Compra emocional, etiquetas que confunden y el mito de lo “light”

En la actualidad, nuestra forma de comprar y consumir alimentos está fuertemente influida por las emociones, la falta de tiempo y los mensajes que encontramos en los envases. Muchas decisiones alimentarias no se toman desde la razón, sino desde el cansancio, el estrés o la necesidad de sentirnos mejor en un momento puntual. A esto se suma un etiquetado que, lejos de aclarar, en muchas ocasiones confunde al consumidor.

La compra emocional: elegimos con el corazón, no con la cabeza
La llamada compra emocional ocurre cuando llenamos el carrito sin planificación, dejándonos llevar por impulsos o reclamos visuales. En estos momentos, es fácil caer en productos que prometen ser “saludables” o “light”, creyendo que estamos cuidándonos, cuando en realidad no siempre es así.
Este tipo de compra suele generar una falsa sensación de control que, con el tiempo, puede afectar tanto al peso como a la relación con la comida.

Ni todo lo light es bueno, ni todo lo sano es light
Uno de los errores más frecuentes es asociar automáticamente lo “light” con lo saludable. Un producto light solo indica que tiene menos cantidad de algún nutriente respecto a su versión original, generalmente grasa o azúcar, pero no garantiza que sea un alimento sano.
Del mismo modo, no todo lo saludable tiene que ser bajo en calorías. Cuando preparamos en casa un bizcocho casero saludable, con ingredientes de calidad como harina integral, aceite de oliva, fruta o frutos secos, sigue aportando calorías. La diferencia es fundamental: los nutrientes que consumimos sí aportan beneficios reales al organismo, algo que no ocurre con productos ultraprocesados.

El etiquetado: grasas, azúcares y el azúcar oculto
Aprender a leer el etiquetado es clave para comprar con cabeza. No basta con fijarse en la parte frontal del envase; es imprescindible revisar la información nutricional.
Especial atención merecen:
•Las grasas, especialmente las saturadas.
•Los hidratos de carbono, y dentro de ellos, el apartado “de los cuales azúcares”.
Muchos productos indican “sin azúcar” o “light”, pero al revisar la tabla nutricional descubrimos que contienen cantidades significativas de azúcares o ingredientes que el organismo metaboliza como tal.
Cuando lo explico a mis pacientes, siempre hablo del azúcar oculto. Creemos que no consumimos azúcar porque no añadimos azúcar al café, pero está presente en una gran cantidad de alimentos cotidianos. Incluso productos que consideramos básicos y saludables, como el tomate frito, pueden contener grandes cantidades de azúcar añadido.

El marketing alimentario y la falsa sensación de salud
El marketing juega un papel decisivo en nuestras elecciones. Palabras como “natural”, “casero”, “fitness” o “bajo en grasa” generan confianza, aunque el producto sea altamente procesado.
La magia no existe. La salud no se compra en un envase bonito, sino en elecciones informadas, basadas en la lectura de etiquetas y en el conocimiento de los alimentos.

Conclusión
Aprender a identificar la compra emocional, entender el etiquetado y desmontar el mito de lo “light” es esencial para cuidar nuestra salud. Comer sano no significa eliminar calorías a toda costa, sino elegir alimentos que nutran de verdad, disfrutar de la cocina casera y ser conscientes de lo que consumimos.
Porque comer bien no es una moda, es educación, equilibrio y sentido común… también cuando hacemos la compra.

 

Tu publicidad AQUÍ

… EN EL TERCER DIARIO REGIONAL EN VISITAS DE LA REGIÓN DE MURCIA

Esta web utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de usuario. Si continúas navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies