La Actualidad de Águilas y Lorca

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21/07/08: las noticias del día

Se mueve > Águilas21/07/08

Marina Torres es coronada como Reina Infantil

Un año más Águilas eligió a la Reina de las Fiestas Infantil en un acto organizado a beneficio de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de la Soledad. »

Nuevos aires para el Foto Rally en su edición 2008

La XV edición del Rally Fotográfico ha vuelto a ser un éxito, tal y como se ha calificado desde la organización de la prueba. »

Lo que hace la calor ¿o no?

Vamos a tener que pensar que, efectivamente, el calor, o la calor, que se dice por estos pagos, agita la mente humana. El astro Sol, que por estas tierras se muestra muy generoso, puede jugarnos malas pasadas con eso de las insolaciones mentales. Bueno, a unos se la calientan y a otros se la ponen calenturienta. Me refiero a la mente.

Y no sabemos lo que es peor. El calentón, cuya enfermedad es de patología psicosomática por cuanto afecta a la mente y al cuerpo –bueno, a una parte concreta del mismo- es un peligro cuando no tiene con qué enfriarse. Pero al calenturiento, cuya afección tiene su raíz exclusivamente incardinada a la sesera, hay que echarle de comer aparte.

Hay mentes –no vayamos a entrar en si más o menos prodigiosas- que en cuanto llega el verano, y la calima propia de estos meses, se revuelcan que es un gusto en el mar de las disquisiciones. Vamos, lo que cualquier castizo con lenguaje poco académico despacharía con la sentencia de que se dedican a hacerse pajas mentales; y a veces –eso ya lo añado yo-, hasta con orgasmo incluido por el placer que deben proporcionarles sus elucubraciones.

Como casi todo lo que acontece últimamente, pareciendo haber quedado instituido lo de usar y tirar, prácticamente nadie –ni informadores, ni articulistas, si siquiera en la sección de cartas de los lectores en los periódicos- ha dicho ni comentado nada sobre aquella idea de ampliación y homogenización europea de la jornada laboral.

Casi se estaba quedando obsoleta la idea, precisamente porque muy pocos entraros al trapo, y un día, haciendo zapping radiofónico oí, a un empresario de la tierra –y no me refiero a un punto concreto de la Región de Murcia- retomando el susodicho asunto de la jornada laboral. Decía que no es tan descabellado ese horario laboral europeo de …titantas horas, argumentando que no hace tantos años que en España se trabajaba los sábados durante media jornada. Estuvo pelín irónico el locutor al apostillar que también existía antiguamente la esclavitud.

Abundó el susodicho empresario puntualizando que, sobre todo, los funcionarios podrían tener, perfectamente, una jornada laboral de 56 horas. O sea, 10 horas diarias (de 8 a 14 y de 16 a 20) y al llegar el sábado -¡gracias, generoso!-, sólo de 8 de la mañana a 2 de la tarde.

Y digo yo. Dos puntos. En vez de propiciar este horario para el funcionariado, sector que le es ajeno del todo a este hombre, por qué no se lo impone a los trabajadores de sus empresas, ya sean propias, ya familiares.

¿Será que son ya muchos, demasiados, los derechos conquistados por los trabajadores –sobre todo por los funcionarios- y a poco que nos descuidemos se va a caer, como un castillo de naipes, el sistema capitalista, ahora llamado liberal?

Vamos a pensar que son las calores del verano porque de lo contrario, en el caso de que lo haya dicho en serio y se atreva a ofrecer trabajo a quienes estén dispuestos a echar esas 56 horas, a lo mejor empieza a recibir cartas y currículos de ingenieros, arquitectos o biólogos con la expresa aceptación esa jornada laboral.

¿Han pensado todos estos nuevos titulados, y tituladas, que en algunos casos están trabajando por mil euros, que si ofrecen predisposición laboral de sol a sol puede que los llamen rápidamente?. Y con mayores motivos si aceptan, también, la ocurrencia de Voltaire en el sentido de que el único medio de hacer la vida soportable es trabajar sin razonar. ¿Qué más podría pedirse en aras a una productividad de corte neoliberal?

Estad al tanto, jovenzuelos y jovenzuelas, de cuanto se os oferte, sobre todo si esas alfombras de bienvenida conducen a las empresas de estos eruditos de la sociopolítica económica?

Que no, que hasta aquí puedo escribir y que no voy a decir quién es. Que si lo buscan desde las filas neoliberales para ofrecerle un cargo de responsabilidad (?), que lo busquen; yo no quiero ser palanca de lanzadera. Si lo pretenden desde sectores de recién licenciados para remitirle el currículo, que lo busquen también, que no me apetece colaborar con la contratación basura. Y si andan en su búsqueda desde otros rincones y con otros objetivos, pues lo mismo, que lo busquen.

Las ciudades invisibles

Viajar significa nacer y morir en cada instante” (Víctor Hugo) “Cuando volvemos de un viaje nos preguntamos si es la tierra la que se ha empequeñecido, o somos nosotros quienes hemos crecido” (Paul Morand).

Aunque el turismo, esa acepción moderna y descafeinada del viaje, es un estupefaciente para uso de masas aletargadas, no tanto por la rutina como por esa invencible inercia interior que las arrastra, el viaje, en su sentido tradicional y eterno, es ante todo un viaje interior. Todo viaje que cuente algo, todo viaje que deje alguna huella en nosotros, es ante todo una aventura del espíritu.

