de una “gripe española” (la mortífera gripe de 1918) endémica y pandémica; Una gripe del corazón, el sentimiento y el pensamiento.

El tópico es la invasión de lo mostrenco en sustitución de lo propio, singular y auténtico. Cuando no deseamos, y eso es lo común y corriente, ver con claridad el perfil de algo conflictivo que nos atañe, ventilamos la cuestión acudiendo al tópico pertinente, y a partir de ese momento quedan bloqueadas y en suspenso nuestras facultades para pensar, sentir, o, simplemente, ver.

(…) la propaganda electoral, sea del signo que sea, se ampara en el más descarado y discutible topicazo”

El tópico es una roña, una costra de óxido espiritual, una lepra que va recubriendo los ojos de la mente, cegándola, asfixiándola, anquilosándola lentamente.

Y lo peor es que no nos damos cuenta. El tópico nos invita a la molicie. Parece una expresión singular de la ley del mínimo esfuerzo aplicada a la inteligencia.

Tan insidiosa es su presencia que desprenderse de esa roña, de esa costra, es uno de lo mayores y más meritorios esfuerzos que ha de realizar, sin ninguna garantía de éxito, cualquier creador que se precie; Que aspire a dar salida a su propia voz. La alternativa a la voz depurada de tópicos, ajustada a la propia perspectiva, a la propia verdad, es, en cualquier dominio artístico, el “Kitch”. El “Kitch” es la floración del tópico elevada a la categoría máxima. El “Kitch” es la plena complacencia en las identidades universalmente consagradas de lo inauténtico.

Es por ello el signo de identidad inequívoco de las tiranías y los totalitarismos. La arquitectura, y aún más la escultura o la pintura nazis, eran “Kitch” en estado puro.

Una mala novela, un poema mediocre, suelen ser un ensamblaje o amalgama de tópicos verbales y temáticos, tal como nos advierte Muñoz Molina cuando escribe sobre la delicia y el riesgo de escribir. En ellos, en rigor, el autor permanece mudo. En rigor no habla, no dice nada. O más exactamente, no transmite nada propio, nada que no sea lo que ya está ahí, en su mente y en la del lector, exhibiéndose con impudor redundante, para la plebeya satisfacción del escritor o artista que “escribe o crea para todos”, y del lector o espectador que se adhiere sin reservas a lo que no tenía ninguna necesidad de leer o ver, porque estaba ya dentro de él.

Este es uno de los más rápidos, seguros y eficaces caminos para el éxito. Es el de los gurús “New age”- tipo Paulo Coellho- y demás genios de la autopromoción. Una caterva de escritores y de artistas, muchos con credenciales de prestigio, viven y medran a costa del eterno reenvío y proliferación del tópico.

El tópico es el habitante más común y ordinario en el verbo de los demagogos. En su boca puede eventualmente ser muy peligroso.

A veces es un pavoroso retrato de la inconsciencia e insuficiencia intelectual de los que mandan. Hace pocos días, cierto político con fama de preparado y ecuánime, arengaba a los militares instándoles a no volver “a la España de los Reyes Católicos”. Ya se sabe el tópico: la férrea España absolutista, etc etc. Pues bien, es precisamente el partido que gobierna, al que ese señor pertenece, el que nos lleva de cabeza a esa España, que era realmente una endeble alianza dinástica de reinos, con fueros, leyes e incluso monedas propias, que estrenaba apenas una política exterior común. La España que consagra la actual Constitución, esa que los militares tienen la obligación de defender, esa que se está desmantelando por sus pasos contados con el beneplácito gubernamental, no es precisamente la España de los Reyes Católicos, si no la que consagró la Constitución Liberal de 1812, estableciendo por primera vez la igualdad de derechos de todos los españoles.

Hay que distinguir el tópico, que es amorfo, del refrán, que es una forma verbal de secular cristalización, casi siempre ingeniosa y mucha veces desencantada y certera, que de vez en cuando, eso es cierto, incurre en el tópico. El refrán es más bien una muletilla verbal que sazona el discurso pero no lo apuntala. El que enuncia un refrán sabe que es un refrán, y no una lapidaria verdad absoluta, que es a lo que aspira el tópico.

Se puede ser típico, pero hay que evitar ser tópico. Y no hay tópico peor que el utópico, que es quien nos desaloja del mundo (nos deja “fuera de lugar”, u-topos) haciéndolo inhabitable con sus tópicos.

