Parece ser que los nervios están algo crispados entre los líderes políticos locales: Juan Ramírez versus Ramón Román; aunque lejos de acometer una guerra política, centran sus esfuerzos en mantener ordenado el patio de su partido.
Por un lado, el portavoz socialista, no parece tenerlas todas consigo de cara a ser elegido secretario general en la asamblea local, siendo Antonio Alcolea quien maneja la saca de los votos ¿Estará Román a la espera de nuevas altas para poder noquear a Alcolea ?
En fin, visto lo visto, los únicos perjudicados por tanta incompetencia “ramonil” son los socialistas aguileños, que ven como el PSOE sigue en la inopia durante ya ocho meses, aunque la gestora actual no se podía alargar más de seis meses… esto no lo entiendo.
Por otra parte, Ramírez Soto está algo alicaído desde que la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia abrió diligencias por la recalificación de La Zerrichera. Y es que, la insistente campaña mediática a nivel local, donde el único fin son los intereses del Grupo Hispania, así como la mala imagen que se está dando de Águilas con el PSOE como abanderado, empieza a cansar.
No podemos dudar que se avecina una buñuelesca “Guerra de los mundos”. Conocemos los actores, el escenario y los intereses. El rodaje durará unos meses, aunque los extras ya están empezando a hacer cola en la sedes de los partidos.
Con fecha 15 de junio de 2006, el Portavoz de Izquierda Unida, Miguel Antonio Carrasco Cayuela, se dirigió al Fiscal Jefe del Tribunal Superior de Justicia de Murcia, Don Manuel López Bernal, ofreciéndose a llevarle la documentación que sobre el asunto de La Zerrichera posee el Grupo Municipal de Izquierda Unida. El Fiscal ha citado al Grupo Municipal de Izquierda Unida para hoy jueves 29 de junio a las 9’00 horas.
Se le ha entregado una serie de documentos que demuestran que el Alcalde de Águilas sabía desde la celebración del pleno ordinario de 24 de junio de 2004 que José López Díaz era uno de los propietarios de la finca de La Zerrichera porque el Portavoz de Izquierda Unida, Miguel Antonio Carrasco Cayuela, se lo había advertido en el mencionado pleno. Asimismo se le ha entregado un dossier compuesto por veintinueve documentos relacionados con La Zerrichera incluyendo un índice cronológico de ellos.
Se le han entregado documentos que demuestran la campaña mediática que hay en Águilas en contra de la Oposición y a favor de las construcciones ilegales en los espacios protegidos. Además del tema de La Zerrichera se le han comentado otros asuntos urbanísticos de Águilas no muy claros que se verán más adelante.
La comparecencia ha durado casi dos horas, con un ambiente distendido, y el Sr. Fiscal se ha interesado por aspectos, detalles y personas concretas que están implicados en el tema.
Grupo Municipal de I.U.
La llegada de los niños sharauis que este año participan en el programa “Vacaciones en paz” es inminente, y las familias que los van a acoger en sus senos ya se encuentran expectantes, unas porque volverán a ver a “su pequeño” y otras ante la nueva experiencia que les supondrá la primera acogida. Todos recordamos cuando el programa se puso en marcha (hace ya bastantes años) y aquellas personas que asumieron la responsabilidad de hacerse cargo de un niño no daban crédito a su comportamiento: no tenían conciencia del peligro del tráfico; desconocían la utilidad de ciertos enseres para nosotros tan básicos como un vaso, e incluso, llegaban a caerse de las camas a la hora de dormir, por no estar acostumbrados “a la poca altura”. Todo ello da testimonio de las condiciones en que se desarrollan las vidas diarias de estas personas (muy pequeñas personas); nunca se sabrá qué mecanismo se pondrá en marcha en sus mentes cuando reciban toda esta nueva información, ni con qué ánimo volverán, por tanto, a su lugar de origen.
Rosa Márquez
Al hacernos eco de declaraciones como aquellas vertidas por el nuevo presidente de la Federación de Peñas, quien asegura tener entre los próximos objetivos de su mandato que el carnaval aguileño alcance el rango de “Fiesta de Interés Turístico Internacional”, no se puede por menos que “clamar al cielo”.
¡No es posible tanta fantasmagoría! Este pueblo se está convirtiendo en una nueva mitología de lo imposible pensado, en todo un tratado acerca de transformaciones quiméricas, comparables, por poner algún ejemplo, a “Dafne y el laurel” o “Narciso y la flor”.
