Como bien dice Salvador Montalbán en la última entrega de esta eternizada disputa sobre la Moral, “alcanzar el acuerdo es muy difícil”. Por ello, y a pesar de que espero que sea él quien ponga el punto y final al debate, doy por zanjado este asunto, sin que eso signifique que he tirado la toalla. Como no se trata de convencer a nadie y visto que nos encontramos en extremos totalmente opuestos, sigamos cada cual con nuestras ideas y que Dios reparta suerte.
“Polvo eres.. y en polvo te convertirás”; una sentencia que no sabemos hasta qué punto es conveniente que la Santa Madre Iglesia nos recuerde año tras año de una manera tan contundente y en ese tono tan absurdamente “amenazador” como su propio contenido indica.
Que la muerte es un hecho ineluctable lo saben hasta aquellos sin uso de razón (como se suele decir de los niños, inocentes, etc.), pero que ésta sea innecesaria en tantos y tantos casos, es lo que verdaderamente pone los pelos de punta.
Es de suponer que los religiosos (que son la mayoría) que se encuentren en frentes de batalla, celebren esta jornada litúrgica bajo los mismos contenidos rituales que en cualquier parroquia católica del mundo.
Es de suponer también que el símbolo de la misma, esa señal de la cruz dibujada con ceniza sobre la frente de los creyentes, sea dibujada sobre aquellos que se encuentran en peligro inminente, en riesgo obligado de caer abatidos en cualquiera de los numerosos enfrentamientos…
Paradójicamente se confundirá con los signos de camuflaje pintados ya en sus rostros, quizás también a base de ceniza, de otras cenizas…
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