19/01/06

  • Salvador Giménez

Patinazo de Zapatero

Cuanto está sucediendo en tan buñuelesca escena política traspasa , y de largo, el ideal de partido con el que uno simpatiza. Lo que está pasando trasciende de esa nimiedad, dejando en calzones el Estado de Derecho.

El auto del magistrado Grande-Marlaska manteniendo la ilegalización de Batasuna y la suspensión de sus actividades por otros dos años nos muestra el perfil de un presidente cobarde, que ahora cambia su discurso afirmando que “es una buena noticia para el estado de derecho”, cuando tan sólo hace unos días en Ferraz se jactaban de anestesiar, criogenizar dicho Estado de Derecho y el imperio de la ley.

Zetapé le ha puesto recompensa a “su” tregua y ésta no es otra que “el precio que sea”; y es que si no, aún se hacen más indigestas las declaraciones de un José Blanco a quien le parece “irrelevante que se reúnan” los miembros de una organización declarada ilegal y que figura en los listados de organizaciones terroristas de la Unión Europea,las Naciones Unidas y la mismísima CIA. O, peor aún, el Secretario de Estado de Comunicación, sencillamente califica la asamblea de Batasuna como un ejercicio de “democracia avanzada”….donde vamos a llegar, pardiez!

En su tregua y en el estatuto, Zetapé se rige por “al precio que sea”, aún siendo anticonstitucional

Ciertamente. Un cuarto de siglo después de la aprobación en referéndum de la Constitución, las caóticas decisiones de Zetapé están resucitando fantasmas que creíamos olvidados y que ponen en peligro el modelo constitucional. Con este último error, promovido por su claudicación ante el desafío batasuno, ha escandalizado no sólo a la oposición, sino a la ciudadanía, quedando su credibilidad como dirigente bajo mínimos.

Nadie duda que Zapatero, desde que ganó las elecciones en marzo de 2004, ha hecho algunas cosas bien, exclusivamente en debateros sociales, pero ha caído en la frivolidad de dejar en manos de los independentistas de Carod (ERC) su supervivencia política.

El presidente, en su camino iniciático y estatutario se ha emborrachado de “talante” e , incluso, la vieja guardia de su histórico partido, lo han dejado sólo en su cruzada.

Y es que, el desconocimiento, la estulticia y el nerviosismo no conducen sino que a la toma de decisiones desordenadas… ya decía Sócrates que el vicio se reduce al error. En fin, el mercado de trastienda y la nocturnidad desmedida con la que se está negociando el estatuto catalán ha deparado un gobierno a remolque de los nacionalistas, que parecen estar dando los pasos para que Cataluña sea definida como “nación”.

Ya lo decía antes, tanto con la “tregua” como con el estatuto, Zapatero se rige por “al precio que sea”. Y, claro está, este precio no es otro que el desgaste prematuro antes del tercer tercer año de su mandato, acompañado de unas nada positivas encuestas de intención de voto.

En fin, que visto lo visto, este cambio de tendencia no puede obedecer a otra causa que no sea la de la “butifarrada catalana” y la actitud chulesca de Carod Rovira, que están llevando al Partido Socialista por un camino de confrontación agresiva y de discurso intolerante. El talante ha dejado de ser propagandista, el continente ha desplazado al contenido, y la sonrisa profiden de Zapatero y sus socios apenas vende en el supermercado de comunicación prosaico, por muchas etiquetas de “progre” que se coloquen.

10/01/06

  • Salvador Montalbán

Y dale Perico al torno

Reconozco que se trata de un tema recurrente , el del puñetero “ Estatut “ ,pero cada semana alguien tiene el empeño de añadir leña al fuego, que también son ganas.

Tal como está la cosa, tal como estamos viviendo la mayoría de los españoles el intento descabellado de acercarse a la independencia por parte de los catalanes, de cómo se ha mostrado el enfado de la mayoría con el boicot al cava, etc., siempre hay que intenta rizar el rizo. Y eso que ya no es fácil añadir más despropósitos al gran despropósito: Por un lado los guardianes de la “ lengua de cocina “ ( la que sólo sirve dentro de ella ) que van y revisan cientos de historias clínicas, con datos muy confidenciales, para aplicar la inquisición lingüística a los pobres médicos que han dedicado su tiempo más a saber de enfermedades y de sus posibles curaciones, que a aprender catalán.