Sin embargo, éstos últimos sirvieron, de manera hermosa, para explicar a una cultura el origen del mundo, y lamentablemente, estas otras, han sido y son escritas para todo lo contrario: dar noticia de la poca cultura reinante, o destruirla, precisamente por escasa.
En fin, que los fantasmas acechan por todos lados (que no solamente en lo que concierne a esta fiesta “salida de la nada”) y terminarán convirtiendo a Águilas en una bonita “postal” digna de estudio para aquellos especialistas que en programas de la misma “naturaleza muerta” que “Cuarto milenio”, escrutan la veracidad de las mal denominadas “psicografías”.
Francisco López Belmonte
Ayer mañana, en un artículo de una revista de ciencia, leía con estupor que, a pesar de los progresos médicos, cada vez hay más sordos, es decir, personas con disminución o pérdida de la audición. Según los últimos estudios realizados una de cada cinco personas padece algún tipo de sordera antes de los cincuenta y cinco años.
Existen muchas causas de la pérdida de la audición y se pueden dividir en dos categorías: “Pérdida conductiva”, que ocurre cuando los tres minúsculos huesos del oído (osículos) no pueden transmitir el sonido hasta la cóclea o cuando el tímpano no logra vibrar en respuesta al sonido, debido a algún problema mecánico como la presencia de líquido en el oído.
En segundo lugar, la “Pérdida nerviosa”, que se produce cuando el nervio es lesionado por medios físicos o de otra naturaleza. La pérdida conductiva es a menudo reversible, mientras que la nerviosa no. La prevención de la pérdida de audición es más efectiva que su tratamiento.
Dentro de estas dos categorías, las causas, según los especialistas, pueden ser diversas: Genéticas, congénitas, infecciosas, ocupacionales, traumáticas, etc. Yo, que no soy médico, ni docto en materias de este tipo, percibo otro tipo más de sordera: La intencionada; es decir, la sordera adoptada con una finalidad concreta. La sordera elegida.
Dice el conocido refrán que “no hay más sordo que el que no quiere oír”. Es como el niño que está haciendo una fechoría y en ese momento lo llama su padre: ¡Juanito! ¿Dónde estás? ¡Juanito, contesta! Pero Juanito se calla, porque no quiere que su padre lo pille “in fraganti” y se hace el sordo. Lo malo es que, tarde o temprano, su padre lo descubre y entonces lo disciplina por la fechoría y por no contestar.
Pues eso mismo solemos hacer los adultos, cada día de nuestra vida, en relación con todas aquellas cosas que no nos interesan oír; de esa forma nos hacemos “los locos” ante advertencias o consejos que no nos agradan, aunque sean ciertos. Lo grave es que no nos libramos, por ello, de las consecuencias que, en ocasiones, pueden ser trágicas.
En especial, lo que se refiere al ámbito espiritual provoca una sordera intensa en muchas personas; y es que si no nos “halagan los oídos” no nos interesa escuchar. La mayoría de las veces no nos conviene oír para no vernos obligados a actuar en consecuencia. Y así vamos, desoyendo, disimulando y pasando el tiempo.
Pero hay una voz insistente que repite desde hace milenios: “El que tenga oídos para oír, oiga”. Es la voz de JESÚS que nos habla, queramos oír o no, y nos dice: “Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él…”, y “si alguno oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna”.
El salmista escribió: “Si oyereis hoy Su voz, no endurezcáis vuestro corazón”. La sordera espiritual es reversible, como la conductiva. No sigas perdiendo audición intencionadamente, puede ser que cuando quieras oír, ya no puedas.
Prometo a mis lectores un descanso. Ante los rigores caniculares que se avecinan, prometo no ser beligerante, prometo dejar de lado temporalmente esos temas que las buenas maneras tradicionales excluirían de la mesa, por su influencia nefasta en la degustación de la comida compartida y en la posterior revolución intestinal que alteraría el discurrir plácido de las sobremesas. Mi primera obligación será velar por las buenas digestiones de mis lectores.
Pero en esta mirada tengo que ocuparme de lo histórico, de lo que invade por activa o por pasiva (con su presencia o con su clamorosa y escandalosa ausencia) los espacios de la actualidad mediática (y “mierdiática”, según casos).Tengo que mirar de frente al espejo de los días, ese espejo simbólico que refleja lo que pasa, como el que paseaba por la calle Honorato de Balzac, para que se reflejase en él “La comedia humana”.
