3/07/06
Parece ser que en el PSOE aguileño empieza a hacer acto de presencia la cordura. Y, es que el secretario de organización del PSRM, Francisco Oñate, ante una inminente segunda entrega de “La casa de las dagas voladoras” ha optado por unir a Ramón Román y a Antonio Alcolea en santo matrimonio; es decir, ambos irían en una única lista de cara a la asamblea local, evitando así una doble bicefalia, al contar Alcolea con el 70% de la saca de los votos de los afiliados y Ramón, el favor de la cúpula regional.
26/06/06
Parece ser que los nervios están algo crispados entre los líderes políticos locales: Juan Ramírez versus Ramón Román; aunque lejos de acometer una guerra política, centran sus esfuerzos en mantener ordenado el patio de su partido.
Por un lado, el portavoz socialista, no parece tenerlas todas consigo de cara a ser elegido secretario general en la asamblea local, siendo Antonio Alcolea quien maneja la saca de los votos ¿Estará Román a la espera de nuevas altas para poder noquear a Alcolea ?
En fin, visto lo visto, los únicos perjudicados por tanta incompetencia “ramonil” son los socialistas aguileños, que ven como el PSOE sigue en la inopia durante ya ocho meses, aunque la gestora actual no se podía alargar más de seis meses… esto no lo entiendo.
Por otra parte, Ramírez Soto está algo alicaído desde que la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia abrió diligencias por la recalificación de La Zerrichera. Y es que, la insistente campaña mediática a nivel local, donde el único fin son los intereses del Grupo Hispania, así como la mala imagen que se está dando de Águilas con el PSOE como abanderado, empieza a cansar.
No podemos dudar que se avecina una buñuelesca “Guerra de los mundos”. Conocemos los actores, el escenario y los intereses. El rodaje durará unos meses, aunque los extras ya están empezando a hacer cola en la sedes de los partidos.
19/06/06
El otro día leí un artículo de opinión de Pérez Reverte en el que se endemoniaba por la falta de educación de un niño en un restaurante. Como siempre, daba gusto leerlo, a pesar del tono irreverente y los abundantes tacos. Me llamó la atención el hecho de que no era la primera vez que el cartagenero ocupaba su página con este tema. Incluso sospeché que había cierta obsesión por las formas, algo curioso en alguien que ha estado tirado por los suelos de las trincheras. Pero imagino que las buenas maneras no están reñidas con el lugar en el que uno se encuentre.
Una buena amiga mía es una maniática enfermiza de las formas. Cuando quedo para comer con ella me siento como los estudiantes en época de exámenes. Sé que cualquier movimiento podrá ser utilizado en mi contra. Y me pongo tan nervioso que la torpeza se apodera de mis manos, tirando la copa, manchando el mantel o pisando la servilleta, que por arte de magia ha acabado debajo de la mesa y no sobre mi rodilla. Con su mirada cortante sé que he vuelto a suspender en esto del protocolo culinario.
Y yo me preguntó, ¿para qué tanta parafernalia? ¿No podemos situarnos en un correcto término medio? Nadie puede aplaudir el comportamiento de esos niños malcriados que dan la nota en los restaurantes, mientras los padres comen convertidos en estatuas de hielo; pero tampoco puede soportarse la presión de colocar las copas y cubiertos en perfecto orden, aguantar la servilleta, mientras intentas comer un plato exquisito manteniendo la espalda recta y apoyada al respaldo, servir el vino sin que gotee y sin rozar la copa… ¡Qué estrés!
He vivido ambas situaciones y sinceramente cada día odio más comer fuera de casa. ¡Uf, comer en casita! ¡Qué privilegio! Sin zapatos, tumbado en el sillón a lo César romano, viendo la tele y sin tener que mantener una conversación a la altura del otro comensal. Sin niños metiéndose el arroz por la nariz mientras patean al camarero, que a pesar de su cara de resignación está invocando a Herodes para que sacrifique a estos pequeños hijos de su madre. Sin amigas petardas que se creen finas y nacieron en la Cuesta de la Pesquera, con todos mis respetos para los vecinos de esa zona. Sin tener que pegar el culo al respaldo de la silla, intentando que el tenedor llegue a tu boca sin dejar rastro por el camino, lo que es casi imposible. Sí, comer en casa es un regalo en estos días en los que las comidas de negocios nos secuestran día sí y día también.
Convertimos la hora de la comida y la cena en una extensión de nuestro despacho; trabajamos sin descanso, jugándonos el estómago, el próximo contrato y, en ocasiones, hasta nuestra propia familia, que dejamos aparcada en casa, mientras nosotros cerramos tratos entre plato y plato.
Después de esta breve reflexión, entiendo un poco más a este obsesionado articulista de Cartagena. Seguro que está hasta el gorro de comidas protocolarias y si encima le toca de vecino el niñito asqueroso con el arroz metido por las narices, la cosa es para escribir más de un artículo. Que le sea leve la próxima comida, señor Pérez Reverte, que uno hará lo que pueda para comer hoy en casa.