Ahora imagino que andarán de consulta en consulta dejando avisos inquietantes, como hacían los secuaces de don Vito Corleone en los años veinte : “ que te dejes de buscar soluciones para el cáncer, que lo que tienes que hacer es escribir correctamente el catalán, que eso es lo importante, nen….” .

O eso o le meten una cabeza de caballo en la cama.

Luego va el reconvertido al nacionalismo más radical, el antiguo socialista Maragall, que no para de soltar disparates por esa boca de piñón, pero no merece la pena revisárselos, que nos llevaría demasiado tiempo.

Luego ayuda también, el militar que ha sacado a la calle lo que debe ser charla habitual en las cantinas de jefes y oficiales. El gallito ha dejado caer una amenaza tan grave que saca a relucir los peores sentimientos franquistas y tejerianos : otra vez españoles contra españoles, plantea el muy cabrón. Como si de eso no supiéramos ya bastante, como si no nos acordáramos ya del millón de muertos.
Y luego van algunos y le aplauden, demostrando que aún hay quien espera que Franco salga de la tumba ; oye, que a río revuelto…

Y luego va el jefe de los jueces y dice que le interesa tanto aprender catalán como bailar sevillanas, en plan gracioso. Y van , y se cabrean los otros. Coño, como decía Gila: “si no saben aguantar una broma que se vayan del pueblo “.

Un servidor sigue manteniendo una apuesta : que el gobierno actual está llevando a cabo lo que vulgarmente se llama un elegante “ pasteleo” , para conseguir aburrir a los catalanes, para que sean ellos mismos los que se tiren la toalla y se vuelvan a Barcelona siendo tan españoles como han sido siempre.

Quizá la única contrapartida sea que le paguemos el recibo de la luz a una empresa eléctrica catalana. Siempre nos tocará pagar a los mismos. Y que ahí quede la cosa.
Pero lo que sigo sin entender es por qué motivo no aprecian los catalanes , en lo que vale, el enorme cabreo que han provocado en tantos millones de españoles.

Por qué motivo les sigue valiendo la presión a costa de tantos grados de desprecio por los demás ciudadanos de a pié.

Quizá la cosa esté en que la mayoría de lo que es realmente el pueblo catalán, le importa muy poco lo que sus políticos están planteando, y les dejan hacer.
Me da la sensación de que la gente de la calle no está tan radicalizada como sujetos como Carod, Mas, Maragall, de Madre, etc. . El sentido común está en el pueblo.

10/01/06

  • José Luis González Cobelo

Réquiem por el yoga hispánico

El gran Don Camilo bautizó así a uno de los más acendrados beneficios de nuestra tradición idiosincrática. A uno de los más conspicuos y sabios signos de identidad del ser hispánico: la siesta. La siesta; puente tendido entre la necesidad de producir y el lujo de existir, entre la fisiología, la cultura y la naturaleza. El gran Don Camilo, que enarboló el estandarte hispano, con capa incluida, en la severa ceremonia luterana de la adjudicación del Premio Nóbel de Literatura hace algunos años, la defendió siempre.

Creo que es certero denominar yoga hispánico a la siesta. Reúne, amigo lector, los habituales beneficios que te procura la práctica del yoga, en orden a la relajación corporal, al descanso, a la clarificación de la mente, a la eliminación del estrés y las tensiones del día. Reúnelos y réstales la sumisión disciplinaria, el tono iniciático y misticoide que con frecuencia arrastra el yoga consigo, y regálate a cambio el frescor de amanecer otra vez cada día; ese pequeño, modesto e íntimo milagro cotidiano. Al producto de estas operaciones que te propongo se le llama siesta.

Tengo amigos muy respetables y laboriosos, ya mayores, que practicaron esa modalidad de yoga con aplicación y virtuosismo, no renunciando a ella ni en los momentos de mayor tribulación y penuria. Amigos de siesta mayor, como la misa de las efemérides eclesiásticas; siesta de pijama y orinal. Y no, no quebraron sus negocios, no fueron expulsados por gandules impenitentes de sus puestos de trabajo. Al contrario, fueron considerados modelos de seriedad y cumplimiento.

Los anglosajones y los germanos, adictos a la religión del trabajo y la productividad, moldeados por la ética activista del protestantismo, que ayer despreciaban la siesta, como cosa propia de pueblos pintorescos y atrasados, empantanados en tradiciones superadas e ineficaces, están saliendo hoy de su error. Están descubriendo el Mediterráneo, o sea, la siesta, avalada esta vez por sesudos estudios científicos.