Y lo primero y más evidente que salta a la vista, reflejada implacablemente en el espejo, es la ebullición que caldea cada día más la vida parlamentaria española. Atrás quedó el tiempo de la siembra insidiosa de la discordia. Ahora llega, como tiempo de verano que es, el momento de la cosecha: una cosecha de trigo envenenado, de enconus que apuntan ya al odio puro y duro, y de batallas inminentes que va a salpicar todos los aspectos de la vida colectiva, incluso aquellos aparentemente más alejados de la política.
Y es que hay dos dimensiones de la política. Con arreglo a la primera de ellas, la más común y usual, la política es asunto de políticos y acontece con sus agitaciones consustanciales entre los bastidores de la vida cotidiana del ciudadano común. Esa es la dimensión a la que podemos referirnos cuando muchos afirmamos no ser políticos (yo entre ellos). Queremos con ello significar que entendemos la política como un acto de servicio a la sociedad por parte de unos profesionales que ascienden por cauces políticos a las posiciones directivas de control social. (Si esos cauces no fueran políticos, si se llegase al poder por razones hereditarias o se pretendiera una permanencia vitalicia del mismo, pongamos por caso, no estaríamos formalmente en donde, al parecer, suponemos que estamos. Es decir, en una democracia).
Con estos señores (los políticos que nos gobiernan) los ciudadanos que no nos consideramos políticos tenemos la obligación de ser muy críticos y nada complacientes. El que exija la lisonja entre las prebendas del cargo debería ser automáticamente expulsado de la política.
Lo último que hay que hacer con los políticos es creer en ellos. Hay que aplicarles en cambio el dictamen bíblíco en todo tiempo y circunstancia: “por sus obras los conocereis”. Los ciudadanos “apolíticos” de los que me honro formar parte no nos adherimos a un credo político sino que juzgamos con criterio imparcial lo que hacen los políticos. Sin nosotros, sin los que no se alinean, ciegamente y a costa de lo que sea, con un credo político representado sin fisuras ni discusiones por un partido político, simplemente es que no habría en rigor política. La democracia desaparecería, simplemente. Habría una mayoría que gobernaría siempre, y que abusaría sistemáticamente de su situación de privilegio para ignorar los criterios de la minoría contraria, que estaría condenada a permanecer como minoría siempre. Ello conllevaría la anulacióm práctica de los mecanismos democráticos y la instauración efectiva, más pronto que tarde, de una dictadura enmascarada con las formalidades de la democracia. Esto es precisamente lo que se pretende que nos ocurra, y lo que ya acontece hace años en las más privilegiadas e insolidarias autonomías periféricas.
Y esto es lo que me lleva a esa segunda dimensión anunciada de lo político. Es la que se manifiesta cuando los asuntos de la política no se les puede dejar por más tiempo a los políticos, porque entonces es la vida colectiva la que anuncia riesgo de naufragio. En esa situación, que es a la que nos acercamos a toda vela, impulsados por los malos vientos del rencor y la avaricia, los ciudadanos, en bloque, tenemos que asumir nuestra inexorable condición gemela de la de ciudadanos: la de “animales políticos”. Es la “polis” lo que va a estar en juego, no la política de vía estrecha de los profesionales de la tergiversación.
Y es que a lo que estamos asistiendo en el momento presente no es al debate lícito entre un partido de izquierdas que gobierna y que tiene en la oposición a un partido de derechas. Aquí y ahora, la definición de derechas e izquierdas es desorientadora, inexacta y, en última instancia, falsa. A lo que estamos asistiendo es a la lucha agónica de una democracia que se resiste a morir. Y se da la triste circunstancia de que es precisamente la mal llamada “izquierda progresista” en el poder la que está ávida de presentar el acta de defunción de esa democracia precisamente como un avance y un triunfo del progresismo, sobre el tradicional involucionismo autoritario de la “derechona”.
Los ciudadanos que no somos políticos deberiamos hacernos muy conscientes de que el juego democrático está gravemente viciado desde hace dos años, gobernados como estamos por un neo-jacobinismo de oculta y progresivamente manifiesta radicalidad, que se asocia indistintamente con partidos nacionalistas minoritarios de extrema izquierda o de derecha manifiesta, porque eso le da igual, con tal de mantenerse en el poder; que tiene una ya suficientemente probada vinculación con el terrorismo de Eta (extrema izquierda) el cual lleva décadas colaborando con el PNV (derecha tradicionalista antiespañola) y que ha alcanzado el poder violentando los mecanismos democráticos (sucesos de la jornada de reflexión) y adulterando las pistas del atentado del 11-M para desacreditar al partido entonces en el poder (la famosa mochila, los móviles, etc….) sin prejuicio de otras posibles implicaciones aún más graves, que harían del atentado islamista un premeditado y perverso tiro por elevación.
