Un mar de mantillas: 84 manolas arropan a la Virgen de los Dolores en un momento histórico para Águilas
Un total de 84 damas acompañaron en su dolor y en sus súplicas a la Madre de Águilas. Un récord histórico que da reflejo de la pasión y el respeto que los aguileños tienen por su patrona
Por Gema Simó
Existen ocasiones en las que el alma de un pueblo parece latir al unísono, y eso fue exactamente lo que sucedió el viernes 27 de marzo, cuando Águilas celebraba orgulloso el Día de su Patrona, la Virgen de los Dolores.
Nuestra Patrona, no es únicamente una imagen venerada: es el reflejo del dolor humano, de la pérdida, del amor que permanece incluso cuando todo parece quebrarse. Su rostro, sereno y herido a la vez, recoge las penas de quienes se acercan a ella buscando consuelo, convirtiéndose en un símbolo universal de empatía y fortaleza, sobre ella nos apoyamos para darle gracias y también, para alguna que otra petición.
En esas peticiones, y junto a ella, de forma discreta, elegante y silenciosa un cortejo que jamás el pueblo de Águilas había contemplado, las Manolas de la Virgen. Un total de 84 damas acompañaron en su dolor y en sus súplicas a la Madre de Águilas. Un récord histórico que da reflejo de la pasión y el respeto que los aguileños tienen por su patrona. Todas ellas coordinadas por el mayordomo del Paso, Juan José Asensio Dólera, ayudado en esta ocasión por Javi y Marisa.
Es una noche en la que las calles se transforman en un espacio de reconocimiento compartido, donde cada paso, cada flor, cada lágrima de emoción y súplica derramada, hablan de respeto y devoción. Es entonces cuando el tiempo parece detenerse, y entre la solemnidad y la emoción, surge una conexión invisible que une generaciones, recordándonos que el dolor, cuando se comparte, también puede ser una forma de esperanza.
Exactamente a las 21.30 horas del Viernes de Dolores, sucede lo esperado, las puertas de la Iglesia de San José se abren lentamente, como si también ellas sintieran el peso sagrado del momento. Para contemplar una Plaza de España repleta de fieles, una luz distinta, más viva que nunca cruza el umbral. Y las Manolas en primer lugar, viven un sentimiento y una emoción que es muy difícil de explicar, que se siente desde lo más profundo. Es un instante que sobrecoge, el más especial, sin duda. Hay lágrimas contenidas, la piel se eriza y una certeza difícil de explicar, el pueblo de Águilas nunca está solo. Cada persona allí presente comparte el mismo respeto, la misma devoción, el mismo temblor.
Y tras la elegancia de las Manolas, madres, hermanas, primas, amigas e hijas que homenajeaban a la patrona de toda la ciudad. Cuando el murmullo aún vibra, se da paso al silencio respetuoso, para recibirla a ella. Portada por hombres y mujeres de esfuerzo callado, de hombros firmes y mirada serena, que no buscan protagonismo, pero sostienen con dignididad el momento que esperamos durante todo el año. Sobre ellos no solo porta un paso, sino la tradición que se siente y se honra en ese preciso momento. Son el pulso invisible que hace avanzar a la Virgen, el equilibrio entre la fuerza y la fe.
La procesión está en camino y recorre las calles principales de la ciudad. Con una emoción aún mayor, a las puertas del ayuntamiento, se vive una vibrante petalada. Para finalizar, cerrando el cortejo, con la elegancia sosegada de quien entiende la profundidad del momento, camina la camarera de la Virgen, Isabel Cáceres Martínez, presidiendo el paso de las damas. En su figura se recoge la delicadeza del cuidado, la entrega silenciosa y el honor de servir desde la cercanía más íntima. No es solo quien vela por los detalles visibles, es también guardiana de una tradición que se transmite con respeto y devoción. Su presencia pone el broche final a un cortejo de 84 corazones latiendo a la vez y que se convierten todas en una.
Tras lo acontecido, de forma histórica, queda el eco de lo vivido: el rumor de la plaza, el esfuerzo de los portapasos, la mirada emocionada del pueblo. Y en ese cierre, firme y delicado a la vez, se recoge nuestra Madre, con el himno de España, una noche en la que todo cobra sentido desde el amor más profundo a Nuestra Señora la Virgen de los Dolores.