Todos los años escribo algún artículo por estas fechas dedicado a los viajes, a las cosas vistas, a los templos y los paisajes que han significado algo para mí, y espero que para mis lectores.
Este año no voy a escribir sobre cosas vistas, sino sobre cosas sentidas, no voy a describir las ciudades visibles sino las invisibles. Voy a profundizar un poco en esa vertiente interior del viaje a la que aluden las citas que abren esta mirada.

Quizás despierte así la curiosidad del lector; quizás le consuele si no están su economía o su ánimo para viajes. El viaje visto así puede ser también un viaje rememorado o soñado.
Javier de Maistre nos invitaba a un viaje en torno a nuestra habitación. Pascal nos reconvenía por salir de nuestro cuarto, asegurando que de ahí le venían todos los males al mundo.
Paul Morand observaba que viajar constituye la manera más agradable, menos práctica y más cara de instruirse, de ahí que los ingleses hicieran de ello una especialidad.

Para los tibetanos, el viaje definitivo es una inmersión sin retorno en los abismos y paisajes interiores, en los paraísos o infiernos que a lo largo de la vida hemos construido en nuestra alma.
Italo Calvino fue un fabulador extraordinario que escribió un libro bellísimo titulado “Las ciudades invisibles”. Ese fue durante años unos de mis libros de cabecera, y, averigüé luego, lo fue también del pintor Pedro Cano, quien dedicó al libro una magnífica serie de acuarelas.
“Las ciudades invisibles” es un tratado descriptivo de geografía imaginaria. Un catálogo de ciudades soñadas, poéticamente descritas en sus páginas.

El potencial imaginativo de la obra es inagotable, aprovechando la ocasión para recomendarle al lector que se haga con él lo antes posible, y este verano, esté donde esté, lo lleve consigo.
Sabrá así de Zaira, la de las inmensas escalinatas, de Isaura, la de los mil pozos, de Zobeide, con su luz blanca y sus calles que dan vueltas como hilos de un ovillo, de la gran esfera azul de Fedora, de Armilla, no se sabe si en construcción o en demolición, de Cloé, de herméticos habitantes cuyas miradas se recogen en abanicos, de Valdrada, que son dos ciudades, una real y reflejada la otra.

Le llegarán noticias de Bauci, cuyos invisibles habitantes viven en las nubes, de Eutropía, cuyos residentes abandonan constantemente barrios enteros, para ocupar otros deshabitados hasta el momento, de Adelma, donde las gentes recuerdan invariablemente a personas que han muerto, de Eusapia, donde un ejército de encapuchados organiza con cadáveres escenas de las vida cotidiana en los subterráneos de la ciudad.
Conocerá la existencia de Mariana, la ciudad aparentemente perfecta que contiene un reverso tenebroso, de Irene, la ciudad que sólo puede verse de lejos, y a la caída del sol, de Aglaura, lugar sin encanto, y, a ciertas horas, lugar incomparable, de Esmeraldina, donde la distancia más corta entre dos puntos no es la línea recta sino la quebrada en zig-zag, de Perinela, proyectada para un urbanismo perfecto; la ciudad ideal que, inexplicablemente, sólo produce monstruos.

Estas maravillas y otras más esperan impacientes al lector que recorra las páginas de Calvino.
Pero, a estas alturas, el lector, perspicaz y sensible, como yo le supongo, ya se ha dado cuenta de una cosa: algunos de esos lugares fabulosos que le apunto ya les resultan familiares. Es como si ya hubiera tenido encuentros, fugaces, quizás, puede que apenas intuiciones o atisbos, con algunos, quizás con todos ellos.

Es verdad, y certeras son sus sospechas. Las ciudades invisibles existen, pero no en la Tierra Media de Tolkien o en el Reino Fabuloso del Preste Juan.

Existen, o laten, bajo la piel de cualquier ciudad nuestra, superpuestas como estratos ideales a los entornos que nos son más familiares. Para salir al encuentro de las ciudades invisibles, y efectuar la más fabulosa expedición del descubrimiento de otros mundos, basta con echar a andar y cambiar la mirada, o, más bien empezar a ver simultáneamente con los ojos del cuerpo y del alma.

Le invito al lector a que viaje a esa ciudad que le gusta y conoce, o a esa que no conoce aún y con la que soñó siempre, o a esa otra ciudad en la vivió, o que visitó con placer y felicidad un día, con los ojos internos de la memoria ensoñadora y despierta, si físicamente no le es posible.

Y conocerá, si hay libertad, amor y atención en su mirada, que cada ciudad son muchas ciudades, suspendidas del cielo y de las nubes, viviendo en los reflejos del agua, en los oros del crepúsculo, en los vientos y las nieblas, en las siluetas que dibujan la luna y las estrellas en la noche, en la gracia y el estilo de sus mujeres, en sus estruendos, sus rumores y sus silencios.

Descubrirá que los nombres, los emplazamientos fijos y la geografía son, ante todo, convenciones sociales, y que, por mucho que vuelva a esos lugares amados, nunca son los mismos, o mejor, siempre son los mismos y otros, y, cada vez, le esperan con una revelación diferente…

Se mueve > Águilas21/07/08

Espectacular viaje a la Gran Manzana de la mano de Aerobicmanía

La escuela de baile Aerobicmanía celebraba el pasado sábado su ya tradicional festival de verano. »

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  2. juanfra en Cientos de caravanas “campan a sus anchas” en el litoral aguileño: No lo veo mal, esa gente es mas curiosa que nosotros, aunque esten acampados en las playas o incluso en el...
  3. carlos en Cientos de caravanas “campan a sus anchas” en el litoral aguileño: Solo hay que ir a cualquier playa con caravanas y ver que estan mas limpias que cualquier calle del pueblo...
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