5/06/06
A pesar de que los científicos no han encontrado un origen de los celos, hay una motivación en los mismos que no puede estar únicamente condicionada por sensaciones o sentimientos. Los psicólogos tampoco son capaces de dar respuesta a este acto irracional que nos afecta a todos, en mayor o menor medida.
Hay muchos tipos de celos, que en general se reducen a uno sólo. El ser humano tiende a poseer aquello que le rodea y en ese afán posesivo objetivamos no sólo a las cosas, sino también a las personas. Cuando algo nuestro deja de serlo, nos es arrebatado o lo perdemos, la sensación de castración es menor que cuando se trata de una persona; pero en menor medida es lo mismo.
Si alguna vez han sido víctimas de un robo habrán podido experimentar una extraña sensación de amputación y asco, que mezclada con la rabia, se asemeja muy mucho a los celos. En mayor medida, cuando una persona deja de ser nuestra para pasar a ser de otro, también nos sentimos castrados, amputados y rabiosos.
La envidia, el desengaño y el sentirnos sustituidos y despreciados se mezcla con el sentimiento de inseguridad y los miedos aprovechan la ocasión para reinar en nuestra mente. En esos momentos, la racionalidad cierra por vacaciones y empezamos a hacer literalmente el ridículo. Nos comportamos de forma extraña y posesiva. No es que seamos más posesivos que antes, sino que ahora destapamos ese costado que nuestra razón tenía sepultado debajo de miles de comportamientos protocolarios o políticamente correctos. Desatada la fiera, todo puede suceder.
Los celos se dan desde la más tierna infancia. Cuando llega el nuevo hermanito, el príncipe de la casa debe ceder parte de su protagonismo y eso duele. Gracias a los cuidados paternos, el nuevo niño sobrevivirá a los ataques asesinos de su hermano. La cosa es más compleja cuando crecemos y la conciencia con forma de padre decide jugarnos la mala pasada de dejarnos solos ante nuestro rival. Y éstos ya no serán celos fraternales, sino que podrán ser amistosos o amorosos; en cualquier caso se tratará de cuestiones de amor, aunque para algunos el amor no sea más que un mero trámite para perpetuar la especie.
En el caso de la amistad, los celos pueden ser muy dañinos y son más difíciles de controlar que en las relaciones de pareja. Cuando un amigo te sustituye por otro, el sentimiento de desprecio es mucho mayor que cuando un amante te es infiel; y esto sucede porque estamos acostumbrados a que nuestras relaciones amorosas empiecen y acaben, pero la amistad es para siempre. Un amigo no tiene derecho a enfadarse con otro si éste queda con otra persona; el amante sí. Y es que nos han metido en la cabeza un concepto de amistad que excede su significado. Confundimos la filia con el ágape y caemos en comportamientos que están fuera de lugar.
Se trata de un problema que nos afecta a todos, o que nos ha afectado o afectará algún día. Lo mejor es estar preparado e intentar vivir las relaciones sociales de una manera menos emocional. Como en cualquier juego, también en la sociabilidad existen reglas y hay que establecerlas desde el principio. Si en la partida todos los jugadores poseen el mismo número de cartas, no habrá que lamentar desengaños, aunque a la larga o a la corta sólo uno ganará. Así que lo más aconsejable es intentar pasarlo bien mientras dure la jugada.
14/05/06
Cuando mayo se haga cargo del calendario, mis días gozarán decididos, previos al estío, a un junio de tránsito y a su júbilo inventado. O no… de alguna manera, como en aquellas mañanas de carnes y banderas que habitaban el poema de Salinas: “La palabra iba suelta, vacante, ingrávida…”, Sabina nos devolverá su mes de abril el próximo 10 de junio, en la vecina ciudad del sol: vibrante y resuelto, el flaco de Úbeda presentará en la Plaza de Toros lorquina su nuevo espectáculo “Carretera y top manta” y -cómo no, en primera fila y cámara en mano- yo lo recibiré como si de un gurú se tratase, a pesar de su voz rasposa, que delata a quien en realidad que ya lo ha vivido y bebido todo.
Las alas de este cronista de la santa transición, de este juglar de cafés de medianoche y algún canuto con el que celebrar la vuelta de su unicornio azul, vuelven a comerse el mundo; como Ícaro, aunque esta vez sin la compañía de los dioses del Olimpo. Y es que al flaco de Úbeda sólo le queda su talento. Claro está, más que suficiente.
Con su nuevo trabajo, Pájaros de Portugal, Sabina no ha tardado en reencontrarse con una jauría de seguidores, dispuestos a vivir, que no a oír, sus letras que cantan como nadie a la victoria, aunque su voz esté vencida y rota.
Una voz en decadencia, en un viaje hacia el coitus interruptus, a gatillazos como el de hace seis meses en el Teatro Jovellanos, cuando tuvo que dejar el escenario con una voz quebrada que contrasta con el cielo de Olga Román, que hace de colchón, o de un genio en la sombra, como es Panchito Varona.
El de Úbeda bien ha dejado atrás aquella noche, pero fiel a su sarcasmo nos ha dejado un soneto escrito de su puño y letra, bajo el nombre de Gatillazo Gijonés:
Ya comprende un servidor
que el gatillazo de ayer
no encoña al mejor postor
Sin edad de merecer
puedo seguir siendo yo
cuando me da por crecer.
