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José Rodrigo, un fotógrafo para la historia

Si hablamos de la fotografía histórica en la ciudad de Lorca en el siglo XIX, es inevitable evocar el nombre de José Rodrigo, un fotógrafo para la historia. Una vida que podemos conocer gracias al libro realizado por Manuel Muñoz Clares, publicado dentro de la Colección de Fotógrafos Región de Murcia, dirigida por Juan Manuel Díaz.

A lo largo de los próximos números de “Blanco y Negro” de esta publicación vamos a hablar de “Don Pepe”, como le llamaban afectuosamente los contertulios que con él compartieron muchas horas en su taller. Nos acercaremos un poco más a este famoso fotógrafo a través de su biografía, sus álbumes de retratos y la técnica en su fotografía.

José Rodrigo nació el 1 de diciembre de 1837, siendo bautizado en la Iglesia de San Mateo con los nombres de José Natalicio Lorenzo Manuel. Rodrigo fue hijo del primer ayudante de Infantería, Lorenzo Rodrigo Caballero. Mientras que la madre, de nombre Manuela Navarro-Casete Ortuño, era natural de Lorca.

No existen documentos que indiquen que cursara estudios de grado superior, pero sí se sabe que aprendió su profesión con el fotógrafo francés, Roviera, establecido en Barcelona. Este fotógrafo era tío de su mujer, Mercedes Rodrigo Coll, y vivía con el matrimonio desde 1907, fecha en la que se casaron.
Otros fotógrafos, como Díaz Ponce y Rebollo, trabajaban en el barrio de San Mateo, donde también vivía Rodrigo, lo que pudo suponer una pronta familiarización con la imagen impresa por la acción de la luz y determinados procedimientos químicos. Rebollo y Rodrigo mantuvieron abierto, conjuntamente durante algún tiempo, un taller fotográfico. Aunque todos estos datos pudieran ser inexactos por falta de documentos, lo que si es una incógnita absoluta son los primeros pasos de Rodrigo en la fotografía.

Se conoce que José Rodrigo permaneció durante varios años fuera de Lorca ya que no aparece en el padrón municipal de 1859. Aunque no se sabe con exactitud cuando se fue y volvió a la ciudad, sí se conoce con seguridad que Rodrigo estaba instalado por su cuenta en 1864 en la calle Rubira, en la casa familiar, trabajando posiblemente solo en retratos. En los años finales de la década de los 60 y principios de los 70 comenzó a hacer paisaje urbano y de huerta, vistas panorámicas de la ciudad y una interesante galería de personajes populares.

Entre los años 1859 y 1866, consta la presencia en Lorca de Leopoldo Rovira, un “retratista francés” que en agosto de 1861 hacía imprimir anuncios de su taller en la imprenta de Campoy, esa sería la fecha del inicio de su trabajo en Lorca tutelando a su alumno José Rodrigo. La labor de Rovira en Lorca, a juzgar por lo que queda de ella, se centró en el retrato tipo “tarjeta de visita”, siendo las instantáneas de Semana Santa que conocemos una excepción.

Se conoce una serie de aproximadamente una veintena de fotografías de Rodrigo que constituyen hoy un testimonio excepcional y que sitúan al fotógrafo en un lugar y contexto determinados, fuera de la monotonía profesional que podríamos suponer que tenía. Un ejemplo de su trabajo es El Diario del Cantón (de Cartagena), del 24 de octubre de 1873 que recoge en una noticia a José Rodrigo Navarro como documentalista de la misma. Rodrigo desembarcó en Cartagena, procedente de la capital del Turia, coincidiendo con el momento en que las tropas cantonales estaban recibiendo el duro ataque del ejercito de la nación. Es entonces cuando Rodrigo, consciente del valor testimonial de su trabajo, actuó como un reportero gráfico. No sabemos el uso comercial que hizo de estas imágenes, si se vendían en su taller o eran encargo de algún periódico de tirada nacional, pero en conjunto componen el más fiel retrato de lo que en esos momentos estaba sucediendo en Cartagena.

También permaneció durante un tiempo en Almería, en Cuevas, donde es seguro que en 1874 aceptó el encargo de hacer unas vistas panorámicas sobre minas, encargo que al parecer le fue hecho por el entonces director del periódico El Minero de Almagrega. Durante el tiempo que estuvo en la provincia almeriense, instaló su taller fotográfico en Garrucha.

Geográficamente hablando, su obra es muy amplia ya que encontramos instantáneas de Cuevas, Vera o Sierra Almagrera, con prácticamente todas las minas e instalaciones importantes, Pinar de Bédar, Herrerías, Garrucha, Palomares, Jaravía, Águilas y Mazarrón. Directa o indirectamente, el cúmulo de información que contienen estas fotografías solo se pondrá de relieve cuando un estudio en profundidad permita extraer de ellas todo lo que contienen. De momento, la exposición El Siglo Minero supuso una notable difusión de esta serie fotográfica y de la propia obra del fotógrafo. Y de su trabajo en el mundo minero, a sus álbumes de retratos que trataremos en nuestro próximo blanco y negro.

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