Personalmente, soy creyente y practicante desde siempre, aunque la mía es la modalidad menor; a medio camino entre la siesta pantagruélica y eclesiástica y el descanso breve, al uso del Rey Felipe II (otro aficionado a la siesta) quien daba sus cabezadas sobre una butaca con una gran llave en mano que, al quedarse traspuesto, caía al suelo, poniendo fin al descanso de tan laborioso monarca, conocido en su día como el “Rey papelero”.

Pero, amigo lector, la necedad “progresada” (que no progresista) no conoce límites. Ya decía Albert Einstein que sólo conocía dos ejemplos de infinitud en la naturaleza: la de la extensión física del universo, y la de la humana estupidez. Y no estaba muy seguro de la primera de ellas. Acercándonos más a nuestros lares, el añorado crítico de arte Santiago Amón, prematuramente desaparecido y no reemplazado, solía repetir con buen conocimiento de causa que en España ya no cabe un tonto más.

Es el caso que la caterva de “progres” que nos desgobierna ha decidido acabar con la siesta por decreto. Lo se de buena tinta. Los grandes triunfadores de la política que nos han malquistado con los Estados Unidos y la Alemania de la “fracasada” Merkel, llevándonos de la mano de lo más granadito del planeta: Mojamé “el fiable”, Evo “el recolector” ( de deudas perdonadas, no de lechugas pese a las apariencias), Chaves “el Bolívar” de los descamisados, y el barbado Castro sempiterno; los que nos han dado la gloria y el orgullo de ser el país europeo que menos va a recibir de la Unión Europea y que más va a tener que aportar; etcétera, etcétera, esos mismos genios tutelares van a reformar de raíz el deplorable ser hispánico suprimiendo la siesta.

Es penoso comprobar una vez más el reflejo intervencionista existente, de viejo cuño marxista irredento, de nuestros desgobernantes. Es el eterno reflejo totalitario de la izquierda doctrinaria, heredado de tantos “ingenieros de hombres” habidos. (Así se llamaban a sí mismos los diversos “estalines” de infeliz recuerdo).

Ya se sabe que lo característico del totalitarismo es que nada le es ajeno. Hay una manera de pensar, de ser, de vestirse, de descansar, de hacer el amor, dictada por los totalitarios de turno. Pues bien, para los genios totalitarios que nos desgobiernan, la siesta es improductiva y sexista. La siesta es machista, reaccionaria y de derechas. Así la han calificado, y se proponen atajar ese error del pasado reduciendo a 45 minutos el tiempo de descanso laboral del mediodía. Dejan el tiempo justo para engullir, preferiblemente en el mismo lugar del trabajo, en soledad vergonzante, un perro caliente o un frío sandwich, aderezado con algún infame refresco de cola.

Ya han logrado regularizar a los chorizos de medio mundo, han equiparado la familia a los ayuntamientos gays y lésbicos. Ya no nos dejan fumar, y no quieren dejarnos beber. Pronto, es previsible que tampoco nos dejen comer, penalizando fiscalmente a los gordos (que generan mucho gasto a la Seguridad Social). Un paso más, y averiguarán que la lectura y la crítica provocan infelicidad en el ciudadano, entre otros inconvenientes de naturaleza política. Ese paso lo han dado ya los socios catalanes del desgobierno (Cataluña en la vanguardia como siempre). Recuérdese el CAC.

Entonces, es posible que un día, como ya anticipara Ray Bradbury, los bomberos encuentren una nueva función alternativa, organizando hermosas piras humeantes con los libros perniciosos. Y todos bailaremos y cantaremos alrededor de ellas con cívico entusiasmo: “¡por el talante, adelante!”.

29/12/05

  • José Luis González Cobelo

Terminator condenator

La multitud reza. Un hombre negro espera. Su reclusión va quizás a concluir. Es un hombre fornido, conservando en plenitud su vigor en una espléndida mediana edad que le ha añadido a su rostro, fuerte y firme, dos importantes cualidades: sabiduría y serenidad.

¡Cuántas cosas se pueden leer en un rostro! y más si es el de alguien que ha sufrido largamente, y ha aprovechado el dolor de su vida para humanizarse. Las arrugas añaden entonces a la expresión facial una carga de nobleza, como si el espíritu hubiera crecido en el interior de esa persona, fortaleciéndose con sus penalidades, y tomara gradualmente posesión de un cuerpo antes salvaje, cabalgado por irrefrenables impulsos, por deseos urgentes y devastadores, por el odio visceral y la violencia demoledora.