¿Por qué en Gijón, madre mía,
Donde yo menos quería
pasó lo que me pasó?
Mi garganta pajillera
con costo en la faltriquera
dijo que sí, pero no.
Lo malo es que el Jovellanos
se me escapó de las manos (por do más pecado había…)
El Titanic y el grumete
salsa rosa caga y vete
monstruo de cuaderna vía.
A mi Nano, en Nueva York
se le atravesó el Serrat
y Manhattan lo adoptó
y a Pablo, cuerpo presente,
cuando fue a Chile, a pisar
nuestras calles nuevamente
Las pisó, claro que sí,
cayendo chuzos de punta (pero estuvimos allí).
Los del barçá, los valdanos,
las zidanes cejijuntas,
los talibanes cubanos.
Y, sin embargo, esa voz
enmudeció de repente
para darnos otra coz,
cambiarle la jeta a Acebes
es lo mejor de la noche
de este concierto tan breve.
Mañana será otro día
volveré a ser el fantoche
de calle melancolía.
Sabina dará el pistoletazo de salida al festival lorquino Espirelia ´06, donde también actuarán a Caetano Veloso, José Carreras o B. B. King, entre otros.
Devuélvenos abril este junio.
24/04/06
Parece que la magia que envuelve al séptimo arte, tras su halo de glamour y su, en ocasiones, subyugante contenido artístico, nos sorprende en muchas ocasiones con anécdotas o gazapos, que consiguen hacerlo más humano, con su pequeñas y grandes miserias.
Porque, al fin y al cabo, todo tan bien ambientado y colocadito conforma en muchas ocasiones un film sin “personalidad”, donde la creatividad del director queda oculta por el embudo de la historia. Y, claro está, son las superproducciones de “cheque en blanco” como Titanic o El gladiador, las que se llevan el gato al agua en cuanto al número de pifias, a pesar de la exhaustiva documentación, donde se tiene en cuenta hasta el más insignificante detalle.
En El gladiador, parece que Ridley Scott quiso, como Julio Verne, reñir con el tiempo y dar un adelanto de lo que podía deparar el futuro. No es difícil ver un bidón de gasolina en uno de los combates o los volantes impresos que leen los romanos, cuando aún quedaba la friolera de 15 siglos para que Guttemberg inventara la imprenta.
Aunque, la franja de condensación de un avión que aparece sobre la cabeza de Crowe en una de las escenas, no desmerece en nada los gazapos anteriores. Y es que el cine es así, o si no que se lo digan a James Cameron, que con Titanic encabeza el ranking de la película con más pifias, unas 200, que no son pocas si se tiene en cuenta el desorbitado presupuesto con que contó este filme.
Es curioso que en Titanic - una película donde se hizo especial hincapié en la ambientación histórica -, el cuadro de nenúfares del francés Claude Monet, que forma parte del decorado de uno de los salones de primera clase, se terminó de pintar diez años después de que el Titanic, el verdadero, se hundiera en el Atlántico.
Pero es aún más llamativo, si cabe, un error en la segunda escena, o tal vez en la tercera… bueno eso da igual. En uno de los diálogos se hace referencia a la virtudes de una pintura que lleva consigo el personaje interpretado por Kate Winslet, “Las señoritas de Avignon”, de Pablo Picasso… Aunque si el cuadro se hundió con el barco, ya me dirán cómo ha llegado hasta nuestros días. Todo un misterio… ¿Qué tal una llamadita a Cameron para que nos lo explique?.
Tampoco se salva de la quema Robin Williams, cuando en “El club de los poetas muertos” parodia al personaje de Marlon Brando en “El Padrino”. El director de este filme, Peter Weir, pasó por alto que la película de Coppola se estrenó en 1972, unos veinte años después de cuando se desarrolla la acción, lo que conduce a un claro anacronismo. Pero este hecho no deja de ser un mero error de cálculo como ocurre en “Atrapado por su pasado”, cuando la novia de Al Pacino pide una coca-cola light, una bebida a la que aún le quedaban diez años para su comercialización.
Muy “pija” la chica de Al Pacino, no cabe duda; aunque en este sentido Madonna se lleva la palma en Evita. La cantante, metida a actriz de tres al cuarto, se cambia 85 veces de vestido durante esta película, usa 39 sombreros diferentes, 59 pares de pendientes, 45 pares de zapatos y 42 peinados distintos… Pardiez, no me extraña que el filme fuera un rotundo fracaso.
Y son muchas más las anécdotas que se pueden contar acerca de este fascinante mundo, pero mi tarjeta de escribiente no da para mucho más. Algo parecido, y ya para terminar, debió pensar Ingrid Bergman durante el rodaje de “Casablanca”, Humphrey era filmado siempre encima de una plataforma de palmo y medio de altura ya que la futura musa de Rossellini rondaba el metro ochenta de estatura mientras que el intérprete de “El Halcón Maltés” superaba apenas el metro sesenta, más o menos la altura del sex-simbol del cine Mel Gibson.
¿Qué opina del Plan de Competitividad Turística de Águilas?
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