Un neo-jacobinismo que explota los irracionales reflejos ideológicos de la izquierda confesional mientras desentierran hachas de guerra oxidadas y herrumbrosas lanzas de las discordias de antaño, para debilitar, desacreditar, desunir y enfrentar. No puedo suscribir algunos aspectos de la política de la “derecha”, pero en este momento la mala fe totalitaria de los que nos gobiernan es el problema real de la vida política española.
Como casi siempre me resulta chocante lo que escribe el compañero (sólo de medio) Salvador Jiménez, me gustaría proponerle que evitara los agobios, cuando le sea posible, al menos.
Ya tiene valor ir a comer con alguien que le va a dar un mal rato, que le va a forzar a comer más derecho que un palo y con más miramientos que si fuera a repetir la sagrada comunión a los casi treinta años. No creo sea necesario pasar un mal día si lo puedes evitar, no se trata de ascender a una filosofía hedonista y olvidar cualquier atadura formal, pero entregarse a una mala comida con alguien escrutador no tiene sentido…. a no ser que te invite a gambas cabezonas. Yo le puedo hablar de mi experiencia en cuanto a las comidas, que busco sean agradables. No hay como agrupar a una escogida selección de amigos y juntarlos a comer una vez a la semana, los viernes, por ejemplo.
Mantener la convocatoria durante meses, incluso años, a fecha fija: todos los viernes a las 14 PM., excepto Viernes de Dolores y Viernes Santo, acudir a un restaurante elegido previamente y encontrarse con los que allí acudan. Así lo venimos haciendo, como unos 12 años, un grupo de amigos y nos va muy bien, apenas discutimos, nos reímos un montón y hablamos sin parar durante dos o tres horas, hasta la hora de volver al trabajo unos y echarse la siesta otros. Como ves, compañero (sólo de medio) somos de distinta extracción social y de diversa capacidad económica, pero somos un grupo de aguileños (bueno, hay uno francés ) que optamos por echar un buen rato comiendo en un buen restaurante (uno que hay en la calle Blas Rosique…..y que no es chino), aunque ello nos cueste una pasta.
Siempre hay una mesa reservada los viernes a las 2 de la tarde, aunque vayamos 3-4 u 8-10, casi nunca decidimos lo que comemos porque no nos da tiempo a ver la carta, el maitre (para los amigos, el medio-maitre) elige por nosotros y últimamente ejercemos de “catadores“ de las nuevas experiencias culinarias de su excelente cocina. La admisión de nuevos comensales la tenemos muy rigurosa y, aunque pueda parecer machista, no se admiten mujeres (a no ser que se trate de la hijas adolescentes de algún componente numerario; porque, eso sí, tenemos categorías, según antigüedad, como la de socio fundador, socio numerario y socio morralla).
El grupo así formado se llama “ C.A.F.E. “ (colectivo de aguileños por un futuro esperanzador) . No hay miradas cortantes entre nosotros aunque se diga algún disparate, que no suele ser habitual (….).
Alguna vez hicimos el experimento de invitar a algunos políticos, pero visto lo visto, declinamos continuar con semejante innovación. Sin más detalle. Aunque nos divertimos mucho con Miguel Navarro, alcalde de Lorca.
Políticamente también somos cada uno de su padre, con predominancia de la derecha, excepto buenos ejemplos de la izquierda, socialista por supuesto, local. Pero ello no nos provoca más que grandes discrepancias en el debate de cada semana, que casi siempre concluyen sin llegar a las manos. Las maneras en cada comida de viernes son las que nuestra educación personal nos ha dado a cada uno, sin rigores de espaldas rectas ni otras zarandajas, aunque nos reímos mucho del amigo Antonio cuando se come las gambas con cuchillo y tenedor.
Otra cosa, las onomásticas se celebran con invitación a comer al resto del grupo, así como las nuevas incorporaciones, cuando han pasado todos los filtros. Los días de celebración bebemos Moet Chandon, que no es un perfume como creía uno del grupo y alguno nos fumamos un buen puro. Nos preocupan tan poco las maneras que sólo evitamos eructar, pero hay un socio fundador que siempre se cuelga una “ medalla ” comiendo ensalada y del que no por ello renegamos. El único problema es que viajamos mucho y no siempre asistimos el cuadro completo.
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