Tengo en la mente dos imágenes de este hombre que me han llegado a través de los medios de comunicación.
Una es la fotografía tomada en los días de su detención, a raíz de haber cometido, al parecer, un cuádruple asesinato particularmente brutal.

Es una foto de los años setenta del pasado siglo. Nos muestra a un tipo hercúleo, con la apariencia de un luchador del “poder negro”, cabellera “afro” incluida. Su actitud, las formas mismas de su cuerpo, de dura piedra negra, destilan agresividad, violencia apenas contenida por los policías que lo retienen. Es la imagen de un bárbaro educado en la violencia, en la lucha callejera. Lleva escrita su historia entera en el ademán retador que aún conserva, en una situación en que otros mirarían, vencidos, al suelo, derrotados por el miedo y la culpa. Este no. Este hombre ha sufrido un revés, pero no ha sido derrotado. Un orgullo casi luciferino lo sostiene pese a todo. Su capacidad de lucha está intacta.

Vuelvo ahora a la otra imagen, la foto reciente tomada a este hombre en su celda de condenado a muerte, una sentencia vieja cuyo cumplimiento se viene dilatando desde hace 25 años. Su musculatura se ha reducido, ganando su cuerpo en armonía de formas. Su cara, antes lo he dicho, no es ya la de un pandillero, sino la de un sabio, la de un hombre de pensamiento y acción ordenados a fines altruistas; la de alguien que medita, resuelve y actúa para objetivos que no se detienen en la inmediatez de sus deseos. Podría ser la cara de un embajador plenipotenciario en las Naciones Unidas, con algo de Nelson Mandela. Podría ser - pudo haberlo sido; ya fue propuesto para ello- la cara de un premio Nóbel.

Es una cara muy conocida hoy en América, ya que este hombre ha alcanzado un liderazgo espiritual entre la juventud de color desarraigada, predicando la solidaridad y la no violencia, tanto de palabra como por escrito, siendo autor de varios libros con esa temática que se leen, al parecer, en las escuelas. En la cárcel se ha ganado el respeto unánime de presos y carceleros. Es un hombre que ha librado una gloriosa batalla; ya dije que se le veían las fuerzas intactas. La ha librado con éxito. Ha ganado lo que la sabiduría islámica denomina “Gran Guerra Santa”; la guerra en la que se vence uno a sí mismo.

Ese ha sido el fruto de los largos años de prisión padecidos. Hoy es otro hombre, cuya actuación y presencia benefician a la comunidad.

La vida de este hombre pende de un hilo. La ejecución tanto tiempo demorada va a tener al fin lugar. Solo queda una última instancia, la clemencia del gobernador del poderoso estado en el que fue detenido, juzgado y condenado.

Veamos a este otro hombre, el gobernador, que mantiene con el detenido una curiosa relación de correspondencias inversas. Parece la relación entre estos hombres uno de esos juegos irónicos y perversos a los que a menudo se prestan la providencia o el destino en la organización de los asuntos humanos. Una jugada más de vidas paralelas al modo de Plutarco, solo que al revés.

Este otro hombre es blanco. No sólo blanco, sino de pura estirpe germánica; ario puro, según los estereotipos raciales del nacionalsocialismo, con el que estuvo al parecer relacionado su padre, allá en su Austria natal.

Este hombre es también fornido: un autentico coloso, que inició su meteórica carrera de actor de cine de acción a raíz de su elección como mister Universo, preciado galardón de los adictos al culturismo.

Si el hombre negro hizo sus armas en la calle, este libró descomunales batallas en el celuloide, como super agente secreto, astronauta o autómata. Especialmente como autómata, enviado desde el futuro a destruir al género humano, desde un tiempo en el que imperan las máquinas y los hombres se esconden como ratones en las ruinas de su antiguo mundo.

Nuestro guerrero autómata había nacido para tal papel, con un cuerpo pesado, macizo, hiperdesarrollado, y un rostro facetado, anguloso y como inacabado, que a duras penas admite media docena de expresiones faciales diferentes insinuadas en su pétrea materia.

Siguiendo el ejemplo de antecesores ilustres, el éxito cinematográfico le llevó a la política. En ese país- que es ya también nuestro mundo- en el que las máquinas ya le han ganado al hombre la partida, el autómata dinamitero se vio muy pronto elegido gobernador de California.

Ya tenemos a nuestros dos hombres. El asesino redimido que aprendió a ser un hombre, y el hombre que se convirtió en ídolo de masas siendo menos que una bestia. Terminator, el robot asesino, no podía traicionar su naturaleza: el hombre debe morir.
En una fría mañana prenavideña encerraron al hombre negro en una cámara de ciencia ficción, siniestra, llena de máquinas. Le pusieron la inyección. Dicen que tardó en morir.

Fuera, se apagaban las luces. La ciudad engalanada para las próximas fiestas era un ascua de agonizante luz, que no alcanzó a penetrar en ningún patio de la prisión.

29/12/05

  • Salvador Montalbán

Carpetazo

Aunque todavía no ha terminado el proceso completo, me da la sensación, y eso me alegra, de que el presidente de los españoles (mal que les pese a muchos) ha dado con la tecla.

A partir de un compromiso electoral se había visto en la obligación de admitir a trámite un despropósito llamado “Reforma del estatuto catalán”. El tema ha dado para muchos meses de diatribas, de enfrentamientos verbales y también para que los espumosos catalanes sufran una revancha del resto de los españoles. También ha dado lugar a reflejar un sentimiento general de que España no debe admitir una propuesta tan absurda, un inicio de secesión tan sibilino y arrogante. Más de 40 millones de españoles estábamos tan de acuerdo en rechazar el “Estatuto…” como en salir de la guerra de Irak, en la que nos metió el pequeñajo con bigote de cuyo nombre prefiero no acordarme.
Para mí que Zapatero ha conseguido engatusar a los tres cabecillas independentistas y darles coba durante 6 meses, haciéndoles creer que su propuesta era viable. Luego ha aprovechado la indignación general para afianzarse en el sentimiento de unidad que tenemos la inmensa mayoría y mandarles muy lejos. O en eso está.

Vamos a ver, si no hemos claudicado ante los vascos con casi mil muertos, no hay razón alguna para que lo hagamos ante los catalanes, por más elegantes que sean.

Ya Manuel Azaña se encontró con un problema parecido allá por los años 30, en los inicios de la II República, se metió en un callejón con pocas salidas, pero pudo salir airoso. Zapatero parece haber aprendido de aquel republicano y ha hecho casi lo mismo.

“Carpetazo al estatut de los collons”, parece que les ha comentado, hablando catalán en la intimidad (como el innombrable), y a otra cosa, que este país necesita todo el tiempo para gobernarse, que siempre nos acaban distrayendo los zagales nacionalistas.

Algunos conquistadores españoles aprovecharon el ímpetu y la cerrazón, y el odio al vecino, de los pueblos indígenas que invadieron para azuzar y tener contra las cuerdas a los indígenas más duros de conquistar. Es una estrategia militar y política.

Zapatero ha hecho uso de ella para dar palmaditas en la espalda de ese otro señor con bigotito que se hace llamar Carod, de ese otro que parece un galán antiguo con tupé que se llama Mas y el otro, el inefable Maragall, que pasa por encima de los compañeros en su camino para mantenerse en el sillón.

Han picado el señuelo y se han dado cuenta de que todo era teatro, que no iban en la dirección que pretendían. Lástima que sólo se hayan dado cuenta de eso y no se han apercibido del desprecio de 40 millones de conciudadanos que no admitimos aventura como la que pretendían, que no íbamos a admitir que fueran solos y mucho menos que fueran mejores, con más historia, más listos y más ricos. Porque el delirio de ese despropósito ha sido mantener que las diferencias a su favor sólo debían servir para ellos, que no valía igualar a todas las regiones en administrar sus propios recursos, prescindiendo del Estado, que la justicia para ellos sería la justicia catalana, que sus dineros no saldrían de allí, que su lengua sería preponderante sobre la española, que su selección nacional sería la catalana, que su representación en el extranjero serían sólo las Embajadas de Cataluña.

En fin , de esas cosas parecen que aún cayendo como caen, no las van a entender nunca.
Menos mal que la cordura está en la mayoría y la democracia se basa en ella para justificarse.

Siempre he pensado que Zapatero los torearía y así parece que será, pero lo ha hecho con elegancia, sin perder la compostura y las formas que perdió el anterior presidente.

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